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Grecia
Escenarios y alternativas en el campo de batalla griego
24/06/2015 | Daniel Albarracín

El acuerdo de Grecia con sus acreedores está llegando a su término en un momento en el que los requerimientos de devolución de los préstamos se hacen más
fuertes y en el que el pago de la deuda griega sería imposible sin el desembolso goteo a goteo de las instituciones europeas.

En este contexto, el proceso de negociación se endurece, con posiciones y estrategias diferentes que pueden dar pie a diferentes escenarios.

En el campo griego Syriza se presentó a la negociación de buena fe, planteando la dignidad moral y una racionalidad inteligente. En un primer momento,
Varufakis mostró su modesta propuesta para Europa en los siguientes términos: de una deuda del 180% del PIB, se canjearía una pequeña parte en deuda
perpetua (pagar sólo los intereses a largo plazo) y el resto se pagaría en función del crecimiento de la economía griega. Esta propuesta suponía dar por
bueno el 120% de deuda. Según él, la estrategia para una solución paneuropea sólo podía basarse en la inteligencia y a la moral.

El problema que se encontró es que el adversario, las "instituciones" (como se rebautizó la Troika) estaba en las antípodas de la buena fe y además no
estaba dispuesto a discutir en unos términos que no eran los suyos. En todo el proceso de negociación, la tónica del Eurogrupo ha sido la intransigencia, y
las dudas que han podido existir en su seno responden a diferentes matices que las élites europeas guardan entre sí.

En las negociaciones, Syriza hace un llamamiento a los valores, a la solidaridad, a los acuerdos de beneficio mutuo. Ahora bien, ese tipo de acuerdos no
existen en la relación entre acreedores y endeudados; menos aún cuando el que los acreedores transigieran crearía un mal precedente para otros gobiernos
que se encuentran en situación similar.

Por eso, al basar toda la solución en la "responsabilidad histórica" del Eurogrupo, el gobierno de Tsipras y su negociador Tsakalotos están bastante
indefensos. Entre otras cosas, porque no han definido un plan de actuación en caso de ruptura, ni han interpuesto una moratoria y control de movimiento de
capitales en el proceso de negociación. Tampoco se ha invocado a los riesgos de la disolución de la eurozona o los costes de una ruptura.

Por el contrario, el acuerdo alcanzado en febrero con el propósito de ganar tiempo, que ya ponía en sordina la aplicación del Programa de Salónica con el
que Syriza ganó las elecciones, fue un acuerdo que no suponía ningún avance en el terreno material.

Actualmente, la dinámica de las negociaciones está regida por una permanente marcha atrás en las líneas rojas que había establecido el gobierno de Tsipras.

Ya, no sólo se aceptaría una modificación del IVA, o una reforma laboral que conduzca a nuevas caídas de los salarios, sino que también se aceptarían
cambios en el acceso a las pensiones/1.

Tsipras ya sólo tiene la vista puesta en llegar a un acuerdo como sea y en poder justificarlo, porque no ha preparado a su gobierno para un escenario
alternativo. Es decir, para una ruptura exigiría un plan serio para responder a las adversidades y que implicaría desarrollar un control del movimiento de
capitales y una intervención bancaria, y establecer medidas monetarias extraordinarias. Medidas que pueden consistir bien en la emisión de pagarés (un euro
devaluado), dinero electrónico o establecer un nuevo banco central que emita una nueva moneda. Una ruptura implica declarar un amplio impago selectivo y
establecer lazos con otros países para contar con flujos de financiación y energía. Una ruptura necesita poner en pie una fuerte reforma fiscal para
emprender inversiones orientadas a conseguir una economía autocentrada.

En el lado de los acreedores hay diferentes actores. Merkel y Obama quieren un acuerdo, pero uno que ponga de rodillas al gobierno de Syriza; partiéndole
en dos, sin expulsarles del euro pero sin oxígeno financiero suficiente para poder desarrollar sus reformas. Un acuerdo que, por razones energéticas,
militares y para dejar intacta la credibilidad de la moneda única, mantenga a Grecia en el marco geoestratégico occidental. Pero los poderes financieros
privados, encarnados en la figura de Schauble, tienen como objetivo castigar a Grecia con el objetivo de disciplinar a otros países y, de paso, enviar un
mensaje a los pueblos de Europa de que es políticamente irresponsable e inútil votar por alternativas antiausteritarias. Schauble y los que le secundan
quieren una Europa disciplinada, que primero debilite a los países de la periferia, luego a Francia, y finalmente ofrecer, cuando Alemania alcance su papel
subimperial, una integración económica, fiscal y política, en términos beneficiosos para su país, y regresiva económica y políticamente para Europa.

Si de algo nos ha servido la auditoría de la deuda pública griega en la que hemos participado, es para averiguar que estamos tratando únicamente ante una
situación financiera, y que el arma económica también transforma políticamente a Europa.

La auditoría de la deuda griega ha servido para poner al descubierto que:

  • En primer lugar, la arquitectura del Sistema euro conduce a la periferia a una situación endeudada y subalterna permanente, inclinada a la
    devaluación interna.

  • En segundo lugar, que mediante los mal llamados rescates, se impusieron memorandos de entendimiento y condiciones que condujeron, en especial en el
    caso griego, a una depresión sólo comparable a una crisis bélica.

  • En tercer lugar, que los poderes financieros privados han empleado o influido en las instituciones públicas para evitar sus riesgos ante unos
    préstamos que se dieron en su día, aún a sabiendas de que quien los recibía carecía de la solvencia suficiente. Los concedieron porque sabían que
    el BCE o el FMI o los estados saldrían a su rescate. Se estaba orquestando una portentosa operación de socialización de pérdidas o de las deudas
    privadas, o de evitarles a los prestamistas irresponsables las pérdidas de un posible impago.

  • En cuarto lugar, pero muy importante, que ante la crisis de la Eurozona, lo que en el sistema financiero privado entienden como corsés reguladores,
    se ha respondido con una fórmula perversa mancomunando deudas y empleando el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera y a su sucesor el Mecanismo
    Europeo de Estabilidad Financiero como instrumento de dominación financiera. Nos estamos refiriendo al Fondo establecido por una serie de estados
    miembros para "prestar" a países en crisis (y dar soporte de facto a la banca privada en crisis) y someter a la prisión de deuda (Phillippe
    Legrain) a dichos países, para definir desde fuera su política económica.

En fin, siendo todo esto así, a Grecia le corresponde no sólo enfrentarse a una crisis de deuda, sino a la ofensiva reaccionaria de los poderes privados
transnacionales centroeuropeos. Enfrentarse llamando a la solidaridad de los pueblos europeos para combatir la involución antidemocrática de primer orden
que se está operando en la Unión Europea. Si no lo hace, sucederá que la primera experiencia de un gobierno de izquierdas en la Europa del Siglo XXI habrá
fracasado. Y los caminos para otra Europa serán aún más difíciles todavía.

24/06/2025

Daniel Albarracin, forma parte del Comité que audita la deuda griega.

Notas:

1/
La última propuesta del gobierno de Syriza conlleva un esfuerzo de ahorro de 8 mil millones de euros en los dos próximos años; 2,7 mil millones en 2015 y
5,2 mil millones en 2016) a partir de recortes presupuestarios e incrementos de impuestos y cotizaciones sociales. En términos globales, esta carga se
repartiría de la siguiente forma:

  • 4,5 mil millones (es decir, el 57 % del total) con cargo a los salarios y pensiones;

  • 2,8 mil millones (35 %) con cargo a las empresas y las rentas altas



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