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Irán
EE UU y los molás condenados a una entente
23/07/2015 | Babak Kia

Histórico y previsible, el acuerdo concluido en Viena el 14 de julio por la República Islámica de Iran y el grupo de los 5 + 1 (cinco estados miembros del Consejo de Seguridad de la ONU más Alemania) marca el nuevo estatus de la molarquía en Medio Oriente.

Este acuerdo querido por el Guía de la Revolución Ali Khamenei, primer personaje de la República Islámica y por la Casa Blanca se inscribe en la continuación lógica del texto firmado el pasado abril en Lausana. Es la conclusión de dos años de negociaciones y pone fin a más de 12 años de crisis sobre el tema nuclear iraní.

Acuerdo histórico, intereses comunes

Este compromiso histórico, el primero desde hace 36 años, es producto de las conmociones que sacuden el Medio Oriente, consecuencias de las intervenciones imperialistas que han desestabilizado la región, de la ofensiva neoliberal de los últimos decenios, de la corrupción de las élites dirigentes, del carácter dictatorial de los Estados de la región y de los levantamientos populares en el Magreb y en el Medio Oriente.

Teherán y Washington han descubierto intereses comunes en Afganistán y luego en Irak. Pero ha sido la descomposición de los Estados iraquí y yemenita, la pérdida de control del régimen de Assad sobre una gran parte del territorio sirio y la emergencia del Estado islámico o Daesh lo que ha acelerado este acercamiento. Tanto más en la medida en que el imperialismo estadounidense y la República Islámica tienen ya un enemigo común: ese Estado Islámico. En este contexto, el régimen de Teherán resulta una potencia regional ineludible. Mediante este acuerdo, la administración estadounidense intenta integrar más aún a la República Islámica en su dispositivo, aunque esto no deje de plantear contradicciones, como indica la hostilidad del Estado colonialista de Israel y la de las monarquías reaccionarias del Golfo.

El acuerdo de Viena permite a las potencias imperialistas atar y controlar el programa nuclear de Teherán. Los inspectores de la AIEA tendrán acceso a los centros nucleares y a ciertos de centros militares. Teherán deberá reducir el número de centrifugadoras (de más de 19 000 a 5 000) y disminuir de forma significativa su stock de uranio enriquecido. El enriquecimiento de uranio estará limitado al 3,67% durante quince años y solo en el centro de Natanz.

¿La molarquía victoriosa?

A cambio, Teherán obtiene el levantamiento progresivo de las sanciones adoptadas por la Unión Europea y los Estados Unidos cuyos objetivos son sectores financieros, de la energía y del transporte. La molarquía podrá disponer de haberes del Estado iraní estimados en 150 mil millones de dólares bloqueados en los Estados Unidos desde 1979. En fin, la República Islámica, que podrá vender sus hidrocarburos sin limitación, pretende aprovechar su vuelta a la normalidad para abrir el mercado interno a las multinacionales que ya hacen cola.

Por el contrario, las sanciones relativas a los misiles balísticos y a las importaciones de armas ofensivas se mantienen. La transferencia de materiales sensibles que puedan contribuir al programa balístico iraní estará prohibida durante ocho años. La venta o la transferencia de ciertas armas pesadas de y hacia Irán permanecerán prohibidas durante cinco años.

En el plano interno, el régimen presenta estos acuerdos como una victoria. La molarquía ha justificado siempre las dificultades económicas y sociales del país por el peso de las sanciones y la hostilidad de las grandes potencias.

El levantamiento de las injustas sanciones que han golpeado a los pueblos de Irán es algo bueno. En efecto, las sanciones constituyen un peso enorme para la economía del país y alimentan el paro, la hiperinflación y las penurias. Han llevado a la explosión del mercado negro en gran medida controlado por los Guardianes de la Revolución cuya dirección se ha enriquecido considerablemente.

Por la libertad, la igualdad y la justicia

El levantamiento de las sanciones y el acceso a los haberes bloqueados darán al régimen de los molás márgenes para llevar a cabo su política clientelista. El régimen podrá aumentar su apoyo a la dictadura de Assad y al Hezbolá libanés que combaten salvajemente contra el pueblo sirio. La molarquía podrá también aumentar la ayuda material y humana al gobierno iraquí y a las milicias chiítas que, con la excusa de luchar contra Daesh, llevan a cabo una guerra contra las poblaciones sunitas. En fin, en espejo con la política saudita, Teherán va a proseguir su acción desestabilizadora en Yemen y en Bahrein.

La política regional de la molarquía se inscribe en una guerra indirecta contra la monarquía ultra reaccionaria de los Saud. Teherán y Ryad son los principales apoyos de las corrientes reaccionarias del islam político y favorecen las lógicas de enfrentamientos sectarios e interreligiosos que ponen a la región a sangre y fuego.

En el plano interno, el acuerdo puede abrir nuevos espacios a quienes quieren acabar con la molarquía. En efecto, el régimen tendrá mayor dificultad para justificar sus fracasos y su corrupción por la política de las grandes potencias. Las reivindicaciones sociales y democráticas intentarán expresarse aún más, teniendo en cuenta que durante varios decenios, el régimen ha gastado en pura pérdida miles de millones de dólares en su programa nuclear.

Las aspiraciones a la libertad, la igualdad y la justicia social son fuertes y los pueblos de Irán aprovecharán todas las posibilidades para poner fin al orden teocrático y dictatorial impuesto por la República Islámica.

22/07/2015

http://www.npa2009.org/actualite/iran-usa-et-mollahs-condamnes-une-entente

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR



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