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Entrevista a Badrul Alam del movimiento campesino de Bangladesh
La lucha campesina contra la desregulación climática
04/07/2015 | Pierre Rousset

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Invitado por la Confederación Campesina francesa, Badrul Alam, representante del movimiento BKF-BKS de Bangladesh, ha estado en Francia a mediados de junio y ha concedido la siguiente entrevista a Pierre Rousset para Europe solidaire sans frontières .

Has venido a Francia por invitación de la Confederación Campesina para participar en la movilización del 17 de junio en Amiens en defensa de los militantes campesinos enjuiciados por su acción contra la “granja de las mil vacas”/1.

Queríamos afirmar nuestra solidaridad internacional con la Confederación Campesina y sus miembros llevados a los tribunales por su lucha contra las explotaciones agroindustriales gigantes, lucha en la que nos reconocemos plenamente. Al igual que la Confederación, nosotros también pertenecemos a La Vía Campesina. Yo he representado en Amiens a nuestras dos asociaciones gemelas, BKF-BKS, que agrupan a unos dos millones de campesinos en Bangladesh, la mitad hombres (en BKF) y la mitad mujeres (en BKS). Contar con dos organizaciones paralelas ha facilitado la integración de las campesinas, teniendo en cuenta que ningún marido puede adherirse a BKF si no acepta que su esposa lo haga a BKS. La agroindustria impone su ley a escala internacional y es muy importante afirmar nuestra solidaridad en este nivel. La Vía Campesina cuenta con secciones tanto en el norte (por ejemplo, en Francia) como en el sur (por ejemplo, en Bangladesh).

Antes de Amiens, has participado, en Montreuil, en el encuentro internacional preparatorio de acciones a llevar a cabo con motivo de la conferencia sobre el cambio climático que tendrá lugar en París en diciembre…

No tenemos ninguna confianza en la voluntad de los gobiernos e instituciones mundiales de frenar el calentamiento climático. Bangladesh es uno de los países más directamente afectados por los efectos del calentamiento. Se encuentra, en efecto, en un delta llano y bajo, en la confluencia de los ríos Jamuna (Ganges), Padma (Brahmaputra) y Meghna. Se trata de una región de tierras muy fértiles gracias a los depósitos de aluvión, pero está amenazada por las inundaciones: la mayor parte del territorio se halla a menos de 12 metros de altura sobre el nivel del mar, mientras que un 10 % se encuentra por debajo del nivel del mar, protegido por diques. Además, la densidad demográfica allí es particularmente alta: en extensión somos el país n.º 94, mientras que en población ocupamos el puesto n.º 8. Tenemos una densidad demográfica más de dos veces superior a la de los Países Bajos, con una población de unos 160 millones. Esto significa que cualquier elevación del nivel de los océanos y cualquier fenómeno climático extremo tendrán consecuencias dramáticas. Nos hallamos realmente en la primera línea del frente climático.

A los efectos globales del modo de desarrollo capitalista contemporáneo sobre el cambio climático hay que añadir los efectos locales. Tomemos el ejemplo de la producción a gran escala de gambas, en el sudoeste de Bangladesh, con destino especialmente al mercado europeo. Han abierto los diques de los pólders (tierras ganadas al mar, ndr) y las tierras sumamente fértiles que antes trabajaban unos campesinos pobres han quedado inundadas por el agua salada y se utilizan como estanques de cría. A corto plazo, los lugareños se han beneficiado de las buenas rentas obtenidas de la acuicultura, pero esta industria ha destruido la vegetación costera (manglares…) y la biodiversidad a la que daba refugio y protección natural frente a los embates del océano. Ha provocado la salinización de las tierras adyacentes y su desertificación, de modo que han dejado de ser cultivables. En cuanto a las gambas, actualmente son víctimas de enfermedades infecciosas. Claro que al “mercado” esto le da igual, los capitales llevarán la destrucción a otra parte. En cambio, la población local se hunde en la miseria.

Este problema, de hecho, no es reciente, sino que se remonta a comienzos de la década de 1990. En una región en que se ha desarrollado la acuicultura de la gamba, nueve aldeas se resistieron por iniciativa de una mujer que fue asesinada por la policía. Estas aldeas se han convertido en verdaderos islotes de verdor, de biodiversidad, un ejemplo de soberanía alimentaria, la viva condena de la agroindustria. Este es el tipo de combate que llevamos a cabo en defensa del campesinado, pero también de los trabajadores precarios, los vendedores ambulantes y los habitantes pobres de las ciudades o de los “pueblos indígenas” (los adivasis).

