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Tras las elecciones del 24M
Un gran error de Podemos: el desprecio del valencianismo
06/06/2015 | Enric Gil Muñoz

En el País Valenciano, Podemos ha sido la fuerza política menos votada de las que han conseguido representación en las Cortes Valencianas el pasado 24M: el PP, el PSPV-PSOE, Compromís e incluso Ciudadanos lo han superado en número de votos. Si tenemos en cuenta las altas expectativas que tenían, es muy dudoso que sus militantes y simpatizantes estén satisfechos de un resultado así. Dentro del campo de las fuerzas progresistas, Podemos ha sido superado con creces por Compromís: concretamente, la formación valenciana ha obtenido 173 058 votos y 6 escaños más que la de Pablo Iglesias. ¿Cuál es la razón de esta diferencia tan acentuada? Sin duda pueden haber muchas, pero aquí nos centraremos en una que consideramos de gran importancia. Concretamente, la tesis que defenderemos en este artículo es que Compromís tiene una visión mucho más completa e inclusiva de la democracia y de los derechos humanos, puesto que es un partido que defiende, al mismo tiempo, los derechos sociales y los derechos culturales/nacionales de las y los valencianos. Por el contrario, Podemos, si bien acierta a la hora de ligar democracia y derechos sociales, limita gravemente su potencial rupturista al no tomar una postura clara respecto de todas aquellas cuestiones que tienen que ver con el carácter plurinacional del Estado español. Esto se ha traducido, en el País Valenciano, en un desprecio del valencianismo que le ha pasado factura, electoralmente hablando (valencianismo del cual Compromís es, precisamente, uno de los herederos y representantes políticos).

¿Por qué Podemos ha despreciado el valencianismo? Habría dos posibles explicaciones para este desprecio, una superficial y otra más profunda. La explicación más superficial (pero no por eso falsa) sería la que vincularía el “a-valencianismo” de Podemos con una estrategia electoral muy meditada. Dicha estrategia electoral tendría una finalidad: llegar a las instituciones para gobernarlas lo más rápidamente posible; y un medio para conseguirlo: evitar tomar una posición muy clara y definida en todas aquellas cuestiones que sean menos susceptibles de suscitar amplios consensos sociales. Dicho de otro modo: los posicionamientos nítidos y contundentes de Podemos en temas polémicos impedirían que la gente más de derecha y conservadora les votara. Por lo tanto, era necesario evitarlos (tales tipos de posicionamientos controvertidos) si querían ocupar la centralidad del tablero político, y no sus márgenes. Esto, aplicado al contexto valenciano, quería decir: convertir todo aquello relacionado con la cuestión nacional valenciana en uno tema tabú/1, y centrarse casi exclusivamente en la defensa de los derechos sociales. ¡Cómo si no se pudieron defender ambos tipos de derechos a la vez, tal y cómo ha hecho Compromís (y también la candidatura Acord Ciutadá, desgraciadamente fuera de las Cortes, o las CUP, que ya han conseguido entrar en algunos ayuntamientos valencianos)! La autocensura “a-valencianista” en Podemos ha tenido varias ejemplificaciones, algunas de las cuales bastante ridículas:


- Los múltiples casos de interrupción a aquellos participantes de las reuniones de los círculos que osaban expresarse en valenciano (la tristemente célebre frase: “¡En castellano, por favor!”).


- La participación en el partido, incluyendo la presencia en sus cargos directivos, de personas con evidentes prejuicios anticatalanistas.


- La no inclusión de ninguna referencia a la defensa de los derechos lingüísticos de los valencianos catalanohablantes en los documentos políticos y organizativos de ninguno de los equipos que compitieron por la dirección del partido en el País Valenciano (tampoco en el de la candidatura presuntamente “crítica” representada por Entre todos podemos). Los miembros del equipo Construint País fuimos los únicos que adoptamos un compromiso claro al respeto/2.


- Repetición de los tópicos sobre el bilingüismo y el multiculturalismo o mestizaje cultural de los valencianos, empleados como excusa para no comprometerse en la defensa de la lengua en situación más precaria en el País Valenciano, que no es otra que la catalana.


- El uso sin complejos de la denominación reaccionaria “Comunidad Valenciana”, censura de la denominación progresista “País Valenciano”, circunloquios absurdos para no emplear ni una expresión ni la otra (“los ciudadanos de las provincias de Alicante, Valencia y Castellón”) o no utilizar directamente ninguna designación territorial (como en su página de facebook, denominada simplemente PODEM/PODEMOS).

Pero la gente de Podemos en el País Valenciano ha podido comprobar, con los resultados de estas elecciones autonómicas, las limitaciones de esta estrategia electoral: el 24M ha servido para mostrarnos, a todos los valencianos y valencianas (¡también a ellos!), que cuando despertamos de la pesadilla de 20 años de gobiernos del PP, el valencianismo, como el dinosaurio del famoso microrelato de Augusto Monterroso, todavía estaba allí. O mejor dicho: si hemos podido despertar de esta pesadilla ha sido precisamente porque el valencianismo ha estado siempre ahí, nunca se ha ido del todo. Un valencianismo que se ha traducido no sólo en los 452 654 votos de Compromís, sino también en los 106 047 de Acord Ciutadà, la otra candidatura “catalanista” a las Cortes (sin olvidar los conseguidos por las CUP en algunas localidades). Las dos candidaturas valencianistas a la Generalitat Valenciana han sumado un total de 558 701 votos, 53 515 más que el PSPV-PSOE (que ha obtenido 505 186), y 279 105 más que Podemos (¡casi el doble!). Dicho de otro modo: ha habido 558 701 valencianos (casi el doble de quienes han votado a Podemos: ¡recordémoslo!) a los cuales, cuando menos, no les ha importado dar su voto a candidaturas innegablemente comprometidas en la construcción del País Valenciano.

