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Ejército
Del criminal gasto en defensa del Gobierno del PP y otros asuntos
27/08/2015 | Acacio Puig

En Pleno Parlamentario del pasado 7 de Julio, la Izquierda Plural denunciaba y rechazaba el nuevo proyecto de ley con el que el PP ampliaba en más de 850 millones de euros el gasto militar para completar el presupuesto de 2015, que el gobierno volvía a estimar insuficiente.

El diputado Álvaro Sanz, portavoz de Defensa del Grupo http://www.izquierda-unida.es repasó en su intervención el permanente recurso a esas ampliaciones mediante decretazo veraniego (o proyecto de ley) durante todo lo que llevamos sufrido de legislatura y concluía en la cifra de más de 4.000 millones de euros gastados en los últimos casi cuatro años, en misiles, tanques y otras máquinas de destrucción.

Añadía Álvaro Sanz “el esfuerzo de Izquierda Plural en que la gente sepa” (…) “que a ustedes (el gobierno del PP) les interesa muy poco la situación de la deuda (…) siempre que vaya a parar a esas buenas causas que ustedes consideran que lo son”.

Y sumaba reflexiones de interés que pueden encontrarse en el enlace correspondiente.

1.- ¿Militarización?: No gracias

Otras palabras suyas son más discutibles, como el que “nuestras Fuerzas Armadas tienen necesidades importantísimas para garantizar su plena operatividad (…) que no pueden ver satisfechas porque el presupuesto de defensa está devorado por estos pagos veraniegos de armamento”.

Nos tememos que no sea fácil el llegar a acuerdos de fondo con quienes se sienten identificados con la idea de “garantizar la plena operatividad de las Fuerzas Armadas” subrayada por Sanz en las Cortes.

La operatividad, nosotros entendemos que convendría más bien reducirla a mínimos para hacer vivible la vida, reorientando la inversión de recursos y combatiendo las amenazas bélicas mediante un riguroso trabajo internacionalista institucional y extra parlamentario, tendente a la limitación drástica de herramientas bélicas y el fomento de un nuevo movimiento pacifista-antimilitarista por el desarme y la reorientación presupuestaria hacia lo público de interés social. Porque si dividimos cuatro mil millones de euros entre seis millones de paradas y parados, el resultado es el fatídico 666,666… el apocalíptico número de la Bestia. Y aunque no se trata de eso, sí se trata de enfatizar el rol internacional de la bestia armamentista y su voracidad comprobada en Grecia cuando el único gasto público –gigantesco- al que no han exigido recortes las instituciones internacionales (la Troika y la OTAN)… es precisamente el gasto en Defensa. Todo un testimonio de la nefasta política capitalista.

Aunque sé que VS ha apoyado y sigue apoyando la experiencia del movimiento antimilitarista...", considero que la profesionalización del ejército tras la desaparición de la conscripción (que en su día valoramos como una victoria del antimilitarismo al eliminar la obligatoriedad de “la mili”) desde la perspectiva actual me parece, al menos, repensable.

Al privar de la fuerza juvenil de leva a la institución militar, la izquierda renunció a un espacio de acción política, al tiempo que se separaba de la sociedad un gremio endogámico, en deriva sin contrapesos hacia la ideología del ordeno y mando, la seguridad ante todo y el intervencionismo “humanitario ó no” cuando lo dicten las circunstancias. Desde nuestro punto de vista y dada la evolución de los acontecimientos, la desaparición de la leva contribuyó objetivamente a la guetización de lo militar y constituyendo un logro a medio plazo que dinamizó la politización de amplios sectores de vanguardia joven, también constituyó (probablemente) un error a largo plazo, frente a la estrategia de dominio y fascistización de las élites de poder.

Es necesario recordar el papel disgregador de los desertores estadounidenses y su rol en la gestación del movimiento social de oposición a la guerra en Vietnam: ni los profesionales a sueldo, (ni los mercenarios) harían algo así. Por eso, y aunque tardíamente, no estaría de más la reconsideración de las consecuencias históricas de la alternativa del ejército profesional frente a la milicia como “pueblo en armas”.

Habría que añadir otros asuntos determinantes por la enjundia de nuestro pasado reciente (como la no depuración de mandos del viejo régimen franquista, la negación de derechos sindicales a la tropa…) la ausencia de políticas de izquierda unitarias, posteriores a la integración en la OTAN y el reforzamiento de bases estadounidenses…en un contexto monopolar. Paisaje político en que se configuró la pérdida de iniciativa de los sectores alternativos de la izquierda ante la militarización de la Europa del capital.

Además, el desarrollo de armamento inteligente y su capacidad de “asesinato personalizado” (Israel tiene experiencia sobrada) inaugura una nueva estrategia de disuasión que combina amenazas de destrucción masiva y garantías de eliminación selectiva individual: ¡drones contra todo lo que se mueva!… ¡Militarización estratégica del orden público!

Todo apunta, pues a que recomponer el movimiento (y la sensibilidad en todas las organizaciones existentes) contra la guerra global permanente, es labor tan urgente como difícil. Deberá desarrollarse a contrapelo de burocracias sindicales del entorno tutelado por la Confederación Europea de Sindicatos y afines (que ni siquera se plantean la reconversión pacífica de la macro industria armamentista internacional, limitándose a idolatrar los empleos “vengan de donde vengan”) y también a contrapelo de colectivos y partidos que en programas y en hechos son discretamente ajenos -cuando no periféricos- a la organización del rechazo social frente al desaforado belicismo dictado por el complejo militar-industrial-ideológico.

