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Escocia tras las elecciones del 7 de mayo
Nuevas oportunidades para la izquierda
29/06/2015 | Murray Smith

Al día siguiente de las elecciones del 7 de mayo, George Kerevan, el nuevo diputado del Partido Nacional Escocés (SNP), recorría su circunscripción de Lothian Est. Un grupo de jóvenes trabajadoras se le acercó, diciéndole con orgullo que todas habían votado por el SNP y que querían hacerse unos “selfies” con él. Cuando Kerevan les preguntó por qué, respondieron que “¡porque es histórico!”. Naturalmente, tenían razón. El SNP acababa de ganar, la víspera, 56 escaños de 59 y solo había dejado uno para cada uno de los demás partidos, los Conservadores, los Liberales Demócratas y los Laboristas.

Cuando se comparan los resultados de las elecciones del 7 de mayo en Escocia y en Inglaterra, la frase que se repite más a menudo es: “Son dos países”. Por supuesto, la estructura del voto es completamente diferente en Escocia y en Inglaterra. A pesar de una distancia del 5% (36% para los Conservadores, 31% para los Laboristas), solo un puñado de escaños ha cambiado de mano entre el Partido Laborista y el Partido Conservador. Entre ellos, sus ganancias y sus pérdidas se anulan. Los Conservadores han ganado porque han conservado una parte suficiente de su colchón de votos que no ha ido hacia el Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP), mientras que el UKIP ha ganado más entre los votantes del Partido Laborista que entre los del Partido Conservador, y los Liberales Demócratas se han hundido en beneficio de los Conservadores.

El único punto en común con Escocia es el hundimiento de los Liberales Demócratas: con la excepción de uno solo, todos los escaños que tenían en Escocia han sido perdidos en beneficio del SNP. Pero el acontecimiento es enorme, es histórica la derrota total del Partido laborista escocés que ha perdido 40 de los 41 escaños que tenía. Y, en la gran mayoría de casos, con un margen muy significativo. Por ejemplo, en Glasgow, donde el SNP ha quitado 7 escaños a los laboristas, ha triunfado con una mayoría absoluta de votos en todas las circunscripciones, con resultados que van del 52% a cerca del 59%. Misma situación en los antiguos bastiones laboristas de Coatbridge, Motherwell, Falkirk o Inverclyde así como en Kirkcaldy, el escaño en manos anteriormente de Gordon Brown. Ha habido, a través de todo el país, un desplazamiento masivo de los votos de los medios obreros del Partido Laborista hacia el SNP, con una tendencia general: cuanto más tradicionalmente laborista era un escaño más importante ha sido el desplazamiento. El SNP, sin duda, ha sido beneficiado igualmente de la tasa de participación que ha sido más elevada en Escocia (71,1%) que en el conjunto del Reino Unido (66,1%).

Por supuesto, se puede subrayar que, debido a las conocidas consecuencias del sistema electoral (mayoritario a una vuelta), el SNP ha logrado 56 escaños con solo el 50% de los votos. Pero, durante años, ha sido el Partido Laborista el que se ha beneficiado de este sistema. En 2010, había conseguido las dos terceras partes de los escaños con el 42% de los votos. El hecho importante es que entre 2010 y 2015 el SNP ha progresado del 20% al 50% de los votos, mientras que el Partido Laborista pasaba del 42% al 24,3%.

En la medida en que los resultados habían sido en gran medida anticipados por los sondeos, no han constituido una sorpresa. No obstante, se sitúan en la parte alta del abanico de las previsiones. Los días precedentes al escrutinio en Edimburgo, aunque no se pudiera decir que todo el mundo llevara un distintivo del SNP, ni que todas las ventanas enarbolaran sus pancartas electorales, lo cierto es que no se veía ningún signo distintivo de los demás partidos.

