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La crisis socio-ecológica y las víctimas climáticas
Algunas lecciones de Asia
12/07/2015 | Sally Rousset

En mi intervención desearía relacionar la búsqueda de alternativas y el papel de los movimientos sociales frente a la crisis climática. Os agradezco el haberme ofrecido la oportunidad de compartir con vosotros y vosotras estas reflexiones y algunas ideas sobre problemas que pueden parecer banales pero que, de hecho, para nosotros y nosotras son importantes, nos preocupan mucho y a los que, particularmente los movimientos sociales, tenemos que prestar mas atención. Me refiero a las víctimas de las catástrofes naturales (cuyas causas no son sólo naturales, sino que a menudo de origen humano). Me refiero a las víctimas climáticas. Utilizo el término víctimas e incluyo en él a las y los refugiados, a las "personas desplazadas" en su propio país y a quienes continúan viviendo donde habitaban [tras las catástrofes].

Ya se que este tema se percibe como humanitario y que, a veces, los militantes de izquierda piensan que es un tema que no les compite porque los temas humanitarios incumben a las ONG, no a los partidos o los sindicatos que tienen otros ámbitos de intervención. Se trata de una visión errónea, si me puedo permitir de hablar claro. Hoy en día, la izquierda y los movimientos sociales tienen que integrar en su agenda y en su actividad la cuestión de las víctimas climáticas, que constituye un reto importante. No nos podemos contentar con declaraciones formales, con gestos puntuales o con donar un poco de dinero cuando se producen catástrofes.

Permitidme ilustrar este punto a través de algunas experiencias en Asia. Más en concreto, en Filipinas.

Las catástrofes climáticas se han hecho recurrentes, y transforman radicalmente la vida cotidiana tanto en las ciudades como en el campo. Mindanao, en el sur del archipiélago filipino, es el teatro de un conflicto militar entre el gobierno y los rebeldes musulmanes. Los pueblo indígenas (de las montañas) luchan para preservar sus territorios ancestrales contra los apetitos de las multinacionales y de las compañías mineras y forestales. El campesinado es víctima de la acaparación de tierras por parte de los ricos. Hoy en día, la población y las organizaciones populares, como las denominamos en Filipinas, también son víctimas del cambio climático, estando confrontadas a tifones más violentos que nunca, a inundaciones y a la erosión de tierras y a las sequías. Nadie escapa a estos problemas, pero los ricos encuentran soluciones, mientras que los pobres se empobrecen aún más, deslizándose hacia situaciones aún más miserables y con el sentimiento de quedar en el olvido.

En esta región, las organizaciones populares y los grupos militantes no tienen otra opción que hacer frente a esta situación y repensar sus tareas en función de ello. Las campañas "al viejo estilo" adquieren una nueva dimensión, como en el caso de la soberanía alimentaria. La formación en torno a la agricultura campesina, que debe asegurar la soberanía alimentaria frente a las multinacionales y la agro-industria, sirve ahora mismo a ayudar a los campesinos y campesinas a resistir mejor a las consecuencias sociales de las catástrofes climáticas. La alimentación de las familias constituye una cuestión vital y, a casusa del cambio climático, las comunidades rurales han priorizado la diversificación de la producción y la agricultura familiar frente a las plantación de monocultivos. Actualmente las y los campesinos siguen cursos de formación sobre la utilización de simientes tradicionales y de abonos no químicos. De ese modo, se ven confrontados a la agroindustria, que no ve con buenos ojos esta evolución y también a la industria turística. En estas circunstancias y tras una catástrofe climática, los militantes y las militantes que trabajan sobre el terreno actúan en condiciones muy difíciles, por lo que nuestra solidaridad les resulta imprescindible. Estoy pensando en Baba Jan, condenado a cadena perpetua por haber participado en la defensa de poblaciones locales víctimas de inundaciones en el norte de Pakistán.

Se trata de cuestiones muy políticas, no solo humanitarias. ¿Cómo es posible que a pesar de toda la ayuda enviada, dos años después del tifón Haiyan, el más grande jamás registrado, las víctimas climáticas continúen viviendo en barracones y en tiendas? Si siguierais cotidianamente las peloteras y la incompetencia de los políticos y representantes gubernamentales de filipinas, los conflictos entre los clanes, el juego de influencias de las grandes empresas, etc., os sentirías muy frustrados. La hipocresía corre a raudales. El presidente francés Hollande visitó Filipinas para preparar la COP21 que se celebrará en Paris y firmó una declaración común con toda solemnidad. Sin embargo, gracias a las redes militantes, hemos sabido que en Filipinas ¡están en marcha una veintena de nuevos proyectos de minas de carbón para los próximos años!

