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Consecuencias de las políticas neoliberales
Desigualdades y crisis social en Europa
02/06/2015 | Roland Pfefferkorn

A partir de la crisis de 2008, desde la OCDE /1 hasta la Comisión Europea /2 y diversas instituciones nacionales de estadística /3 a la Confederación Europea de Sindicatos /4, todo el mundo está de acuerdo en una constatación /5: en el curso de los últimos decenios las desigualdades sociales han aumentado de forma considerable.

1. Una constatación unánime: el aumento de las desigualdades desde hace tres decenios

Y no solo en Grecia o en España, pues la constatación es idéntica para Suecia o Alemania. En 25 años la sociedad sueca ha conocido un aumento considerable de las desigualdades /6, según la OCDE ha registrado entre 1985 y 2008 la mayor progresión de la pobreza monetaria de los países industrializados /7. En Alemania una persona de cada seis está ya amenazada de pobreza /8. Caritas Europa denuncia el aumento de la pobreza y de las desigualdades en toda Europa, y más en particular en los siete países más afectados, es decir, Grecia, España, Portugal, Irlanda, Italia, Chipre y Rumania /9. En seis años, de 2009 a 2014, 800 000 españoles han abandonado su país. El último año, eran aún 125 000 los que se iban. En Grecia un tercio de la población ha sido privada del seguro de enfermedad y de acceso a la atención sanitaria. En Francia es el servicio central de información territorial del Ministerio del Interior, dicho de otra forma, la policía y la gendarmería, quien se inquieta por la situación en los hospitales y la saturación de las urgencias hospitalarias /10. En su último informe Benchmarking Working Europe 2014, la Confederación Europea de Sindicatos (CES) y su centro técnico, el Instituto Sindical Europeo (ETUI), denuncian el “aumento de las desigualdades sociales, el debilitamiento de los mecanismos de solidaridad nacional y el desmantelamiento de los modelos sociales nacionales”.

Desde hace algunos años incluso la OCDE, institución económica ultra convencional y favorable durante decenios a las políticas neoliberales, se alarma sobre el tema. Michael Förster, analista de las políticas sociales para la institución y coordinador del informe 2012 sobre la evolución de las desigualdades de rentas en el seno de los países ricos /11, señalaba ya sin la menor ambigüedad la progresión de las desigualdades de rentas en la mayor parte de los países ricos desde mediados de los años 1980. El tema de las desigualdades emergió incluso en Davos en enero de 2014.

Ya, en mayo de 2015, el secretario general de la OCDE, Angel Gurría, se alarmaba por esta progresión sin precedentes en un preámbulo al último informe: “Hemos alcanzado un punto crítico. Las desigualdades en los países de la OCDE no han sido jamás tan elevadas desde que las medimos. Las cifras prueban que las desigualdades crecientes dañan el crecimiento. De cara a una acción política, el asunto es tanto social como económico. No atacando el problema de las desigualdades, los gobiernos destruyen su modelo social y ponen dificultades para su crecimiento a largo plazo/12. Se trata de un cambio radical de la doctrina en el seno de la OCDE que ha defendido durante mucho tiempo la idea de que el aumento de las desigualdades era el precio a pagar por una mayor eficacia de la economía en virtud de una supuesta teoría del goteo que pretendía que la riqueza de algunos, incluso de un número pequeño de personas, acabaría por caer como una lluvia fina sobre todos. El informe precisa: “Las desigualdades de rentas han alcanzado niveles récord en la mayor parte de los países de la OCDE y se mantienen a niveles más elevados aún en numerosas economías emergentes. Hoy, en la zona OCDE, el 10% más rico de la población tiene una renta de actividad que es 9,5 veces superior a la del 10% más pobre, cuando la proporción era de 7,1 en los años 1980 y 9,1 en los años 2000”. Esta subida concierne a países reputados por su nivel elevado de desigualdades, como el Reino Unido, pero también a países de Europa más igualitarios como los países escandinavos /13.

