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Estado español. Elecciones generales
De aparatos, métodos y confluencias
15/07/2015 | David G. Marcos

La cúpula de Podemos presenta su lista plancha/aparato a unas primarias diseñadas a medida. Con ella, todo parece indicar que el debate sobre la unidad popular se cierra en falso y a marchas forzadas. Sin embargo, inmediatamente observamos que este debate resurge con más potencia que nunca. Crece la sucesión de voces, internas y externas, que piden a los dirigentes de Podemos replantear su hoja de ruta de cara a las próximas elecciones generales. La sensación de que el núcleo duro del partido se encuentra más debilitado que nunca se extiende aceleradamente. A las posiciones críticas habituales se suman, de manera coyuntural, un importante volumen de cargos públicos e internos, así como el recelo creciente de gran parte de los intelectuales políticos y culturales que cedieron su respaldo en Vistalegre; o un detrimento de apoyos en la parte más activa de su electorado (aquella que podría precipitar el desborde necesario durante la campaña).

Al mismo tiempo, se pone sobre la mesa una propuesta para la confluencia que cuenta con el apoyo de Izquierda Unida y propone un método similar al llevado a cabo por Podemos en las elecciones europeas: Ahora en Común. Sin entrar en valoraciones sobre el grado de control/ cooptación del partido de Alberto Garzón sobre la iniciativa, lo que está claro es que Izquierda Unida ya no tiene nada que perder. En efecto, su apuesta electoral parece decidida al apoyo de Ahora en Común. Es, para ellos, un win-win. Si finalmente hay confluencia, volverían al tablero político con peso relativo, en función de su audacia política, pero -¡ojo!- también de los aciertos/ torpezas por parte de los demás agentes. Por otro lado, si no se consigue precipitar una lista conjunta, obtendrían mejores resultados con una marca blanca de estas características que presentándose como IU, casi con total seguridad. Sin embargo, dejando a un lado tanto fascinaciones izquierdistas como enroques identitarios, lo cierto es que todavía no tenemos datos suficientes para realizar una valoración del impacto que pudiera tener esta iniciativa sobre el movimiento real. Lo que sí se ha puesto de relieve es que existe un espacio amplio, dentro y fuera de Podemos, que percibe la insuficiencia de la propuesta presentada por la dirección de cara a las elecciones generales. Se ha implantado la idea de que “el cambio” es imposible sin Podemos, pero cada vez con más certeza se comprueba que ese “cambio” es imposible sólo con Podemos (al menos, en su configuración actual). A pesar de todo esto, el discurso de Pablo Iglesias en la clausura del Foro del Cambio quedaba lejos de saludar el debate, cerrando filas a base de arrogancia.

Nadie pone en duda que la experiencia y el acierto de Podemos hayan sido fundamentales en la apertura de este ciclo político con opciones de cambio histórico (un acierto que, dicho sea de paso, no es patrimonio exclusivo de la dirección). Podemos es, por tanto, un actor indiscutible en cualquier estrategia que tenga como objetivo arrinconar al régimen del 78 en las próximas elecciones generales. No obstante, sólo una herramienta democrática que aglutine pluralmente a una mayoría social de cambio será capaz de ganar estos comicios. Podemos, bajo su estrategia vigente, parece incapaz de convertirse en esa herramienta.

Hace no mucho tiempo solíamos decir: “Solo no puedes, con amigos sí”. Pues bien: ni solo, ni solamente con amigos. Necesitamos a mucha más gente: ni un Podemos encerrado en su propio aparato, ni un espacio en el que sólo consigamos hablar a quien ya está convencido. Necesitamos un método que removilice más allá de las burocracias y órbitas politizadas, haciendo que mucha más gente sienta como propia esta crucial campaña electoral. Esto es, básicamente, lo que consiguieron las llamadas candidaturas de unidad popular en los municipios. Ahora bien, salgamos de una falsa dicotomía que parece haberse implantado: ni estas herramientas tuvieron lugar gracias a que Podemos apostara por ellas (recordemos que esta decisión fue fruto del conservadurismo motivado por el hecho de no ensuciar su marca), ni tuvieron a Izquierda Unida como condición necesaria. El ejemplo de Cádiz vuelve a ser paradigmático: una identidad casi 100% asimilable a Podemos pero una campaña muy diferente a la propuesta por su dirección (con fuerte contenido social y polarización, macarra y fresca como el Podemos que nos enganchó en las europeas porque sentíamos profano); un método agregador que desemboca en una lista plural, acompañando con fuerza a un candidato conocido en el ámbito sindical y cultural (que no es poco) pero alejado de la imagen icónica de líder o lideresa: Iglesias, Colau, Carmena, etc. En definitiva, una opción que supo aprovechar lo construido durante los últimos meses y dejar atrás aquello que no entendió -o no quiso entender- el nuevo ciclo político en el que nos encontramos.

Creo que necesitamos menos soberbia y más humildad para hallar la fórmula que nos permita ganar las próximas elecciones generales. Y prácticamente, después de todo, sólo tenemos una única certeza. Una que vale tanto para IU como para Podemos: el cambio sólo será posible si pasa por encima de cualquier aparato.

David G. Marcos es miembro de Podemos y de Anticapitalistas



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