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Grecia. Reflexiones tras el referéndum
Su alcance histórico, significado y desafíos del No
13/07/2015 | Cinzia Arruzza

Algunos han comparado la victoria del “Oxi” en el referéndum griego del 5 de julio a la victoria de Pirro, en el sentido de que incluso si el campo antiausteridad ha ganado la batalla, está condenado a perder la guerra, estrangulado por insuperables dificultades financieras debidas a las carencias de tesorería. Otros han sugerido un parecido con la batalla de las Termópilas en 480 antes de JC, cuando trescientos valientes espartanos combatieron al ejército persa y perdieron. En mi opinión, la mejor comparación sería con la batalla de Maratón.

El año 490 antes de JC, aunque no hubiera logrado convencer a las demás ciudades y sobre todo a Esparta de la importancia de una unidad contra la amenaza que representaba la invasión persa, Atenas decidió enfrentarse a los persas, apoyada únicamente por un aliado menor, Platea. Fueron 10 000 atenienses y plateos quienes se enfrentaron, pues, a un ejército bastante más numeroso, con al menos 25 000 persas. Estos 10 000 hoplitas (ciudadanos-soldados) eran todo lo que Atenas tenía: perder esta batalla significaba por tanto perder Atenas. A pesar de su inferioridad numérica, Milcíades dio la orden de atacar. Combatieron y vencieron: la invasión persa había terminado y Atenas fue celebrada durante muchos años como la ciudad que había liberado a Grecia de la tiranía persa, el heraldo de la libertad. Más tarde, Herodoto dirá que fue su régimen democrático lo que hizo la grandeza de Atenas.

Aunque no se pueda saber qué ocurrirá tras esta confrontación entre Grecia y las instituciones europeas, el 61,3% de “No” no es la victoria en una pequeña batalla, sino la de una guerra de importancia. El voto del “No” ha mostrado que el emperador está desnudo. Ha mostrado claramente cómo es el corazón de la Unión Europea: feo y sombrío. Todos los ajustes estéticos que puedan poner en pie no bastarán para dar una legitimidad a este tipo de Unión Europea. Abstracción hecha del resultado que produzca este enfrentamiento en los próximos días, el pueblo griego ha dado a los pueblos europeos y a sus gobernantes una lección de democracia, de dignidad y de valentía que será muy difícil olvidar.

En el New York Times, Robert Zaretsky comparaba las negociaciones entre las instituciones europeas, el FMI y el Gobierno griego al Diálogo de los Melios de Tucídides. Esta comparación es pertinente sobre todo en relación a la increíble arrogancia que muestran los acreedores. Tras cinco meses de negociaciones al final de las cuales los griegos habían hecho ya tantas concesiones que el hipotético acuerdo final (incluso si las enmiendas griegas hubieran sido aceptadas) no tenía ya nada que ver con el programa de Tesalónica de Syriza (cuando éste era su mandato popular para que pusieran fin a la austeridad), era evidente que ninguna capitulación sería suficiente a ojos de los acreedores. Lo que querían era la humillación política de Syriza, y la humillación de este pueblo que había tenido la audacia de combatir el dogma de la austeridad durante estos largos años de poderosa movilización social.

La naturaleza paradójica de estas negociaciones se ha visto de forma aún más clara algunos días después del anuncio del referéndum, cuando el FMI ha publicado un informe que declaraba explícitamente que la deuda griega era insostenible. El gobierno griego ha continuado demandando un alivio significativo de la deuda, dado que las duras políticas de austeridad impuestas por los memorándum habían no solo cavado el foso de la deuda hasta niveles abismales sino que habían llevado también a la economía griega a la recesión, lo que había hecho la insolvencia inevitable y creado un paro y un empobrecimiento masivos. Esta demanda insistente ha encontrado una resistencia que rozaba el ridículo y cada discusión sobre el alivio de la deuda ha sido excluida o pospuesta: el gobierno griego debía primero poner en marcha un nuevo programa de austeridad social insostenible.

Sin embargo, ya en 2010, el Director Ejecutivo suizo del FMI planteaba dudas significativas: “Tenemos serias dudas en cuanto la factibilidad del programa… Tenemos dudas sobre las hipótesis de crecimiento, que parecen ser demasiado pequeñas. Incluso un pequeño desvío en relación a las proyecciones de crecimiento de base haría el nivel de la deuda insostenible a largo plazo… ¿Porqué no se ha tenido en consideración, hasta ahora, la reestructuración de la deuda y la implicación del sector privado en el plan de rescate?”.

En 2013, el FMI admitía cándidamente que, efectivamente, había subestimado los daños que las políticas de austeridad causarían a la economía griega: más que recuperarse, el país había entrado en una recesión desde hacía cinco años y la economía había caído el 17 % en vez del 5,5 % anunciado. Más aún, subrayaba que la deuda sería insostenible. Así y todo, el FMI ha mantenido su estrategia.