Cuando las desigualdades progresan hay perdedores, muchos perdedores, pero hay también ganadores. Jamás las revistas especializadas como Forbes /14, Manager Magazin /15 o Challenges han contado tantos multimillonarios y jamás los multimillonarios han sido tan ricos. Por ejemplo, según la revista Challenges, en Francia, las 500 mayores fortunas han sido multiplicadas por cinco desde 1996 y la de los 10 primeros de la clasificación por siete /16. El estudio sobre las grandes fortunas, publicado en el otoño de 2014, por Crédit Suisse /17 acaba de confirmar el informe anterior de la ONG Oxfam /18: la concentración de las riquezas alcanza un nivel inigualado desde los años 1920. El 1% de los más ricos tiene el 48% de la riqueza mundial. En definitiva, la distancia social entre las oligarquías y el resto de la población no ha dejado de aumentar.

El aumento de las desigualdades es el resultado de las políticas neoliberales

Este aumento de las desigualdades sociales en Europa es el resultado de la puesta en marcha de una política sistemática de ruptura con losanteriores equilibrios de compromiso elaborados en Europa occidental y los Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial. Las políticas neoliberales fueron puestas en marcha a partir de finales de los años 1970. Como explica Alain Bihr /19, a nivel del proceso de reproducción de las relaciones de clase, la tercera edad del capitalismo se caracteriza en particular por el establecimiento y el mantenimiento de un compromiso entre capital y trabajo asalariado, el famoso compromiso fordista, fundado en un reparto de las ganancias de productividad entre crecimiento de los salarios reales (directos e indirectos) y crecimiento de las ganancias hecho posible por la generalización de la taylorización y de la mecanización de los procesos de trabajo. Este compromiso estaba asumido y garantizado por los Estados nacionales. Diferentes instituciones y procedimientos contribuían a ello: la institucionalización y la animación de un diálogo permanente entre las diferentes clases sociales (más exactamente entre sus organizaciones representativas: profesionales, sindicales, partidarias, etc.) y el desarrollo con este fin de las estructuras de negociación entre los diferentes interlocutores sociales (la expresión nació para designar la pacificación de la lucha de clases en y por el compromiso fordista). Este período 1945-1970 estaba igualmente marcado por la puesta en pie o la extensión de un conjunto de servicios públicos (electricidad, agua, correos, salud, escuela…) en el conjunto de los territorios nacionales.

El giro neoliberal se produjo a finales de los años 1970 o comienzo de los años 1980 en Europa. La evolución regresiva es perceptible muy pronto y resulta medible por la estadística pública desde los años 1990 /20. Los primeros trabajos empíricos que pusieron en evidencia el ascenso de las desigualdades sociales se enfrentaron sin embargo durante mucho tiempo al silencio de los grandes medios y discursos de negación. Ya no ocurre así. Algunos de los defensores del orden capitalista temen ahora incluso que la amplitud de las desigualdades venga a alimentar un movimiento de puesta en cuestión de este orden.

Esas mismas políticas neoliberales han producido efectos más contrastados en el seno de los países del Sur. El hundimiento de las economías dirigidas de los Estados de Europa Central y Oriental y la adopción a marchas forzadas de la economía de mercado, a golpe de terapias de choque preconizadas por los Chicago boys, han hecho crecer las desigualdades, tanto las sociales como las de desarrollo entre regiones o países integrados, en una posición subalterna, a la dinámica de los sectores capitalistas que dominan la Unión Europea, y las irremediablemente marginadas. El continente europeo está reunificado ya bajo la ley del capitalismo liberalizado.

La liberalización del movimiento de los capitales y de las mercancías ha jugado un papel esencial. El aumento resultante en la competencia internacional y en primer lugar en la puesta en competencia de los trabajadores asalariados ha tenido por efecto la caída de la parte de los salarios en el valor añadido y el aumento de las desigualdades. Contribuyen a ello a la vez las deslocalizaciones, la desreglamentación de los mercados de trabajo, la revisión a la baja de las normas de protección social, la progresiva reducción del campo de intervención de los Estados y de las colectividades públicas, todo ello con el trasfondo de un persistente fuerte paro estructural, de unacreciente precariedad del empleo y de un debilitamiento de la capacidad de conflicto de los trabajadores asalariados /21.