Los movimientos sociales comprometidos de verdad con las poblaciones siniestradas han sido más eficaces que los Estados a la hora de responder tanto a las necesidades urgentes como a los problemas de reconstrucción a más largo plazo. Es lo que ocurrió en Pakistán tras el terremoto de 2006. No negamos que los Estados pueden y deben desempeñar su papel. Es su deber proteger a la población y además tienes los medios: helicópteros, navios, materiales para la obra pública, financiación…. Justo todo aquello de lo que carecen los movimientos sociales. Hemos visto a qué nivel la acción de los Estados depende de las luchas de poder, de las intrigas políticas nacionales o locales, y de la corrupción

Incapaces de responder a las necesidades prioritarias de las víctimas, otorgan muy poca importancia a la participación de las propias comunidades siniestradas en los procesos de reconstrucción.

Es esas circunstancias, los movimientos sociales pueden encontrar bases de apoyo positivas para cambiar el sistema. Se ha constituido un nuevo sector social. La comunidad de las víctimas climáticas no existe como una comunidad que vive en condiciones normales. Las catástrofes son recurrentes y sus efectos duraderos, lo que hace que estas comunidades crezcan sin cesar viviendo experiencias traumáticas muy específicas. Precisan de formas de autoorganización y de expresión propias. Sobre todo es necesario superar su sentimiento de dependencia. Las víctimas continúan siendo ciudadanos y ciudadanas con derechos. Tienen derecho a la ayuda y no tienen que pensar que están en deuda con la administración pública o los políticos que les ayuden.

Una vez superado el momento de urgencia, la cuestión que se plantea es cómo realizar la reconstrucción. Es el momento de plantear cambios sociales. En Tamil Nadu, por ejemplo, en India, tras el tsunami de 2004, la organización Ared trabajó con comunidades de Dalit (los "intocables"), con el apoyo de asociaciones europeas. Las víctimas reconstruyeron sus casas y compraron barcos de pesca. Fueron las mujeres Dalit quienes gestionaron la flotilla de barcos (una responsabilidad que antes incumbía a los hombres), lo que les permitió desempeñar un rol más igualitarios en su comunidad y en la familia.

De igual manera, nuestros amigos de Mindanao han creado una coalición amplia, Mi-Hand, para socorrer a las víctimas del tifón Haiyan en la vecina isla de Visayas. Consideran que la reconstrucción no significa solo reconstruir las casas y volver a las condiciones de vida anteriores. Piensan que la reconstrucción se puede realizar sobre bases diferentes, con una agricultura que respete el medio ambiente, ampliando los derechos de la población, con procesos de decisión colectiva más democráticos, favoreciendo la igualdad de las mujeres y prestando atención a los niños y niñas.

Las solidaridad inter-fronteriza también puede ser reforzada. Es, por ejemplo, lo que hace la organización de Via Campesina en Bangaldesh, el Bkf-Bks, organizando caravanas que atraviesan todo el país, pasan a India y van hasta Nepal, en defensa de los derechos de las y los campesinos, la justifica climática y la igualdad de genero.

Quisiera terminar diciendo que tenemos aquí una oportunidad para movilizar movimientos bajo formas que habíamos descuidado en el pasado. Estoy pensando sobre todo en las asociaciones de migrantes. La repuesta a las catástrofes climáticas da una importancia especial al mantenimiento de los lazos de las y los migrantes con sus comunidades en el país de origen. Los proyectos locales financiados con la ayuda de los emigrantes a menudo se han visto afectados por las destrucciones climáticas.

Aquí termino. Espero que podremos volver sobre determinadas cuestiones en los talleres, pensando en la pasión y el compromiso de nuestros camaradas de Asia, y más en general de los del Sur, sobre el desarrollo de alternativas para sobrevivir a este mundo en crisis. Gracias.

26/06/2015

Texto de la intervención en la mesa redonda de la sesión de apertura de los II Encuentros Internacionales sobre "Alternativas frente a los desafíos ecológicos" en Madrid.

Traducción: VIENTO SUR



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