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In memoriam
Llorenç Buades – Buen viaje
29/06/2015 | Pep Juárez, Helena Herrera, Joan Canyelles y Laura Camargo

La repentina muerte de Llorenç Buades nos deja el vacío, difícil de llenar, del amigo que se ha ido, del compañero que durante décadas siempre ha estado a disposición, de la relación personal de aprecio que ha soportado ausencias e interrupciones por problemas personales y de salud, pero que se ha mantenido inalterable en sus convicciones y en la defensa de quienes sufren las consecuencias de todo tipo de desigualdades y opresiones. Llorenç Buades ha sido hasta su último aliento uno de los revolucionarios más insobornables, lúcidos y críticos que hemos conocido, compañero de profundas convicciones anticapitalistas; un luchador incansable por la justicia social, un notable intelectual, erudito del mundo obrero y sindical, pero por sobre todas las cosas, una gran persona a la cual tuvimos el privilegio de conocer y con quien compartimos conversaciones y debates que nos permitieron descubrir a una persona sensible detrás de esa imagen férrea de luchador sindicalista incansable y crítico con la realidad que le tocó vivir. Buades era de los que llevaba las pancartas que él mismo había contribuido a elaborar, de los que por las noches salían a pegar carteles y no rehuía jamás de los ineludibles compromisos que comporta la militancia. Tampoco de los de pensar, escribir y debatir.

Es imposible ni siquiera resumir la actividad militante de en Llorenç a lo largo de toda su vida. De las primeras CCOO a la CGT, desde la LCR a Revolta Global y las CUP, Llorenç nos ha dejado lo mejor de sí mismo a lo largo de toda su vida. Se nos ha ido un compañero, un amigo entrañable. Pero también hemos perdido a una persona que luchaba cada día de su vida. Cómo diría Bertolt Brecht, uno de los imprescindibles. De formación marxista y vocación libertaria, Llorenç, de pocas palabras y grandes hechos, siempre huyó del sectarismo y denunció el fanatismo. Desde su mirada escéptica hacia todo tipo de verdades establecidas, desarrollaba como pocos la capacidad dual e inseparable de la fidelidad y la crítica. Fidelidad a la causa de los más desfavorecidos, y crítica afilada como mejor manera de defender esa causa.

Poco amigo de visibilizarse públicamente, siempre estuvo dispuesto a colaborar en la creación de espacios de debate, formación y compromiso político, como los que puso en marcha en el sindicato de CGT en Mallorca, contribuyendo a que pasara de ser un pequeño núcleo a gran referente del sindicalismo combativo; o como su inestimable labor en el impulso al Grupo de apoyo a la candidatura de Anticapitalistes a las Europeas de 2009, núcleo tras el que nacería Revolta Global-EA en las Islas, o ahora impulsando las CUP en Mallorca… Llorenç tenía una mente brillante para el análisis político, era “una enciclopedia andante”, como solíamos decir de él, con un exactísimo conocimiento de la historia, no solo de Mallorca, sino de Catalunya y del resto del Estado. Además, le honra que siempre acompañaba todos sus argumentos de datos que compartía con afán pedagógico para forjar mentes abiertas de pensamiento crítico. Sus argumentos eran a veces incómodos para las mentes “bienpensantes”, pero siempre coherentes con sus convicciones emancipadoras.

Llorenç era una persona noble, en la máxima plenitud de la palabra, y también fiel. Fiel con los compañeros y con los amigos, pero sobre todo fiel a la causa de la clase trabajadora, al compromiso con los excluidos y víctimas de este sistema depredador. Fiel, en definitiva, a la voluntad emancipadora del pueblo, de este pueblo, de su pueblo, de todos los pueblos del mundo y de su derecho a decidir libremente su destino. Por eso, más allá de los sentimientos personales, la desaparición de Llorenç supone también una pérdida colectiva irreparable. Una persona comprometida hasta la médula, un militante incansable, un revolucionario lúcido con la cualidad esencial de todo revolucionario: tener una precisa capacidad analítica, como base y guía de la acción colectiva.

En estos últimos años, ya alejado de CGT, pudimos seguir compartiendo conversaciones políticas marxistas y también personales y comprobar el dolor que le producía la realidad social de personas que se encontraban en situación de desprotección. Aunque ciertamente él no se encontraba en las mejores condiciones de salud, siempre quería saber qué recursos se podían buscar para dar una salida digna a las personas a las que este “gobierno de talibanes precursores de la injusticia social” había llevado a condiciones extremas.

Llorenç escondía detrás su apariencia tímida todo un jardín exuberante, frondoso de ideas y proyectos. A lo largo de su vida militante en el sindicalismo y en la política nos deja, además de un testigo único de generosidad militante, una obra que haríamos bien en valorar en toda su dimensión: su correspondencia, sus artículos, su Web Ixent (http://www.ixent.org), su tarea incansable de la investigación política e histórica, suponen en su conjunto una sólida aportación a la memoria colectiva como base del proyecto emancipador.

Te echaremos de menos, compañero. Sin ti la revuelta pierde revoluciones, empuje, fuerza y clarividencia. Pero será tan solo durante unos segundos, unos días. Porque después, tu memoria y tu coraje nos volverán a empujar por los caminos que traen a la utopía. Sin duda, Llorenç, nos encontraremos en Ítaca. Hasta entonces, buena persona, buen amigo, compañero, que tengas un buen viaje.

Mallorca, 27/06/ 2015



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