Este desplazamiento masivo de los votos encuentra sus raíces en la campaña del referéndum. A medida que se desarrollaba la campaña, cada vez más electores laboristas iban siendo ganados a la causa de la independencia. Las cuatro regiones que votaron “Si” eran regiones en las que el Partido Laborista era hegemónico. Éste no solo hizo campaña por el “No”. Hizo una campaña extremadamente virulenta, de confrontación, apoyándose en la “estrategia del miedo”, machacando sobre las supuestas consecuencias negativas de la independencia, a veces de forma totalmente irreal, a veces de forma más fundamentada, por ejemplo en lo que concierne a las jubilaciones. Pero, sobre todo, el partido laborista realizó esta campaña en común con los Conservadores y los Liberales Demócratas. Lo que proporcionó a la campaña por el “Si” la ocasión de recordar a todos hasta qué punto el Partido Laborista formaba parte del mismo consenso neoliberal que sus aliados.

Como era previsible, el 7 de mayo el SNP ha logrado los votos de la gran mayoría de quienes habían votado “Si”, en su mayoría antiguos votantes laboristas. Pero ha conquistado también algunos votos que habían ido al “No”. La campaña del SNP ha estado centrada en dos ideas. La primera, que el SNP es el partido más eficaz para defender los intereses de Escocia en Westminster, repitiendo regularmente que lo que estaba en juego en la votación no era la cuestión de la independencia. El segundo eje de la campaña del SNP ha girado alrededor de la oposición a la austeridad. En los debates televisados, la Primera Ministra, Nicola Sturgeon, tuvo un impacto considerable fuera de Escocia, formando de hecho una especie de coalición con Leanne Wood de Plaid Cymru y Natalie Bennett de los Verdes de Inglaterra y del País de Gales.

El antiguo Secretario de Estado para Escocia, Alistair Carmichael, único diputado Liberal Demócrata que queda, ha sido sometido a presiones considerables para forzarle a dimitir de su escaño de Orkney y de las Shetland. Finalmente ha admitido estar en el origen del rumor según el cual Nicola Sturgeon habría dicho al embajador de Francia que deseaba la victoria de los Conservadores. Lo que ha sido desmentido tanto por Sturgeon como por el embajador. Queda claro que no lo ha dicho. Pero…¿lo ha pensado? No es difícil imaginar que qué una victoria de los Conservadores puede servir a la causa de la independencia. Pero dejando de lado que Nicola Sturgeon y el SNP hayan o no preferido secretamente una victoria de los Conservadores, lo claro es que no se la esperaban. Como todo el mundo, incluyendo a David Cameron, esperaban un Parlamento sin mayoría y construían estrategias para hacer frente a esa situación. En su caso, un apoyo condicional a un gobierno laborista.

Pero, como se sabe, las cosas no han ocurrido así. ¿Cuáles son las consecuencias para Escocia de la nueva situación? A medio y largo plazo, nada puede servir más a la causa de la independencia que una Escocia condenada a cinco años de un gobierno conservador, disponiendo de un apoyo extremadamente reducido en Escocia. Es una vuelta a la situación que prevalecía antes de 1997. Pero, a corto plazo, esta nueva e inesperada situación podría crear claramente algunos problemas al SNP. Los independentistas escoceses habrían podido beneficiarse de una situación en la que habrían apoyado al Partido Laborista, llegado a acuerdos con él, demostrado que eran capaces de “establecer la diferencia” logrando al menos imponer algunos límites a la austeridad. Ahora, están en la oposición. Ciertamente, en tanto que tercer partido por orden de importancia numérica en Westminster, presidirán dos comisiones parlamentarias y podrán plantear cada semana dos preguntas al Primer Ministro. Pero no estarán en situación de influenciar en la política de los conservadores como esperaban poder hacerlo con los Laboristas. En cualquier caso, no en el marco del Parlamento. Este gobierno va a tener que ser combatido fuera del Parlamento, mediante las movilizaciones de masas. Y no es éste el terreno predilecto del SNP. Y otros están más cómodos en él….