2.- Que lo sepa la gente.

En cualquier caso hay algo más indigesto en las palabras del portavoz de la Izquierda Plural y es la histórica falta de concreción de su proclamado esfuerzo “para que la gente sepa”. Un latiguillo propagandista que se reduce a la difusión de discursos parlamentarios en webs y periódicos afines y filtrar migajas a los medios enemigos. Precisamente, porque hay un temor compartido y por ello muy extenso, a que “la gente sepa”. El error de enfoque de toda la política ejercida desde las instituciones, está enraizado en la concepción socialdemócrata de la democracia parlamentaria y renueva el culto a las viejas formas de hacer política (sustituismo, control del electorado por electos, reducción de la soberanía al voto y colonización de mentes…), error extensible también a quienes dejan que se les caliente la lengua con la mera proclamación de lo contrario. El resultado no es otro que la adaptación posibilista al sistema.

La radical escisión entre actividad institucional y lucha extraparlamentaria ya ha dado su raquítica talla expresando la incapacidad de cambiar las cosas (y eso es lo que nos importa, cambiar las cosas frente a “inventar” nuevas formas de hablar de lo que ocurre… o en más clásico “No confundir las cosas de la lógica con la lógica de las cosas”).

Entendemos que lo que exige desarrollo teórico y experiencias nuevas, es una actividad institucional alternativa que levante acta de los límites del “uso socialdemócrata” de los cargos institucionales, un uso históricamente limitado al discurso crítico, el voto, la derrota y la exhibición de zanahoria ante el buen pueblo, prometiendo que poco a poco y ganando el gobierno, todo cambiará. Eso es falso.

Lo acabamos de constatar de nuevo en Grecia (y lo vivimos en el trágico final del Chile de la Unidad Popular).

Lo vemos también en la sumisa aceptación de quienes en el parlamento europeo representan a la izquierda social. Aceptación del secreto impuesto por electos de grupos que se reclaman de la izquierda y el ecologismo respecto a los documentos que prefiguran el TTIP-Tratado de libre comercio e inversiones entre EEUU y la UE- cuando lo correcto sería la desobediencia abierta y la asunción del riesgo de sanciones, desprendiéndose de “la mordaza” y difundiendo en la sociedad para que tome las riendas de la oposición combativa. En definitiva, el mejor “programa” es condición necesaria (pero nunca suficiente). ¿Como se usa? Esa es la cuestión.

Esa zanahoria está mohosa. No hay vías institucionales ininterrumpidas que lleven a la transformación social del sistema (es decir a otro modelo socio-económico libre, igualitario, autogestionado, internacionalista… no capitalista).

Recordando el genial apunte de Rosa Luxemburgo, creemos que si el futuro socialista en lo político requerirá de la sabia combinación de formas de democracia representativa y democracia directa, de controles en doble dirección y de autoorganización creciente de la ciudadanía, liberando su voluntad y capacidad de autogestión generalizada, los pasos preparatorios deben darse ya, en el presente.

Y para ello se debe salir del atolladero tanto teórico como político, en que se encuentra la “respetuosa” escisión entre lo institucional y lo social, revisando a fondo sus antecedentes en las prácticas socialdemócratas como incluso en el mejor momento del desafío propagandista que propuso la extinta Internacional Comunista (que radicalizó el discurso, estableció el control partidario de los electos, pero se estancó en relaciones tipo “correa de transmisión” respecto a las organizaciones de masas y no resultó útil en el desarrollo de la autonomía de las mismas… cuando sus herederos se socialdemocratizaron, dejaron la transformación social para “los días de fiesta” ).

Solo si la acción dentro de las instituciones se concibe como secuencia concatenada (que pueden ser excepcionalmente intensa y movilizadora) que también fomente la autoorganización popular y la movilización social autónoma (capaz de reorientar-reeducar a su vez, la actividad de los cargos electos) se desarrollarán los puntales de construcción de una nueva hegemonía que amplíe, integre y estimule organización y conciencia de los sujetos de la emancipación social.

Y subrayamos “puntales” porque conscientes del abuso del término hegemonía (con frecuencia convertido en un mágico talismán)es preciso recordar que en la sociedad de clases, las trabajadoras y trabajadores desposeídos parten en condiciones completamente diferentes de las que acumuló la burguesía frente al feudalismo. La burguesía conquistó la hegemonía económica e ideológica antes de conquistar el poder político y construir un Estado a la medida de sus necesidades. Las clases trabajadoras, siempre tendrán límites a la hora de conquistar la hegemonía, límites que solo desbordarán con la conquista de los medios de producción, de cambio y la demolición del estado burgués…mientras tanto, nos quedan las alianzas, iniciativas y “la coordinación activa de los sujetos de la transformación social”.

Será pues un proceso en que se contemplen y preparen pacientemente enfrentamientos frontales con el capital y su estado, se incida en sus “fortificaciones y casamatas” para abrir vías eficaces de “cambios” que generen, de verdad, “el Gran Cambio”.

Sin falsas ilusiones, sin zanahorias, sin ambiguos atajos…

27/8/2015



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