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Crisis yugoslava
Srebrenica: 20 años después. De las conmemoraciones a las interpretaciones
15/07/2015 | Catherine Samary

Todas las gesticulaciones diplomáticas que rodean la conmemoración de la masacre de Srebrenica (estén a favor o en contra de la resolución propuesta
por Londres calificando la masacre de genocidio), omiten preguntarse sobre lo esencial: ¿cuáles fueron las causas y quiénes los responsables de estos
crímenes, en el espacio y sobre el terreno en que los conflictos se desarrollaron y en el plano internacional en el que fueron “arreglados”? El
homenaje a las víctimas de Srebrenica, el pleno respeto de su memoria impone no atenuar la condena de lo que remite ciertamente a crímenes de guerra y
contra la humanidad, sino darle también un sentido político.

Los días 11-13 de julio de 1995, 8 000 jóvenes y hombres musulmanes bosnios fueron separados de las mujeres y de los niños, luego asesinados y echados a
fosas comunes. Esta realidad no está puesta en cuestión ni en Moscú ni en Belgrado, cuyos dirigentes estarán presentes en las conmemoraciones. Estos
crímenes fueron condenados por el parlamento serbio y, según un reciente sondeo, por el 54% de las personas encuestadas en Serbia -aunque el 70% se niegue,
igual que sus dirigentes, a aceptar el calificativo de genocidio. Un tal rechazo es sin duda aún más radical en el seno de la República Srpska -la entidad
serbia de Bosnia donde se produjo la propia masacre: ahí es aún probable que el dirigente político Radovan Karadzic así como el comandante de las fuerzas
armadas bosnio-serbias, el general Ratko Mladic, que esperan en La Haya el veredicto de su proceso por genocidio, sigan aún considerados como “héroes”
-combatientes contra hombres y jóvenes musulmanes asimilados a sanguinarios criminales.

Estaremos pues este 11 de julio de 2015, muy lejos de una “verdad” común y de una clara denuncia de las responsabilidades. Pero, ¿qué responsabilidades?
contrariamente a lo que dicen los comentarios dominantes, no es el término de genocidio el test de un real esclarecimiento “de los hechos”, sin omisión y a
una escala que permita su plena interpretación. El árbol de la “palabra” (genocidio) corre el riesgo en este caso de ocultar un sombrío bosque con dos
componentes -el del desmembramiento de la antigua Yugoslavia sobre bases “étnicas” para apropiarse de sus territorios y propiedades, y el de la realpolitik
internacional en el trasfondo de la firma de los acuerdos de Dayton, algunas semanas después de la masacre de Srebrenica. Se trata de establecer los lazos
evidentes entre esta masacre y el conjunto de las “condiciones” que permitieron a la diplomacia estadounidense hacer firmar, algunas semanas más tarde los
acuerdos de Dayton proclamando una Bosnia-Herzegovina “una” -y profundamente herida y dividida-, “soberana” -y de facto bajo protectorado internacional- /1.

¿Qué “verdad”?

El Reino Unido presentando en la ONU una resolución ardientemente apoyada por los Estados Unidos (artífices de los acuerdos de Dayton) pretende, retomando
el término utilizado por el Tribunal Penal Internacional sobre la ex-Yugoslavia (TPIY) para calificar la masacre de Srebrenica, aparecer como garante de la
verdad. Pero está lejos de haberse demostrado que el TPIY -tributario de la financiación y presiones políticas de las grandes potencias que le pusieron en
pie ad hoc- haya podido él mismo ejercer algún tipo de poder de “verdad” sobre las responsabilidades internacionales de un drama así; tampoco ha
permitido analizar como se integra en las guerras de “limpieza étnica” que asolaron Bosnia-Herzegovina durante tres años, produciendo alrededor de 100 000
muertos (de ellos el 70% musulmanes, cuando no son más que el 43% del conjunto de la población) y varios centenares de miles de refugiados y desplazados /2.

La diplomacia estadounidense, por su parte, ha explotado los callejones sin salida de los “planes de paz” inicialmente concebidos por los gobiernos
europeos y la ONU -planes hechos sucesivamente fracasar por el avance práctico, sobre el terreno, de las limpiezas étnicas: dos Estados en el Estado bosnio
tendían así a forjarse por acciones que aterrorizaban a las poblaciones “indeseables”, de una parte la “República Srpska” (de dominante serbia) y
paralelamente (lo que se omite generalmente ) la Herzeg-Bosna (alrededor de Mostar, de dominante croata). Las milicias ultranacionalistas de esas dos
opiniones se encontraban en 1991 y rodeaban Sarajevo, haciendo progresar sus proyectos paralelos sobre las espaldas de las poblaciones más partidarias de
una Bosnia-Herzegovina multicomunitaria, en particular los musulmanes (llamados bosnios desde los años 1990).