“Dos países”, sin duda. Pero, por el momento, un solo Estado. Y el gobierno de este Estado va a consagrarse enteramente a la puesta en marcha de la austeridad. Una austeridad que va a imponer a una Escocia que no ha votado jamás por ella. Todos los partidos y las fuerzas que se sitúan a la izquierda del espectro político y que son favorables a la independencia van a tener que responder a la nueva situación. Van a tener que combatir la austeridad, tema por tema. Y, simultáneamente, buscar como dar una presentación creíble a la consigna “Otra Escocia es posible”, cualquiera que sea por otra parte el contenido que cada cual de a esta otra Escocia.

¿Cuáles son esas fuerzas? Esencialmente: el SNP, los Verdes, el Partido Socialista Escocés (SSP) y el Proyecto Escocés de Izquierdas, que no está más que en sus comienzos.

El SNP no es solo la tercera fuerza política en Westminster; asume igualmente el gobierno en Edimburgo. No solo tendrá que combatir la austeridad en el Reino Unido tomado en su conjunto, sino que tendrá también que intentar demostrar que puede moderar sus consecuencias en Escocia. Lo que puede resultar complicado… En un futuro previsible, Escocia no va a recibir una “devolución máxima”, es decir, no va a disponer del conjunto de los poderes con excepción de lo que se refiere a Defensa y Asuntos Exteriores. Se le va a proponer una amplia transferencia de competencias en el marco de una nueva Carta Escocesa, basada en el informe de la Comisión Smith puesta en pie tras el referéndum. Tal cual, se parece mucho a una trampa. El SNP va a ver cómo se le ofrecen poderes más amplios, en particular en materia presupuestaria. Pero su capacidad de aumentar los ingresos fiscales quedará circunscrita al impuesto sobre la renta, con excepción del ahorro y de las inversiones: en otros términos, la posibilidad de aumentar la presión fiscal sobre las capas populares. Es poco probable que esto no sea completamente intencional por parte del gobierno británico.

Como ha subrayado Joyce MC Millan en el periódico The Scotsman del 2 de mayo, el SNP tiene tres posibilidades: aceptar estas propuestas e intentar lograr ponerlas en marcha, lo que es una opción arriesgada; rechazar utilizar estos nuevos poderes y dar argumentos a la acusación de no utilizar sus poderes para limitar la austeridad; o abrir el debate a otro nivel defendiendo que no se puede poner fin a la austeridad haciendo bricolaje con la devolución. En realidad solo hay dos vías para sacar a Escocia de la austeridad: la primera es acabar con la austeridad en el Reino Unido; la segunda es romper con la austeridad en el marco de una Escocia independiente. Mucha gente podría concluir de todo esto que la segunda solución es más realista que la primera.

En un artículo publicado en el último número de la Scottish Left Review, Gregor Call argumenta extensamente para establecer que el SNP no es un partido socialdemócrata, como pretende Nicola Sturgeon y como cree mucha gente. Sus criterios no son enteramente convincentes: por ejemplo, su definición de la socialdemocracia incluye la nacionalización de los bancos, lo que ha sido realizado en ciertos países pero no, por ejemplo, por el Partido Laborista británico. De todas formas, la utilización del término es una cuestión secundaria. Lo importante es que el SNP está y es percibido como a la izquierda del Partido Laborista sobre numerosos asuntos. Lo que está ilustrado en particular por las recetas gratuitas, la salud gratuita, medidas a las que los laboristas se han opuesto y que las derogarían si volvieran al poder en Edimburgo; por estas razones, a pesar de las críticas que se puede dirigir a la política llevada por el SNP en el gobierno, su campaña contra la austeridad era creíble.

El SNP no es ciertamente un partido que lucha por el socialismo; no tiene absolutamente ninguna intención de derrocar al capitalismo. Sin embargo, el aflujo de nuevos miembros en la ola del referéndum e incluso algunos de sus nuevos diputados pueden estar en el origen de un intento de empujar al partido hacia la izquierda. Es incluso posible que lo logren, en cierta medida.