Como estaba indicado en el detallado informe de la Comisión para la Verdad sobre la Deuda Griega, publicado el pasado mes de junio: “Está ahora claro para la Comisión que el aspecto insostenible de la deuda pública griega era evidente para los acreedores, las autoridades griegas y los medios de comunicación. Sin embargo, el gobierno griego, con otros gobiernos de Europa, maniobró contra la reestructuración de la deuda griega en 2010 con el objetivo de proteger a las instituciones financieras. Los grandes medios ocultaron la verdad a la población describiendo una situación que habría debido ser beneficiosa para Grecia, en una trama de un relato en el que esa misma población merecía lo que no era más que el resultado de sus propias malas acciones”.

La actitud de las instituciones europeas puede parecer irracional, pero no lo es. Aún evaluando el programa de austeridad desde el punto de vista del fracaso que representa vistas sus consecuencias sobre la recesión griega, el restablecimiento de Grecia no ha sido jamás el objetivo de las instituciones europeas. En primer lugar, menos del 10 % del total de los fondos de rescate de 2010 y 2012 han sido utilizados por el gobierno griego para reformar su economía: lo esencial del dinero ha vuelto -bajo forma de reembolso de deudas y de intereses- a los bancos que habían prestado dinero a Grecia antes de la crisis.

Como ha mostrado la Comisión para la Verdad de la Deuda Griega, y contrariamente al mito de propaganda de los medios europeos según el cual serían los impuestos de los europeos quienes financiarían la pereza y la Dolce Vita del pueblo griego, el rescate estaba esencialmente destinado a bancos privados alemanes, franceses e italianos. Es una decisión política económica muy precisa por parte de las instituciones europeas: proteger el sector financiero europeo. Luego, por medio de la austeridad, las instituciones europeas preveían transferir el peso de las consecuencias de la crisis económica de quienes eran realmente responsables hacia la población europea, lo que es también una decisión económico-política muy precisa. En fin, las instituciones europeas tienen también razones políticas más inmediatas que justifican su inflexibilidad: el miedo a que la oposición a la austeridad se extienda por el resto de Europa.

Medidas sociales y económicas brutales han sido impuestas en los países bálticos y en los países de la Europa del Este -donde Alemania ha adquirido intereses económicos importantes- como precondición para entrar en la UE. Mostrar flexibilidad hacia Grecia habría abierto una caja de Pandora y creado problemas entre las economías europeas más fuertes y sus satélites económicos. Un temor análogo se plantea en el caso de Irlanda, que ha debido sufrir también un programa de ajuste brutal tras la crisis: no es por casualidad si los grandes medios han creado el mito que contrasta la diligente y virtuosa Irlanda y Grecia, parásita holgazana. Además, una victoria del gobierno griego contra la austeridad habría galvanizado a Podemos en España, creando el espacio para nuevos posicionamientos antiausteridad en el país.

Si las instituciones europeas y el FMI hubieran sido ligeramente menos inflexibles en las negociaciones, habrían quizá llegado a un acuerdo con Tsipras que, lejos de ser un “compromiso honorable”, no habría marcado una real ruptura con los memorándums precedentes. Arrinconado por la Troika y sobre todo por el gobierno alemán, y su ávida intransigencia, Tsipras no ha tenido otra opción que volverse hacia el pueblo griego. Cuando las instituciones europeas pensaban que podrían llevar al gobierno de Syriza a una capitulación humillante sin resistencia significativa, el golpe de Tsipras ha sido abrir un nuevo espacio político y social. Esto explica las reacciones histéricas de los gobiernos europeos: una combinación de ultrajes, de insultos, de políticas de intimidación, de intrusiones en el proceso democrático griego. Todo esto amplificado por una campaña mediática masiva que no ha tenido vergüenza de mentir abierta y sistemáticamente.

Sobre todo, las instituciones europeas han recurrido a lo que Varufakis llamaba teatralmente el “terrorismo financiero”, definición percibida por los gobiernos europeos como un insulto inaceptable, pero que de hecho está muy cercana a la realidad. Forzar al gobierno griego a cerrar los bancos y a poner en pie un control de los capitales ha creado un clima de miedo y de inseguridad, que los medios ha inflamado inmediatamente con su lectura sesgada.

Los grandes periódicos y las cadenas televisivas han hecho el ridículo, como cuando han transmitido la información de las manifestaciones del 3 de julio para las que presentaban los dos campos como equivalentes, cada uno de ellos con entre 20 000 y 25 000 manifestantes. Afirmación inmediatamente refutada por las imágenes de la manifestación masiva por el “No” de la plaza Syntagma que han circulado de forma viral en Internet. Todas las presiones de la burocracia, europea e internacional, de los bancos y de los medios no han bastado para doblegar al pueblo griego. Su brillante victoria en la batalla por la legitimidad política y ética me recuerda, por tanto, a la antigua batalla de Maratón.

En el momento en que escribo este artículo, no sabemos aún cómo va a evolucionar la situación. Pero el resultado del referéndum griego es un llamamiento a toda la izquierda antiausteridad europea. Un llamamiento a recuperar la confianza, no solo en si misma, sino también y sobre todo en los explotados y oprimidos. Corresponde ahora a la izquierda europea responder a este llamamiento.

6/07/2015

http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article35364

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR



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