3. El papel de las instituciones europeas

El cuadro sería incompleto sin decir una palabra de las políticas realizadas por la Unión Europea (UE). En el artículo consagrado a esta cuestión en el Diccionario de las Desigualdades, Pierre Concialdi /22 presenta sus tres principales medios de acción: el presupuesto europeo, las normas dictadas por la UE, vía directivas o reglamentos y, en fin, el conjunto de recomendaciones o procesos que remiten a lo que se llama la soft law o el derecho flexible y que no tienen, de hecho, ningún carácter vinculante para los estados miembros de la UE.

En lo que se refiere al presupuesto europeo, hay que subrayar en primer lugar su debilidad: éste se elevaba en 2015 a un poco más de 140 000 millones de euros /23, es decir cuarenta y cinco veces menos que el conjunto de los presupuestos nacionales de los Estados miembros. Este presupuesto representa menos del 1% del PIB de la UE. En consecuencia, las políticas realizadas por la UE son de alcance mucho más limitado que las que pueden ser realizadas a nivel de cada Estado. Conciernen principalmente a dos terrenos: la política llamada de cohesión social, que tiene por objetivo ayudar a las regiones y países más pobres a recuperar su retraso y a integrarse en el mercado único ,y la política agrícola común (PAC). Desde 2004, la Unión Europea se ha ampliado a 13 nuevos Estados miembros /24. El montante destinado a esos fondos ha sido reducido precisamente cuando los países entrantes figuran entre aquellos cuyo retraso económico es más importante en relación a los demás países miembros de la UE /25. La parte asignada a los nuevos Estados miembros es por tanto bastante más reducida que la que pudo ser atribuida en su momento a otros países “retrasados” (como Irlanda, Grecia, España o Portugal). El efecto de esos fondos sobre la reducción de las desigualdades territoriales no podrá más que ser considerablemente más débil. Y cuando se ve la situación económica y social de los cuatro países citados hay que preguntarse sobre los efectos positivos a largo plazo de la asignación de esos fondos…

Las directivas y los reglamentos constituyen la segunda palanca de acción de las políticas europeas. Son textos legislativos que tienen un valor vinculante para los Estados. La actividad legislativa y reglamentaria de la UE se ejerce en particular en dos terrenos de competencia que tienen un impacto sobre las desigualdades: la libre circulación de los trabajadores y la igualdad de remuneración entre mujeres y hombres. El principal interés de estas medidas es que permiten combatir ciertas formas de discriminación y, por tanto, ciertas desigualdades de situación a la vez que intentan hacer el mercado de trabajo lo más competitivo posible. Su principal límite es que no tienen directamente por objetivo reducir numerosas formas de desigualdad (de rentas, de acceso a la atención sanitaria y la salud por ejemplo) que no son el producto de discriminaciones.

La tercera palanca tiene que ver con lo que se llama la soft law o el derecho flexible. Se concreta principalmente a través de un dispositivo específico, el método abierto de coordinación, que se aplica en los terrenos que siguen siendo esencialmente competencia de los Estados. Es en particular el caso de la protección social que constituye una de las principales herramientas de redistribución y de reducción de las desigualdades. A través del método abierto de coordinación, los Estados definen objetivos no vinculantes y se dan herramientas que permiten evaluar su realización (guías de buena conducta, compartir buenas prácticas, evaluación por los pares, “benchmarking”). En materia de protección social, es significativo observar que “la reducción de las desigualdades no es jamás mencionada como una finalidad posible de un sistema de protección social” y , apenas, “como uno de sus efectos/26.