Los Verdes escoceses son de una especie completamente diferente. Han logrado ocupar al menos una parte del espacio que existe a la izquierda del SNP. En su campaña electoral, no solo han prometido acabar con la austeridad y echar atrás los recortes en la protección social, sino también defender los servicios públicos y renacionalizar los ferrocarriles. Una de las razones que plantean para explicar su oposición al TTIP (Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones) es que este tratado haría sagradas las privatizaciones. En el curso de una campaña en la que la presión por el voto en favor del SNP era enorme, han aguantado y recuperado sus apoyos en numerosas circunscripciones, en particular en Edimburgo, aunque su mejor resultado (más del 6%) haya sido obtenido en una de las circunscripciones de Glasgow. Los Verdes, han disfrutado, igual que el SNP, de una oleada de nuevas adhesiones tras la campaña del referéndum.

Es también el caso del SSP. Lo que ha constituido un bienvenido alivio, tras lo que se puede razonablemente designar como una travesía del desierto, consecuencia de la crisis provocada por el asunto Sheridan. Numerosos jóvenes y trabajadores se han sumado a este partido y esto se ha reflejado en su conferencia anual del pasado 23 de mayo. Era tanto más bienvenido en la medida que, en esta conferencia, el SSP no ha dejado que este éxito se le subiera a la cabeza ni se ha ilusionado sobre su capacidad de ser él solo la alternativa de izquierdas. En las votaciones, se ha pronunciado en favor de la participación en la construcción de una amplia alianza de izquierdas, para presentar candidaturas unitarias en las próximas elecciones al Parlamento escocés, en la primavera de 2016; un proyecto que el periódico Herald ha bautizado como el “Syriza escocés”. Esta decisión era importante: hoy, el SSP solo no puede encarnar la alternativa de izquierdas en Escocia. Pero una coalición amplia de izquierdas que no incluyera al SSP sería considerablemente más débil.

Aparte del SSP, los demás grupos de izquierdas implicados en este proyecto son de tamaño muy reducido. Este proyecto no será una alianza de partidos. Entre sus iniciadores, se cuenta con gente que ha jugado un papel dirigente en la “Campaña Radical por la Independencia” (Radical Independance Campaign), en el movimiento “Mujeres por la Independencia” y en otras campañas de base y redes que han constituido el ala izquierda de la campaña por el “Si”, sabiendo que la forma en que esas redes han funcionado ha influido en gran medida en la campaña por el “Si”. Este proyecto está igualmente apoyado por sindicalistas, entre ellos algunos veteranos que participaron en las luchas en el conflicto de los astilleros de la Clyde en 1971, universitarios y escritores. Y, también, Myrto Tsakatika, uno de los animadores de Syriza en Escocia. Los partidarios de este proyecto se refieren a menudo a los partidos europeos como Syriza y Podemos.

Es totalmente evidente que existe un potencial considerable para esta alianza de izquierdas en gestación. En Escocia hay un público para una fuerza que encarne un desafío socialista, defendiendo la democracia participativa directa, la propiedad social, la redistribución de las riquezas y la ruptura con el Estado británico. Y esta vía ha sido abierta durante la campaña del referéndum gracias a un trabajo consistente en la base y privilegiando la actitud que consiste en iniciar el diálogo más que en entregar un mensaje. Es un planteamiento que puede ser utilizado no solo en el terreno electoral, sino también a través de las múltiples formas de resistencia a al austeridad que van a emerger en el próximo período.

Artículo publicado en la página de Socialist Resitance (http://socialistresistance.org/7482/scotland-after-may-7). Traducido de la versión publicada en http://www.lcr-lagauche.org/lecosse-apres—le-7-mai/

Murray Smith militó el Scottish Socialist Party, en Francia en las filas del NPA y en Luxemburgo en el seno de Déi Lénk (La Izquierda).

19/06/2015

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR



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