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Historia del Ateneo/Ateneo de la Historia
Ágora de la libertad (ebullición y mordaza)
01/07/2015 | Ángel García Pintado

Aquella noche de domingo –12 de abril de 1931– la euforia se había adueñado del Ateneo Científico, Artístico y Literario de Madrid. En La Cacharrería, el más legendario de sus salones por su azacaneada vivencia existencial de broncas y dialécticas sin máscara, reinaba la algarabía. Presidía la institución entonces un tal Manuel Azaña. Aquel domingo, España, que se había levantado monárquica, se acostó republicana; mejor dicho, no se acostó, al menos la España de los ateneístas en la que el predominio hegemónico de liberales y progresistas era evidente; y se negaba a irse a la cama, no fuera a ser que en la impunidad de la noche a alguien se le ocurriera modificar la voluntad popular. Las urnas habían hablado y habían dicho lo que querían ser: republicanas.

La República se había cocinado en los fogones del Ateneo, de ahí que la victoria en aquellas elecciones locales se considerase como algo doblemente propio. Y en medio de la algarabía, el enorme y tremendo Valle-Inclán, que poco después llegaría a presidir la entidad, gritaba, con voz enronquecida y su característico ceceo, su provocativa versión: "Mayoría abzoluta en todaz laz capitalez de provincia, zalvo en doz: Cádiz y Burgoz. En Cádiz ya zabemos por qué y en Burgoz porque allí todoz zon curaz o hijoz de curaz".

Un auténtico, oportuno, acierto que para esta historia del Ateneo (primera parte) que acaba de ver la luz, su autor Victor Olmos haya elegido, como comienzo, ese momento luminoso de su relato, el cual va umbilicalmente unido a la historia de España de los dos últimos siglos. Ágora de la Libertad. Historia del Ateneo de Madrid /1 abarca de 1820, cuando se funda el precursor del actual, hasta 1923 en que se instala la Dictadura de Primo de Rivera. A este tomo le seguirá una segunda parte, con las percutantes vivencias de esta dictadura, de la II República y lo siguiente...

Luces y mordazas

El Ateneo es hijo de las luces y no de las sombras, se fragua en las catacumbas, en las tertulias, en la logias... con el imperativo de regenerar la vida española, de invitarla a una danza de diálogos y confrontaciones dialécticos, de desasnarla (¿por qué no?), bajo el influjo de las ideas emanadas de la Revolución Francesa y de las Cortes de Cádiz. Las cabezas mejor amuebladas de parte del XIX y del XX, pasaron por allí, y los Episodios Nacionales de Galdós (otro ateneísta) mantienen netos parentescos carnales con la Casa.

A etapas gloriosas siguen periodos languidecientes; aunque ninguno tan largo y opresivo como el franquista, cuyas autoridades sabían bien del peligro que conllevaba la libre circulación del pensamiento que desde sus orígenes se practicaba en aquel ámbito, cada vez más atestado de libros, y cuyos socios –su mayoría– habían demostrado insurgencia y combatividad sin ambages en agudos momentos históricos, como la manifestación urbana por la demanda de responsabilidades de Annual y otros desastres africanistas, con Unamuno, Menéndez Pidal o Gómez de la Serna a la cabeza.

Se estructura ese centro del saber y la confrontación de ideas en secciones o cátedras donde se imparten con carácter abierto y gratuito, disciplinas como filosofía, matemática, ciencias naturales, geografía, idiomas, literatura, arte, moral, etc...

Que la idea que los jóvenes más o menos inquietos, o resistentes al régimen, tuviéramos de aquellas viejas paredes de la calle del Prado (pleno Barrio de las Letras) no fuera la más favorable, resulta coherente con el estricto control y vigilancia que los vencedores de la guerra civil ejercieron sobre él. De esa opacidad de tonos grises, cuando no absolutamente negros, se ve veteada la historia de una entidad tan instrumentalizada también por la clase política, que la usó en no pocas ocasiones como trampolín de acceso a la gobernación del Estado.

Ese lugar tan poco atractivo durante el franquismo, a cuya nutrida, polvorienta y desconocida biblioteca algunos españolitos iban a preparar oposiciones a notarios o a registradores de la propiedad, y que en algunos instantes de esta democracia se quiso revitalizar, es un desvaído reflejo de aquel embrión gestado “bajo la espesa niebla de Londres” (título de uno de los primeros capítulos de esta historia), durante la ominosa década de los años 20-30 del XIX, cuando miles de españoles "de ideas" se vieron obligados a emigrar a Londres huyendo del absolutismo, de las tropelías y crueldades del Rey Felón, el VII Fernando, el más idiota y canalla que haya parido la Historia de España, por mucho que ésta hubiese parido tantos engendros coronados.

En ese Londres –¡Londres, siempre Londres!– es donde Bolívar, San Martín, el guerrillero español Espoz y Mina (algún historiador también menciona a El Empecinado) ... soñaron la liberación de las colonias españolas en América; donde poco después Alcalá Galiano y sus liberales tertulianos londinenses escriben y hablan de subversión, instrucción y libertad, mientras pergeñan la creación de un Ateneo en Madrid.

Aquellos liberales, qué distintos de estos de hoy que así se autoproclaman y que no son sino la encarnación de los “serviles” fernandinos de antaño, de su “¡vivan las caenas”. Nietos putativos de Los Cien Mil Hijos de San Luis. Vulgares adoradores del becerro de oro.

30/07/2015

1/ Agora de la Libertad. Historia del Ateneo de Madrid, Tomo I–1820-1923. Ed. La Esfera de los Libros. Madrid, 2015. 591 pags.



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