Una de las constantes de los fracasos de las políticas de la ONU y europeas fue que elaboraban pseudo “planes de paz” en contexto de guerras: las
negociaciones no hacían más que ratificar la progresión de los territorios controlados por las milicias nacionalistas serbias y croatas; pero ninguna de
las potencias europeas implicadas en esos planes, ni los Estados Unidos que permanecieron al margen hasta 1994-95, estaban dispuestas a interponerse contra
las limpiezas étnicas, y a perder en ello una sola vida. A los cascos azules se les suponía garantes de una “paz” que no existía en los planes. Pero en las
zonas de seguridad debían teóricamente proteger a las poblaciones. Si no lo hicieron en Srebrenica es por que no tenían (ya) el mandato para ello /3.

Cuando Richard Holbrooke se apoderó del “expediente”, un espectacular (en el sentido literal) giro de la OTAN acababa de producirse, explotando los
callejones sin salida de la ONU y de la UE, al apropiarse los Estados Unidos del conflicto bosnio para mantener en pie la OTAN y luego desplegarla -tras
1991, a pesar del final de la guerra fría. En la práctica, algunos “ataques selectivos” de la OTAN, bajo mandato de la ONU, contra las fuerzas
bosnio-serbias, acompañaron la entrega de armas de los Estados Unidos al ejército croata: esto permitió a Washington, sin implicar tropas americanas en el
suelo, equilibrar la correlación de fuerzas sobre el terreno. Pero este dispositivo de conjunto permitió también camuflar un giro pragmático: Slobodan
Milosevic hasta entonces denunciado en los Estados Unidos como “serbo-comunista” y carnicero de los Balcanes, va a ser asociado a la negociación de Dayton,
como lo había sido por otra parte desde 1993 a los planes de paz europeos y de la ONU en Croacia y luego en Bosnia. Holbrooke buscaba una “estabilización”
de toda la región mediante un equilibrio de las correlaciones de fuerzas y un compromiso sin derrota clara - contando poco en esos cálculos los
“principios” y las víctimas humanas. La detención de los combates sobre el terreno era tributaria de la percepción de lo que aportaba el acuerdo negociado
con los “dirigentes fuertes” de los Estados vecinos de la región y el peso de una negociación de carácter internacional.

Detrás de los acuerdos de Dayton, había por tanto una primera precondición: el “mapa” del Estado de Bosnia-Herzegovina según la constitución elaborada por
los Estados Unidos debía ser percibido como ventajoso por cada uno de los firmantes, por tanto “aceptable” sin prosecución de la guerra, desde el punto de
vista de los protagonistas. Tras tres años de limpiezas étnicas bajo dirección de las fuerzas nacionalistas bosnio-serbias, la “entidad” serbia (llamada
“República Srpska”) iba a ser ratificada en Dayton sobre el 49% de Bosnia-Herzegovina -pero para que las armas “se callaran”, había que dejar a las fuerzas
bosnio-serbias suprimir el enclave “ingobernable” de Srebrenica (incluso si una masacre así era, sin duda, imprevisible, conduciendo a inculpar a los
dirigentes bosnio-serbios desde los acuerdos de Dayton). El restante 51% aproximadamente iba a ser atribuido a la “federación croato-musulmana” (llamada en
adelante croato-bosnia”), segunda “entidad” creada por los acuerdos de Dayton. Iba, bajo presión estadounidense, a contener el separatismo de la
Herzeg-Bosnia (donde las milicias nacionalistas croatas habían destruido en particular los barrios musulmanes de Mostar) mediante una alianza frágil y
forzada “antiserbios” en el seno de esta “federación”.

