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Tribuna VIENTO SUR
Elecciones en Dinamarca: pierde la austeridad, pero no gana la izquierda
27/06/2015 | Michael Voss

La coalición gubernamental saliente, dirigida por la socialdemocracia, sufrió una derrota sin paliativos en las elecciones el 18 de junio. Pero también perdió el partido líder de la oposición de derechas. Los ganadores fueron diferentes partidos que se sitúan al margen de estas grandes corrientes políticas.

Las recientes elecciones parlamentarias en Dinamarca se pueden interpretar de diferentes maneras; el resultado no es inequívoco. Estas elecciones tuvieron lugar sobre el telón de fondo de los comicios de 2011, que dieron lugar a un gobierno de coalición de centro-izquierda encabezado por la socialdemocracia. La victoria de la socialdemocracia se basó en el profundo malestar de la clase obrera, de los sectores sociales marginados y de las capas progresistas y humanistas ante la política impulsada por el gobierno de la derecha durante los 10 años precedentes. Las y los activistas sindicales desarrollaron una campaña activa a favor de un cambio de gobierno que implementara la igualdad y el Estado de bienestar frente al desmantelamiento de este último. Desde el momento en que el nuevo gobierno anunció su programa, comenzó a decepcionar a su electorado, ante todo por admitir que debía respetar la política económica del la UE y del gobierno precedente. Esto ha dio lugar a una amplia resignación. Cada sondeo de opinión posterior a las elecciones de 2011, mostraba que la mayoría apoyaba a la oposición de derechas. Ni siquiera el crecimiento de Enhedslisten / Alianza Rojiverde pudo contrarrestar esta tendencia. Cuando solo faltaban dos semanas para las elecciones de 2015, las encuestas auguraban una batalla muy reñida.

Los dos bloques

En estas elecciones se conformaron dos bloques enfrentados: el “bloque azul”, que constaba con el apoyo de los grandes medios de comunicación, y el “bloque rojo”. El bloque azul estaba formado por cinco partidos de derechas: el histórico Partido Conservador, el histórico partido liberal “Venstre”, el nacionalista y xenófobo Partido Popular Danés, la moderna y joven Alianza Liberal y el Partido Demócrata Cristiano (sin escaños ni antes ni después de las elecciones). Bastante antes de la campaña electoral, estos partidos dieron a conocer su apoyo al líder del Partido Liberal, Lars Løkke Rasmussen, para encabezar el nuevo gobierno. El bloque rojo los constituían los partidos que apoyaban a la líder socialdemócrata y primera ministra saliente, Helle Thorning-Schmidt, para encabezar el nuevo gobierno: el Partido Socialdemócrata, el partido social-liberal “Radikale” (que no tenía nada de social, pero que formaba parte del gobierno saliente), el Partido Socialista Popular (que formó parte de la coalición gubernamental hasta hace un año), la Alianza Rojiverde y un partido totalmente nuevo, La Alternativa (que caracterizaremos más abajo). En la tradición parlamentaria danesa, apoyar a un líder para primer ministro no implica otorgarle un apoyo político explicito.

Derrota del gobierno saliente

El bloque azul ha ganado las elecciones con una escueta mayoría. Tomando en cuenta los resultados de los tres partidos que formaban parte del gobierno de coalición, en conjunto han perdido 12 escaños en un parlamento de 179. Fueron castigados por las políticas de austeridad neoliberales. La pérdida de la coalición fue provocada por las pérdidas de los dos socios menores, el Partido Popular Socialista y el Partido Social-Liberal. Ambos perdieron la mitad de sus votos precedentes. El Partido Socialdemócrata mejoró un poco, ganando tres escaños, principalmente porque Helle Thorning-Schmidt llevó a cabo una campaña muy profesional y porque tiene más credibilidad que su oponente Lars Løkke Rasmussen, que ha estado involucrado en varios escándalos en los últimos cuatro años a cuenta de sus negocios privados.

En estos días y horas, Lars Løkke Rasmussen está negociando con los demás partidos del bloque, pero no es tarea fácil. En primer lugar, porque su partido es el gran perdedor de las elecciones. El Partido Liberal cayó del 26,7 % de los votos al 17,1 %. En segundo lugar, porque sus aliados empujan en direcciones diferentes. El Partido Conservador está muy próximo al Partido Liberal, pero se encuentra en declive permanente desde hace 25 años, y ahora está cerca de la extinción, con solo el 3,4% de los votos.