Sin embargo, la UE pone en marcha muchas otras políticas que, de hecho, tienen un impacto sobre las desigualdades. A este respecto, hay que mencionar el papel de las grandes orientaciones de política económica que tienen un carácter muy estructurante y que limitan la acción de los Estados miembros en las políticas propias que pueden llevar a cabo, a su escala, para actuar sobre las desigualdades y, en particular, sobre las desigualdades sociales. Estas grandes orientaciones de política económica constituyen el principal instrumento de coordinación de las políticas económicas. Definen también objetivos estrictos en materia de déficit y de endeudamiento públicos, en función de criterios primero definidos por el Tratado de Maastricht (1992), luego precisados por el Pacto de Estabilidad y de Crecimiento (1997) y ahora confirmados y endurecidos por el Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza entrado en vigor el 1 de enero de 2013. A lo largo de este proceso, las presiones ejercidas sobre los Estados miembros para el respeto de estos criterios de déficit y de endeudamiento se han vuelto cada vez más fuertes.

En la medida en que la Comisión Europea considera que la subida de los impuestos constituye en general un freno para el desarrollo, deseable en su opinión, de los mecanismos de mercado, las recomendaciones de la Comisión tratan sobre la reducción de los gastos públicos, la mayor parte de los cuales están constituidos por los gastos sociales. Lo que no puede más que debilitar el impacto de las políticas sociales sobre la redistribución de las rentas y la reducción de las desigualdades. De una forma general, las políticas dirigidas o impulsadas a nivel de la UE tienen por eje central la promoción de la “competencia libre y no falseada” y conceden un papel determinante a los mecanismos de mercado. En este movimiento, se asiste a una mercantilización y privatización creciente de la protección social, a un desarrollo de la flexibilidad y de la precariedad del mercado de trabajo, a una privatización de los servicios públicos, otros tantos fenómenos que son fuentes de desigualdades crecientes.

4. Austeridad salarial y degradación de las condiciones de trabajo y de vida

El resultado esencial de la puesta en marcha de las políticas neoliberales ha sido a fin de cuentas la austeridad salarial, más o menos fuerte según las regiones o los países concernidos, dependiendo de las políticas efectivamente puestas en marcha y de las capacidades de resistencia de los trabajadores. Así, estas políticas han contribuido a invertir la dinámica de reducción de las desigualdades sociales que esos estados conocieron hasta mediados de los años 1970, lo que numerosos datos estadísticos y estudios socioeconómicos han confirmado desde entonces /27. Y esto precisamente cuando las ciencias sociales han abandonado relativamente el estudio de las desigualdades sociales y de su agravación durante el mismo período /28.

La bajada de la parte salarial en el valor añadido, observada desde comienzos de los años 1980, va acompañada de un aumento de la parte de las ganancias y de un restablecimiento de la tasa de ganancia. La parte de las ganancias que ha ido a los impuestos ha permanecido poco más o menos constante, la consagrada a los intereses ha bajado porque las empresas se han desendeudado globalmente. La tasa de inversión ha permanecido poco más o menos estable. La evolución más significativa es la parte creciente de los beneficios que van a los accionistas bajo la forma de dividendos. Esto ha aumentado las desigualdades sociales, favorecido la producción de bienes de consumo de lujo, el crecimiento de las burbujas financiera e inmobiliaria e in fine provocado la crisis de 2008.

Además, para los trabajadores asalariados, en particular para los obreros, la condiciones de trabajo se han degradado en el curso de los últimos decenios /29. Según los resultados de la 5ª encuesta de la Fundación Europea sobre las Condiciones de Vida y de Trabajo de Dublín (2010), la proporción de trabajadores expuestos en su actividad profesional a riesgos físicos y químicos ha aumentado desde 1991. Igualmente, el trabajo obrero repetitivo bajo fuertes exigencias de ritmos de trabajo está en aumento. La misma constatación también para los riesgos psicosociales, ligados a formas patógenas de organización del trabajo que pueden conducir al suicidio. Los obreros acumulan los tres, aunque empleados poco cualificados del sector terciario (centros de teléfonos, gran distribución) no escapen a estos riesgos y compartan en gran medida la degradación global de las condiciones de trabajo que concierne también ya a sectores enteros de la función pública desde la introducción del new public management.

