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Turquía
Frente a la política guerrera del AKP, ¡defendamos la paz y los derechos de los pueblos!
02/08/2015 | Uraz Aydin

Como consecuencia del atentado suicida de Daesh en el que 32 jóvenes estudiantes que acudían a Kobane para participar en la reconstrucción de la ciudad han encontrado la muerte, y a las represalias del PKK causando la muerte de 2 policías, el Estado turco ha lanzado una amplia operación represiva.

Esta operación se ha saldado con la detención de centenares de militantes kurdos, de extrema izquierda y algunas decenas de Daesh, así como con numerosos bombardeos aéreos de los campos del PKK en el norte de Irak.

Una política exterior belicosa

Si el atentado de Suruç fue organizado por la organización yihadista Daesh, está claro que es la belicosa política exterior del régimen de Erdogan la que ha proporcionado las condiciones en las que la barbarie yihadista ha podido desplegarse en el territorio turco.

La diplomacia turca, dirigida desde 2009 por el Ministro de Asuntos Exteriores y actual Primer Ministro Ahmet Davutoglu, tenía por objetivo una "normalización" de las relaciones de Turquía con los países vecinos, paradójicamente acompañada de la motivación "neo-otomana" de establecer una hegemonía político-cultural y económica sobre los países del Medio Oriente.

Pero con la revuelta popular en Siria, Ankara apostó por el derrocamiento rápido de Bachar el-Assad. Esta ilusión le llevó a implicarse con todo su peso al lado de las monarquías del Golfo y de los Estados Unidos apoyando a la oposición siria (al ELS, y luego a los grupos yihadistas). Sin embargo, se ha visto que el-Assad aguantaba y que el régimen no estaba a punto de caer. Es lo que el imperialismo occidental ha acabado por comprender, pero no el AKP, el partido en el poder en Turquía. Una política exterior que no concordaba ya con ninguna de las de sus principales aliados ha acabado por aislar al Estado turco a nivel internacional.

El AKP y Daesh: "El enemigo de mi enemigo..."

Es cierto que una de las principales razones de la implicación del régimen de Erdogan en el combate por el derrocamiento de el-Assad fue la presencia de una fuerte población kurda en la frontera turco-siria. La formación de una administración regional kurda en el norte de Irak como consecuencia de la intervención imperialista de 2003 constituyó sin duda uno de los traumatismos políticos más duros del Estado turco. Por lo tanto, es evidente que es el temor a que se vuelva a repetir este escenario tras un cambio de régimen en Siria lo que ha llevado al gobierno turco a intentar intervenir en la crisis siria desde el comienzo del levantamiento y establecer un control sobre la oposición (frente a los otros "amigos de Siria"), primero con los Hermanos Musulmanes, luego mediante el apoyo a otras corrientes islamistas.

En medio del proceso de negociación (acompañado de un alto el fuego) con el líder del movimiento kurdo, Öcalan, el gobierno turco ha llegado hasta a apoyar implícitamente o al menos desear con toda su alma, la toma de Kobane (donde el PYD -organización hermana del PKK- había proclamado la autonomía) por Daesh, permitiendo a los militantes yihadistas atravesar libremente la frontera en los dos sentidos. Para el régimen de Erdogan era preferible una región dominada por Daesh en su frontera, hasta el punto de que a pesar de la presión de los Estados Unidos, solo participó tímidamente y sin ganas en la coalición anti-Daesh.

Erdogan juega su última carta

Como consecuencia de esta política (y también debido a que el proceso de negociación no dio ningún resultado concreto), el AKP perdió su apoyo en el Kurdistán de Turquía y el HDP (ligado al movimiento kurdo) obtuvo el 13 % de los votos en las últimas elecciones, un resultado inesperado. Como consecuencia, el AKP no era ya capaz de formar él solo un gobierno, como había ocurrido desde 2002.

Aprovechándose del atentado de Suruç, el AKP intenta hoy, con su cambio de posición hacia Daesh, volver a ser un actor creíble en Medio Oriente ante los ojos del imperialismo occidental; en particular frente al ascenso de Irán con el acuerdo sobre lo nuclear. A cambio, obtiene la aprobación de la administración Obama para sus ataques contra los campos del PKK.

A nivel nacional, Erdogan espera que este clima de conflicto y de movilización antiterrorista le permita volver a emerger como líder nacional, desacreditar al HDP y recuperar los votos que se han pasado a la extrema derecha. Todo esto reforzaría al AKP en el caso de muy probables elecciones anticipadas, permitiendo así la formación de un nuevo gobierno AKP y la transición a un régimen presidencial-autocrático en el que él sería el sultán.

La guerra es efectivamente la continuación de la política por otros medios. ¡Es hora de que las fuerzas de izquierda y el pueblo kurdo se movilicen para defender la paz!

28/07/2015

http://npa2009.org/actualite/turquie-face-la-politique-guerriere-de-lakp-defendons-la-paix-et-le-droit-des-peuples

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR



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