Entre el nacionalismo de derechas y la socialdemocracia

El gran ganador de las elecciones es el Partido Popular Danés (PPD), que subió del 20,1 % al 21,1 %, lo que ha constituido un tremendo golpe no solo para la izquierda y los demás progresistas, sino para toda la clase política. El PPD se ha construido como un partido nacionalista, contrario a la inmigración y a la acogida de refugiados extranjeros. A pesar de no formar parte de la coalición gubernamental, tuvo una gran influencia en el gobierno de derechas de los años 2001 a 2011. Es un partido que a lo largo de los años ha logrado determinar la agenda política, tanto ante los partidos de derechas como ante la socialdemocracia y el Partido Popular Socialista, hasta el punto de convertir la actual campaña electoral en una competencia entre el partido liberal, los conservadores, la socialdemocracia y el PPD sobre quien era más “duro contra los refugiados”.

Sin embargo, la xenofobia no es el único factor que explica el crecimiento del PPD. Durante años, este partido se ha creado un perfil de defensor del Estado de bienestar y del sector público, mientras que el partido liberal preconizaba el “crecimiento cero”. En realidad, “crecimiento cero” significa recortes profundos, porque existe un incremento automático de los costes de una parte de los sectores del bienestar público. Por ejemplo, cada vez hay más personas mayores que necesitan cuidados. Del mismo modo, el PPD prometió incrementar las prestaciones por desempleo, que en 2010 él mismo ayudó a recortar. Sobre esta cuestión han adoptado la posición del ala izquierda de la socialdemocracia. Esto es fundamental para comprender el éxito del PPD, que ha hecho suyas posiciones que ha abandonado la socialdemocracia. Numerosos estudios muestran que el PPD ha ganado muchos de los antiguos votantes del Partido Socialdemócrata. Hay quien incluso caracteriza al PPD de nueva socialdemocracia.

Varias opciones gubernamentales

Al dotarse de este “perfil social” del PPD, no es de extrañar que los ultraliberales de la Alianza Liberal presionen al candidato a primer ministro en sentido opuesto. En estos momentos, lo más probable es que se termine constituyendo un gobierno minoritario basado exclusivamente en su partido. A partir de ahí, puede establecer diferentes mayorías en función de las distintas iniciativas políticas y no tendrá problemas para incluir a la socialdemocracia en algunas de ellas. Durante la campaña electoral, Helle Thorning-Schmidt puso mucho empeño en situar a su partido como un partido de centro. La noche electoral dimitió como líder del partido, pero el nuevo jefe, Mette Frederiksen, se mantendrá en la misma línea.

La Alianza Rojiverde avanza de nuevo

La Alianza Rojiverde pasó del 6,7 % de los votos al 7,8 %, lo que constituye un excelente resultado después de que en las elecciones de 2011 hubiera triplicado su número de votos. Nunca antes la izquierda no reformista ha sido tan fuerte en el Parlamento, si excluimos el excepcional resultado del Partido Comunista en las primeras elecciones tras la segunda guerra mundial. Así pues, la Alianza Rojiverde no se vio arrastrada por la caída del partido gubernamental, pese a estar parcialmente identificada con el gobierno. El aumento de votos de la Alianza Rojiverde se dio sobre todo en la periferia de Copenhague y en otras grandes ciudades, lo cual es importante, porque ahora tenemos una presencia nacional real. Una característica especialmente relevante del resultado de la Alianza Rojiverde es el incremento experimentado en zonas de viviendas sociales, en las que viven muchos daneses en paro e inmigrantes. Estas zonas fueron prioritarias para los candidatos y quienes realizaron la campaña y en algunas de ellas se organizaron actividades incluso antes de que se iniciase la campaña electoral. En varias de esas zonas pasó del 20 % al 26 % de los votos obtenidos.