Hasta aquí la explicación superficial, estratégica, del desprecio al valencianismo por parte de Podemos. Pero hay otra explicación, más profunda, más ideológica: se trata de la hegemonía que el nacionalismo español tiene todavía en esta formación. Lejos de representar ninguna postura políticamente innovadora o rupturista, el “a-valencianismo” del partido de Antonio Montiel no es más que una nueva expresión del españolismo de siempre. Porque únicamente desde el etnocentrismo españolista y desde el sucursalismo se puede entender el desconocimiento y/o incomprensión que esta formación ha mostrado por el valencianismo: éste no es un sentimiento identitario, ni una obsesión patológica por discutir sobre símbolos, banderas y nombres (tal y como parece dar a entender Ferran Martínez/3), sino un movimiento político, social y cultural que, desde su eclosión en la década de los 60 del s. XX (sin olvidar sus antecedentes republicanos, y todavía anteriores), ha ido siempre ligado a la defensa de los valores democráticos y progresistas. Se podría decir que el valencianismo contemporáneo es la forma específicamente valenciana del antifranquismo: ésta es su aportación positiva, que diría Francesc Viadel/4. Por lo tanto, en la medida que el Régimen del 78 es la continuación del franquismo con medios (aparentemente) democráticos, un partido que pretenda romper con el sistema político de la Transición en tierras valencianas se quedará a medio camino si prescinde de la herencia y de la vitalidad de aquella “revolución tranquila” (en expresión de Toni Mollà) que tuvo en la figura de Joan Fuster su principal referente.

Este rechazo por parte de Podemos del movimiento valencianista es el que explica su estrecha visión de la democracia y de los derechos humanos. Una visión donde no tiene cabida un reconocimiento claro y contundente de los derechos lingüísticos, culturales y nacionales de los valencianos, a diferencia de lo que pasa con las candidaturas valencianistas Compromí, Acord Ciutadà o las CUP (que empiezan a obtener, insistimos, representación municipal también en el País Valenciano), que tienen por eso un planteamiento más rico e inclusivo. Concretamente por lo que respecta a Compromís, si bien es cierto que esta formación no es explícitamente independentista ni “pancatalanista” (como lo son ERPV o las CUP), su éxito ha demostrado que es posible hacer, a la vez, una defensa razonable de los derechos sociales y de los derechos nacionales de los valencianos, sin que esto te convierta necesariamente en un fuerza minoritaria, en los márgenes del tablero político/5. En su momento, cuando el partido todavía se estaba construyendo, las personas que integrábamos el equipo Construint País intentamos valencianizar Podemos, reivindicando también la posibilidad y la necesidad de defender, al mismo tiempo, ambos tipo de derechos, sin renunciar a nada. Pero cuando algunos nos dimos cuenta de que una postura así, en el partido de Pablo Iglesias, era minoritaria, decidimos dar un paso atrás. Pero ahora hemos visto cómo Podemos, rehuyendo toda la temática “catalanista”, no ha conseguido con esto situarse en el centro de este tablero, sino precisamente en sus márgenes, y además superado en votos por Ciudadanos.

Tendrían que aprender de esta experiencia, y reconocer que cualquier ruptura con el Régimen del 78 será incompleta si no se cuestiona, también desde el “centro” (y, por supuesto, desde las respectivas sucursales), uno de sus principios ideológicos básicos: el nacionalismo español. En este sentido, tendrían que tener en cuenta tres cosas. Primero, que ellos, solos, no podrán acabar con la Segunda Restauración Borbónica: necesitan de la colaboración de las diversas izquierdas “periféricas” (tal y como se ha visto claramente en el caso valenciano, pero también en otros lugares). Segundo, que todas las libertades son solidarias: por eso, nos hace falta no una ruptura, sino varias rupturas, no un proceso constituyente, sino varios procesos constituyentes. Y tercero, que el resultado de todas estas rupturas, de esta pluralidad de procesos constituyentes, no tiene por qué tener un único resultado fijado de antemano (la sempiterna unidad de España). Esto es una cosa que tendrá que decidir cada pueblo.


Enric Gil Muñoz, Plataforma por el Derecho a Decidir del País Valenciano.

Notas:

1/Ya hablamos de este tema en un artículo anterior: http://www.vientosur.info/spip.php?article9726

2/http://www.laveupv.com/noticia/12511/construint­pais­prepara­el­seu­projecte­per­al­proces­constituent­de­podem

3/http://www.eldiario.es/cv/opinion/Identidad­herejia_6_372772721.html

4/VIADEL, FRANCESC, Valencianisme, l’aportació positiva, PUV, València, 2012. También podéis ver el artículo: https://francescviadel.wordpress.com/2015/05/30/el­pais­valencia­i­laportacio­positiva­del­valencianisme/

5/Para un análisis de las diversas propuestas electorales en cuanto a política lingüística: http://opinions.laveupv.com/per­la­igualtat­linguistica/blog/5361/que­diuen­de­politica­linguistica­els­programes­electorals. Según Francesc Esteve, en el programa marco para las autonómicas de Podemos no hay ninguna mención a la protección de las lenguas diferentes al castellano, y en el programa específico de Podeos en el País Valenciano, las propuestas de política lingüística son muchas menos que las de Compromís o Acord Ciutadà, así como mucho más inconcretas.



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