Hay que añadir el aumento de la precariedad con el creciente recurso a la subcontratación y la eventualidad, con contratos de duración determinada, los minijobs, etc. Estos procesos acentúan la división social del trabajo y de los riesgos entre trabajadores fijos permanentes de las grandes empresas, aun relativamente protegidos, y trabajadores precarizados, subcontratados o eventuales, encargados en particular del trabajo peligroso (manipulación, mantenimiento, limpieza, gestión de residuos).

En primera fila de las condiciones de trabajo peligrosas figura en particular la exposición a los agentes cancerígenos. Un obrero tiene, en Francia, diez veces más riesgo de morir de cáncer antes de los 65 años que un cuadro superior. Los cánceres profesionales siguen siendo muy desconocidos debido a lo que Annie Thébaud-Mony llama la triple invisibilidad: la ignorancia tóxica, a saber la ausencia de conocimientos de la toxicidad de miles de moléculas químicas introducidas en la producción; la invisibilidad física, es decir, el carácter imperceptible de los cancerígenos, añadido a la ausencia de información de los trabajadores expuestos a estos riesgos; la invisibilidad social, a saber, el muy débil reconocimiento de estos cánceres como enfermedad profesional. En fin, subrayemos la transferencia masiva de las condiciones de trabajo patógenas hacia los trabajadores pobres de los países de Asia, África y América Latina /30.

El período reciente ve también el desmantelamiento progresivo de los servicios públicos llevando a cierres de establecimientos en ciertos territorios /30. A partir de ahí, para los y las habitantes de los suburbios o para los y las residentes de zonas rurales, los inconvenientes ligados a la movilidad geográfica (deficiencia de las redes de transporte público, coste del vehículo) refuerzan las situaciones de fragilidad económica. Estos dos tipos de espacios son lugar de expresión de procesos desigualitarios específicos. El paro y el empleo precario son más bien hechos urbanos, la inactividad femenina es un hecho que marca muchos espacios rurales. Las clases populares están marcadas por un débil nivel de calificación en el campo, mientras que es a la ciudad a donde llegan las nuevas poblaciones emigrantes.

Los jóvenes y los trabajadores emigrantes están en primera línea en lo que se refiere al conjunto de condiciones degradadas de trabajo y de remuneración. Las mujeres, con más frecuencia que los hombres, están destinadas a sectores que tienen en común una fatiga multiforme (horarios a turnos, manejo de cargas pesadas, trabajo repetitivo bajo fuerte presión de ritmo de trabajo, acoso moral y/o sexual, así como riesgos tóxicos). Están también masivamente presentes en el sector en expansión de los cuidados (empleadas de hogar, asistentes maternales, auxiliares de personas mayores dependientes), como trabajadoras independientes o asalariadas. Las condiciones de trabajo son a menudo penosas y humillantes. En fin, son las mujeres las que, masivamente, aseguran el trabajo familiar y doméstico, siguiendo presente la doble jornada de trabaj”, a pesar de treinta años de reivindicaciones feministas, el signo más fuerte de la desigualdad sexual en materia de condiciones de trabajo.

5. Trabas a la lenta marcha hacia la igualdad entre hombres y mujeres

Desde los años 1960-1970, la escolarización masiva de las jóvenes, y luego el desarrollo de la actividad profesional de las mujeres y el control de su fecundidad, han sido factores estructurales de la transformación de las relaciones entre las mujeres y los hombres. La segunda ola del movimiento de las mujeres de los años 1970-1976 es un producto de este transformación y a su vez la ha reforzado, haciendo posible avances en el derecho de las mujeres a disponer de su propio cuerpo.