Oportunidades perdidas

Pero este incremento de votos no solo incita a congratularse. Es necesario reflexionar sobre la causa de la Alianza Rojiverde no haya logrado atraer a más votantes que estaban desencantados con los partidos del gobierno. Ya en 2013, las encuestas de opinión mostraban que la Alianza contaba con una apoyo del 13 %. ¿Por qué no ha logrado obtener el apoyo de toda esa gente? Una parte de la explicación puede radicar en el hecho de que el partido centrara su campaña en reivindicaciones inmediatas que supuestamente podían conseguirse sin romper con la lógica del capitalismo. Históricamente la Alianza ha defendido lo que la socialdemocracia defendía hace unas décadas o, más bien, lo que la gente esperaba de la socialdemocracia. El objetivo declarado de “empujar al gobierno” hacia la izquierda –que no tuvo éxito– dejó la impresión de que hasta cierto punto la Alianza participaba del proyecto gubernamental. En cualquier caso, la seña de identidad del partido ha sido la de no ser una partido alternativo antisistema.

La Alternativa hippie

La necesidad de una Alianza más antisistema ha quedado reflejada en el éxito de un partido totalmente nuevo, La Alternativa. Este partido, nacido hace un año, ha obtenido el 4,8 % de los votos. Creada por un exministro del partido social-liberal, Radikale, que abandonó ese partido, la política de La Alternativa no está formulada en términos tradicionales, sino con visiones de una manera de vivir más post-hippie. Constituye una mezcla extraña de una política verde, humanista y antitecnocrática, combinada por una parte con la reivindicación de una semana laboral de 30 horas y, por otra, con el apoyo a pequeñas empresas independientes e innovadoras. Este partido ejerce un fuerte atractivo entre quienes algunos llaman las clases creativas, pero también llega a los empleados públicos e incluso a jóvenes que votan por primera vez. Su campaña no beligerante y abierta atrajo a mucha gente que está cansada de los políticos agresivos, que no tienen grandes desacuerdos pero que luchan por el poder.

El sistema pierde el control de los votantes

Esto me lleva a lo que quizás constituya la característica más importante de estas elecciones: el declive de los partidos políticos tradicionales de Dinamarca, con una historia de 25 años o más. La única excepción es la del Partido Socialdemócrata, que ha crecido un poco, aunque solo para recuperar el nivel que tenía en 2001, lejos de los resultados históricos del partido. Entre todos los viejos partidos solo han obtenido el 58 % de los votos. Lo más relevante es que se trata exactamente de los partidos que están directamente identificados con las políticas de austeridad neoliberales implantadas por las dos coaliciones gubernamentales precedentes.

Por otra parte, están los partidos que no han participado nunca en el gobierno. Como hemos señalado más arriba, son muy diferentes unos de otros, desde los neoliberales a los nacionalistas, desde los ingenuos social-liberales a los anticapitalistas. Lo que tienen en común es su oposición –formulada desde posiciones diferentes– a las políticas aplicadas. El electorado los ve como partidos distintos, pese a que esto podría haber sido más explícito en el caso de la Alianza Rojiverde. Estos cuatro partidos fueron premiados con un significativo aumento de los votos. Los partidos alternativos, los partidos de la protesta, recibieron en conjunto el 42 % de los votos, lo que demuestra que a pesar de bajo nivel de la lucha de clases y de la aparente tendencia a la derecha que presenta el comportamiento electoral, existe un descontento de fondo y un anhelo de cambio real.

Tiempos duros y retrocesos

Cuando se establezca el nuevo gobierno y la nueva mayoría comience a implementar sus políticas, el pueblo trabajador va a vivir momentos difíciles. Estas políticas afectarán sobre todo a los inmigrantes, a los refugiados y a quienes se benefician de la asistencia social, pero también a sectores más amplios de la población, que sufrirán los recortes del gasto público. Junto a ello asistiremos a un retroceso en las políticas de derechos y las políticas climáticas y medioambientales. Ahora bien, estas políticas van a sacudir aún más la vieja estructura de partidos. Y quienes apoyan a los nuevos partidos de derechas se alejarán de ellos. Otro dato no menos importante es que el descontento de fondo permitirá construir resistencias y llamar a construir una alternativa de izquierdas tanto frente al bloque azul como frente a la socialdemocracia. Esta es la perspectiva que plantea el SAP, la sección danesa de la IVª Internacional (Leer el comunicado).

24/06/2015

Traducción: VIENTO SUR

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