Hemos prestado ayuda a las obreras del textil víctimas del derrumbamiento en Dacca del inmueble industrial Rana Plaza en 2013 (primero una ayuda a las víctimas hospitalizadas y después la compra de máquinas de coser para trabajadoras que han quedado discapacitadas de por vida), como también a aldeas que han sufrido inundaciones u olas de frío excepcionales en el norte del país. Hemos podido llevar a cabo estas acciones en particular gracias a la ayuda financiera que nos ha hecho llegar la asociación Europa Solidaria Sin Fronteras (en Francia). La ayuda a las víctimas de catástrofes humanitarias –industriales, climáticas– es una parte cada vez más importante de las tareas de BKF-BKS. Como en muchos otros países del sur, también prestamos ayuda a ocupaciones de tierras que han dejado de cultivar los grandes propietarios (o cuya propiedad está en litigio). Una particularidad en Bangladesh es que esas tierras ocupadas por campesinos pobres son a menudo grandes franjas de tierra que aparecen en los meandros de los ríos y que con el tiempo pueden cambiar de emplazamiento.

¿Puedes explicarnos en qué consisten las “caravanas” que habéis organizado estos últimos años?

Desde hace cuatro años venimos organizando Caravanas por la justicia climática, la soberanía alimentaria y los derechos de las mujeres, la igualdad de género, con ánimo de subrayar la interacción entre todos estos aspectos. En 2014, a partir del 14 de noviembre, nuestra Caravana recorrió primero buena parte de Bangladesh antes de trasladarse a India, para ascender luego hasta Nepal con el fin de participar en una cumbre popular regional. Nuestras Caravanas siempre han incluido a delegaciones extranjeras procedentes, en particular, de otros países asiáticos (India, Sri Lanka, Nepal, Indonesia y Filipinas), aunque también de Europa y otros sitios (este año, del Reino Unido, Alemania, Suecia, EE UU y Australia). Hemos estrechado lazos en particular a través de la participación en las sesiones del Instituto Internacional de Investigación y Formación (IIIF) de Manila, en Filipinas.

En cada una de las doce etapas de nuestra Caravana organizamos debates y seminarios con la población local con el fin de multiplicar los intercambios y la toma de conciencia de la importancia de las cuestiones climáticas y del papel que desempeña la agroindustria, como la difusión de los organismos genéticamente modificados (OGM). Hemos promocionado variedades locales de semillas y la agricultura campesina, hemos estudiado el uso de la energía solar (y otras fuentes de energía renovables), de abonos y pesticidas ecológicos o la producción ecológica de piña americana y hemos tenido en cuenta las reivindicaciones de los trabajadores agrícolas. En Calcuta, en India, nos hemos reunido con asociaciones de habitantes pobres de la ciudad. En Katmandú, en Nepal, se reunieron los movimientos para presentar sus alternativas y respuestas a la crisis climática. En el curso de estos intercambios hemos podido distinguir nuestros problemas comunes: el acaparamiento de tierras en manos de los ricos, las consecuencias de la industrialización de la agricultura, el endeudamiento, las discriminaciones de género (en particular con la doble jornada de trabajo, en el campo y en el hogar), la desregulación climática.

Ir a India y Nepal era especialmente importante, pues existe una cooperación creciente, desde que gobierna el actual primer ministro indio, Modi, entre los círculos dirigentes de India y Bangladesh y es preciso reforzar la cooperación de los movimientos populares y en particular entre asociaciones pertenecientes a La Vía Campesina. Además, la frontera entre nuestros dos países es foco de tensión, agravada por las migraciones debidas al desorden climático; hay que combatir el aumento de la xenofobia, reforzar los sentimientos de solidaridad, la convicción de que hemos de unirnos en la adversidad. Para ello es preciso que nos reunamos.

Nos enfrentamos al endurecimiento de los regímenes que limitan las libertades de circulación. Así, las autoridades indias exigieron un visado a los bangladesíes para pasar a Nepal, de manera que una parte de los miembros de la Caravana no pudieron participar en la etapa final. Fue una gran frustración después de todo el camino recorrido. La próxima Caravana se llevará a cabo en 2016. También estamos preparando una movilización contra la construcción de una central nuclear prevista por el gobierno en colaboración con Rusia. En todos estos ámbitos, la coordinación de los movimientos populares a escala internacional nos parece fundamental.

18/06/2015

http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article35300

Nota

1/ Véase http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article35299 (en francés)



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