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La triste desventura de Abra Mengistu
En Israel hay rehenes y rehenes
21/07/2015 | Michel Warschawski

¿Quién no ha oído hablar del cabo Gilad Shalit? ¿Quién, en Europa, no se acuerda del tímido chico con gafas, incómodo con su uniforme y su papel de soldado, que fue capturado en 2006 por una unidad de Hamas y estuvo detenido durante más de cinco años como prisionero de guerra en Gaza? Su captura y el fracaso de los intentos israelíes de recuperarle mediante operaciones de comando hicieron de Shalit el símbolo de la resistencia armada de Hamas.

¿Cómo olvidar a Shalit, cuando su foto adornaba muchos edificios públicos a todo el mundo, entre otros, en el Ayuntamiento de la ciudad de París? ¿Cómo olvidar a quien estuvo durante cuatro años en el corazón de la diplomacia internacional y fue objeto de cientos de iniciativas más o menos secretas en las que participaban ministros, jefes de servicios de información o simples políticos en busca de publicidad. Incluso el G-8, en octubre de 2011, se movilizaba por el joven soldado. En el primer decenio del siglo XXI, Shalit se vendió bien, incluso muy bien. Finalmente el gobierno israelita tuvo que aceptar pagar el alto precio que exigía Hamas: la liberación de 1027 reclusos políticos palestinos. ¡Una buena bofetada a la arrogancia de Tel Aviv!

¿Alguien ha oído hablar de Abra Mengistu? Por supuesto que no. Sin embargo, este ciudadano israelita está desde hace 10 meses en Gaza, en manos del mismo Hamas que había detenido a Gilad Shalit. Las autoridades israelíes están informadas de su detención prácticamente desde el primer día, pero han sabido imponer el silencio a su familia, sin duda insostenible. Silencio impuesto también a los medios de comunicación, varias veces ignorados por el tribunal supremo a quien se habían dirigido varios periodistas. "Para facilitar los trámites que llevarían a su liberación" había dicho a la familia el coordinador ante el primer ministro para la cuestión de los reclusos, un tal coronel Lior Lotan, añadiendo además algunas amenazas: "si critican al gobierno, Abra sufrirá las consecuencias" o también: " o culpan a Hamas o acusan al Gobierno, elijan”.

De hecho, lo que quiere el jefe de Lotan, es evitar presiones ocasionales de la opinión pública para que el gobierno entable negociaciones, es decir, a medio plazo, un nuevo intercambio de prisioneros. "Nosotros no liberaremos reclusos [palestinos] a cambio de Mengistu“ ha anunciado "un miembro importante del gobierno " [el primer ministro cuando habla off].

Un lenguaje y un comportamiento muy distinto al que utilizaban las autoridades en el caso de Gilad Shalit. Pero he olvidado mencionar un pequeño detalle: Mengistu es ciertamente israelita, pero de origen etíope. No un Askenazi [judío de cultura europea] de ascendencia francesa que vive en el elegante pueblo de Mitspe Hila en Galilea, sino un judío negro de un barrio popular de Ashkelon. Es la toda la diferencia.

21/07/2015

https://www.facebook.com/Estbel?fref=nf&pnref=story

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR



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