Sin embargo, a pesar de avances indudables, persisten desigualdades en muy numerosos terrenos, tanto en la esfera doméstica como en el espacio público o en la actividad profesional. Pues las mujeres pagan también las consecuencias del giro neoliberal, sobre todo de la puesta en cuestión de los servicios públicos y del Estado social, y esto desde tres puntos de vista. En primer lugar como trabajadoras de estos sectores, hacen frente a una degradación de sus condiciones de trabajo, incluso a la desaparición pura y simple de su empleo bajo el efecto de la privatización, de los movimientos de reducción de personal o de las deslocalizaciones. Luego, como beneficiarias de ciertos programas sociales cuya desaparición o deterioro se van acentuando: reemplazo del welfare por el workfare en numerosos países, desaparición de ciertos servicios de cuidado de los niños en los países del Este europeo, etc. En fin, sustituyendo a los servicios públicos que se están deteriorando, las mujeres deben asumir una parte creciente del cuidado de las personas dependientes (niños, personas mayores, personas con minusvalías, enfermos). Además las mujeres dedicadas a estos trabajos cuando están socializados son a menudo emigrantes venidas de países pobres. En el análisis de los cambios producidos hay por tanto que tomar en cuenta esta cadena internacional de los cuidados, que se traduce en la llegada masiva de mujeres que trabajan en este amplio sector, que vienen, según los países de destino, del Magreb, África subsahariana, Turquía, países del Este, América Latina o Asia del Sudeste, en particular de Filipinas.

Desde los años 1970, los análisis tradicionales en términos de desigualdades entre clases, capas o categorías sociales, han sido enriquecidos progresivamente y hechos más complejos, pero por otra parte también han entrado en competencia y han resultado ocultados, por la toma en cuenta de otras desigualdades: las que hay entre hombres y mujeres, entre clases de edad y generaciones, entre nacionales y extranjeros, entre grupos racializados … Desigualdades de hecho antiguas, cuya novedad aparente solo tiene que ver con su descubrimiento debido al desarrollo de luchas específicas (luchas de las mujeres, de los jóvenes, luchas de las poblaciones inmigradas en las metrópolis occidentales, luchas antirracistas, luchas contra la segregación social y espacial de las barriadas, etc.), pero también a los debates ideológicos y a las elaboraciones teóricas que las han acompañado. Esto ha permitido tomar en cuenta y elevar al rango de objetos científicos realidades sociales hasta entonces descuidadas o incluso ignoradas (por ejemplo el trabajo doméstico, la “línea de color” [referencia al documental de Laurence Petit Jouvet sobre la discriminación.NdE], los efectos de los barrios, etc.) y han conducido a la elaboración de nuevos conceptos: los de género y de relaciones sociales de sexo, de división sexual del trabajo, de relaciones sociales de generación, de espacialización de las desigualdades sociales, etc. Han colocado así a las ciencias sociales ante el difícil problema de la articulación de estos diferentes tipos de desigualdades, de tomar en cuenta fenómenos de poder (de dominación o de opresión) y las relaciones sociales que las engendran, de las que intenta dar cuenta por ejemplo el concepto de interseccionalidad.

Esta mayor complejidad de los análisis no debe hacer olvidar la renovación del discurso desigualitario. La igualdad ha sido sometida a una ofensiva generalizada desde los años 1980 con la excusa de críticar el igualitarismo. La apología de las desigualdades durante los últimos treinta años ha sido construida por diferentes corrientes ideológicas. Por las derechas, por supuesto. Pero también por las izquierdas gubernamentales. Toda una serie de adjetivos (moderna, nueva, eficaz, lúcida, incluso liberal) caracterizan a estas izquierdas gubernamentales. Por ejemplo el Primer Ministro francés Manuel Valls quiere “acabar con la izquierda nostálgica, la que se aferra a las cosas del pasado, obsesionada por el superego marxista y por el recuerdo de los Treinta Gloriosos. La única cuestión válida es cómo orientar la modernidad para acelerar la emancipación de los individuos/32. Algunos meses más tarde precisará: “la izquierda, es también la lucidez y el deber de la verdad/33 para justificar la prosecución de una política neoliberal. Los lugares comunes antiigualitarios son ya defendidos desde la derecha más extrema hasta esta “izquierda” gubernamental que no duda en proclamar abiertamente las virtudes de las desigualdades, cada una aportando su piedra al edificio. En enero de 2015, el ministro de economía del gobierno dirigido por Manuel Valls, Emmanuel Macron no dudaba en retomar las ideas de Guizot: “Son necesarios jóvenes franceses con ganas de convertirse en multimillonarios”. Añadía que prefería que las “personas que tienen talento y asumen riesgos sean muy bien remuneradas, más que tener una economía de rentistas que se marchita/34.