Dicho de otra forma, en Dayton, las milicias y dirigentes nacionalistas bosnio-serbios y bosnio-croatas, más “separatistas” , fueron descartados a fin de
mantener la ficción de un Estado unificado; pero había que hacer aceptar a las poblaciones como “representando” respectivamente sus intereses, a Slobodan
Milosevic (dirigente de Serbia) y Franjo Tudjman (jefe del estado croata), frente a Aljia Izetbegovic en el poder en Sarajevo. Los tres firmaron los
acuerdos de Dayton por razones evidentemente opuestas: Izetbegovic las aceptó porque mantenían una Bosnia-Herzegovina supuestamente soberana e indivisible
de la que iba a poder ser oficialmente presidente; mientras que los dirigentes de Belgrado y Zagreb se ponían de acuerdo, como lo habían hecho desde el
comienzo de los años 1990: se trataba entonces de un reparto étnico de esta misma Bosnia, defendido de forma más radical sobre el terreno por las fuerzas
nacionalistas bosnias serbias y croatas.

A partir de ahí los acuerdos incluían una constitución de Bosnia-Herzegovina, que permitía a Belgrado y Zagreb fuertes lazos con las “entidades” definidas
sobre bases étnicas. Las fuerzas bosnio-serbias y bosnio-croatas aceptaron por tanto estar representadas por los dirigentes de los Estados vecinos, pues
habían ido lo más lejos posible por la fuerza de las armas, y sus “avances” eran en gran parte reconocidos por la nueva constitución de Dayton. La
esperanza de las corrientes separatistas era también que el tiempo dejaría la puerta abierta a un estallido ulterior de Bosnia. En cuanto a Milosevic y
Tudjman, su “moderación “ -en comparación con los ultranacionalistas sobre el terreno- les valía un reconocimiento internacional (con la atenuación de las
sanciones contra Belgrado) y sobre todo, se convertían en dueños “en su casa” de gestionar la suerte de su “minoría” respectiva: el silencio sobre los
conflictos de Kosovo en Dayton fue parejo con otro silencio, sobre la limpieza étnica de varios centenares de miles de serbios de la Krajina croata, al amparo
de Srebrenica y el silencio de los diplomáticos y de los medios internacionales.

Dicho de otra forma, no se puede comprender Srebrenica ni aislándolo del sentido general de las guerras de limpieza étnica que asolaron Bosnia, ni
ignorando el impacto de la “real-politik” de Dayton sobre los “mapas” dibujados por limpiezas étnicas. Al mismo tiempo, hay que medir la violencia
particular que sufrieron allí las poblaciones musulmanas: la agresión infligida por las dos partes a la vez y la fragilidad particular de la “nación
musulmana” bosnia tienen que ver con esto, incluso en el sentimiento de connivencia internacional que pudo galvanizar a los agresores.

Esto no ha impedido, sin embargo (sin duda, ha sido al contrario) a esta población ser la más masivamente defensora de un Estado que afirmaba a la vez una
ciudadanía universal (independiente de las culturas, las lenguas y las religiones) sea yugoslava o bosnia, y la diversidad de las historias que forjan
identidades “nacionales” evolutivas y a menudo cruzadas. Hay también que rendirle homenaje por esto.

10/07/2015

http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article35399

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR

Notas

1/
No es cierto, al contrario de lo que dice el Guardian (
How Britain and the US decided to abandon Srebrenica,
http://www.theguardian.com/world/2015/jul/04/how-britain-and-us-abandoned-srebrenica-massacre-1995
), que habría habido que esperar 20 años para conocer y analizar las condiciones previas a Dayton: se puede leer en los artículos sobre este tema escritos
para Le Monde Diplomatique, pero también, el escrito con ocasión de la muerte de Slobodan Milosevic, en el texto “De la disparition dans le sang de la Yougoslavie” (2006) que trata en particular sobre la alianza Milosevic-Tudjman sobre el reparto étnico de
Bosnia Herzegovina y las “evoluciones de la política internacional” en particular en los acuerdos de Dayton. (Leer el artículo completo en http://www.vientosur.info/articulosabiertos/vientosur88-CatherineSamary-ExYugoslavia.pdf). Curiosamente, The Guardian no incluye a Franjo Tudjman entre los principales actores de Dayton y omite al hacerlo evocar la limpieza étnica de varios centenares
de miles de serbios de Krajina, como una de las precondiciones de Dayton (En VIENTO SUR se pueden encontrar abundantes artículos de la autora
sobre el tema ndt).

2/
Para un análisis de estas guerras, contra diversas interpretaciones etnicistas o religiosas, leer el texto de la conferencia de diciembre de 2014, ESSF
(article 33860) : “Interprétations profanes : Le religieux dans la crise yougoslave des années 90”. http://www.vientosur.info/spip.php?article9761

3/
Ver el artículo de The Guardian indicado más arriba (nota 1).



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