Estos lugares comunes antiigualitarios se articulan siempre alrededor de tres temas bien conocidos. La igualdad sería en primer lugar sinónimo de uniformidad. La desigualdad es entonces defendida en nombre del derecho a la diferencia, al precio de una doble confusión, entre igualdad e identidad de un aparte, entre desigualdad y diferencia de otra. Además, la igualdad sería sinónimo de ineficacia. Garantizando a todo el mundo una igual condición social, desmotivaría a los individuos y arruinaría las bases de la emulación y de la competencia. Sería por tanto contraproductiva, tanto para el individuo como para la colectividad. Las desigualdades beneficiarían en definitiva a todo el mundo, tanto a los “perdedores” como a los “ganadores”. El discurso desigualitario se repliega, en tercer lugar, sobre su argumento mayor: la igualdad sería sinónimo de coacción, de alienación de la libertad, en particular atacando al “libre funcionamiento del mercado”. Conduciría inevitablemente a abrir la vía a los peores infiernos totalitarios. La igualdad no implica sin embargo, en absoluto, la identidad (o la uniformidad), como la desigualdad no garantiza la diferencia. La igualdad de las condiciones sociales puede abrir a todos y todas múltiples posibilidades de acción y de existencia, que serían más favorables a la afirmación de las singularidades. Las desigualdades producidas por el mercado conllevan un increíble despilfarro, social (paro, precariedad de masas) y ecológico. En fin, la desigualdad oprime. ¿Cuál es la libertad del parado, de la trabajadora a tiempo parcial obligatorio, del analfabeto o de aquellos y aquellas cuya vida es abreviada por el desgaste del trabajo? La única libertad que garantiza la desigualdad es la facultad para una minoría de arrogarse privilegios materiales, institucionales y simbólicos en detrimento de la mayoría /35.

21/05/2015

http://alencontre.org/laune/inegalites-et-crise-sociale-en-europe.html

Roland Pfefferkorn es profesor de la Universidad de Estrasburgo. Este artículo corresponde a su intervención en Foro Internacional “La tercera edad del capitalismo, su fisonomía sociopolítica en el umbral del siglo XXI”, en memoria de Ernest Mandel (1923-1995), desarrollado en la UNIL de Lausana.

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR

Notas

1/ Organisation de coopération et de développement économiques. Ver por ejemplo Divided we stand. Why inequality keeps rising, OCDE, Paris, diciembre 2011; In It Together: Why Less Inequality Benefits All, OCDE, Paris, 21/05/2015.

2/ Ver por ejemplo European Commission (2012) Employment and social developments in Europe 2011, Luxembourg: Publications Office of the European Union.

3/ Ver por ejemplo Institut national de la statistique et des études économiques (France). Magali Beffy, Marie-Émilie Clerc et Céline Thévenot, Inégalités, pauvreté et protection sociale en Europe : état des lieux et impact de la crise, Dossier – Inégalités, pauvreté et protection sociale en Europe… INSEE, 2014.

4/ Ver su informe Benchmarking Working Europe 2014.

5/ Es lo que muestra “el conjunto de las estadísticas relativas a las condiciones de vida y a las desigualdades de rentas” nos explica también Sandrine Levasseur: Pauvreté et exclusion sociale en Europe : où en est-on ?, 23 février 2015, OFCE, le blog.

6/ Wojtek Kalinowski, “Le modèle suédois se fissure”, Alternatives économiques, hors-série, n° 103, diciembre 2014; Cyril Coulet, “Le modèle suédois à l’épreuve”, Questions internationales, n° 71, enero-febrero 2015. En Suecia, el coeficiente de Gini ha pasado de 0,21 a 0,26 entre 1985 y 2008. Sobre las diferentes formas de medir las desigualdades, ver Dictionnaire des inégalités, dirigido por Alain Bihr y Roland Pfefferkorn, Paris, Armand Colin, 2014. Ver las entradas: Indicateurs d’inégalité; Indicateurs de genre; Indice de Gini; Indice de desarrollo humano; Indice de salud social; Renta (medida de desigualdades de); Curba de Lorenz, etc.

7/ Divided we stand. Why inequality keeps rising, OCDE, Paris, diciembre 2011 ; Toujours plus d’inégalité : Pourquoi les écarts de revenus se creusent, Paris, Éditions de l’OCDE, 2012; Employment and social developments in Europe 2011, Luxembourg: Publications Office of the European Union,2012.

8/ Office fédéral de statistiques allemand, 2013.

9/ Caritas Europa’s Crisis Monitoring Report, Poverty and inequalities on the rise; Just social systems needed as the solution, 2015.

10/ Le Parisien, 10/03/2015.

11/ Toujours plus d’inégalité : Pourquoi les écarts de revenus se creusent, Paris, Éditions de l’OCDE, 2012.

12/ In It Together: Why Less Inequality Benefits All, OCDE, Paris, 21/05/2015.

13/ Cédric Rio, “Compte rendu de colloque: Les inégalités et la crise en Europe. Colloque international organisé le 6 avril 2012 à l’université Paris 8 Vincennes–Saint-Denis”, Politiques sociales et familiales, n° 111, marzo 2013, pp. 77-81.

14/ Forbes, 2/03/2015.

15/ Manager Magazin, 7/10/2013.

16/ Challenges, 11/07/2014.

17/ Crédit Suisse, Global Wealth Report, octubre 2014.

18/ Oxfam, En finir avec les inégalités extrêmes. Confiscation politique et inégalités économiques, 20/01/2014.

19/ Alain Bihr, “Actualiser et complexifier l’approche marxiste de l’Etat”, Communication au colloque international “Le troisième âge du capitalisme, sa physionomie socio-politique à l’orée du XXIe siècle”, 20-22/05/2015 Lausanne.

20/ Por ejemplo Anthony B. Atkinson, The economic consequences of rolling back the welfare state, Cambridge, Massachusetts, MIT Press, 1999 o, en el caso francés, nuestros propios trabajos, Alain Bihr et Roland Pfefferkorn, Déchiffrer les inégalités, Paris, Syros, 1995 (2e édition, 1999).

21/ Hace más de 20 años hacíamos ya la misma observación: “Este cambio de tendencia (…) ha sido cosa de las políticas cada vez más neoliberales de gestión de la crisis económica (…). Las políticas recesivas, que parten de la idea de que la crisis sería esencialmente debida a una insuficiencia de la oferta, a causa de un coste salarial demasiado elevado, tienen por objetivos: el desarrollo del paro, de la precariedad y de la flexibilidad del empleo, la bajada de los salarios reales, un desmantelamiento rampante de los sistemas públicos de protección social destinado a aligerar su coste financiero; pero han provocado también una evolución del reparto del valor añadido más favorable al capital, un aumento de las tasas de interés reales, beneficios especulativos fabulosos, una desreglamentación progresiva o brutal de los diferentes mercados, favorable a este florecimiento de la libertad de los más “fuertes” que tiene por contrapartida un avasallamiento de los más “débiles”. Alain Bihr et Roland Pfefferkorn, Déchiffrer les inégalités, op. cit, p. 14-15.

22/ Pierre Concialdi, entrada “Union européenne”, en Dictionnaire des inégalités, dirigido por Alain Bihr yRoland Pfefferkorn, Paris, Armand Colin, 2014, pp. 409-411. Retomamos aquí lo esencial de la argumentación.

23/ Para 2015 el presupuesto prevé 145.320 millones de euros en compromisos y 141 210 millones de euros en pagos.

24/ Recordemos; primera ampliación : Reino Unido, Irlanda, Dinamarca (1973); segunda ampliación: Grecia (1981); tercera ampliación: España, Portugal (1986); cuarta ampliación: Austria, Suecia, Finlandia (1995); quinta y sexta ampliaciones: Chipre, República Checa, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Malta, Polonia, Eslovaquia, Eslovenia, Bulgaria, Rumania (2004 y 2007); séptima ampliación: Croacia (2013).

25/ Math Antoine, Viprey Mouna, “Quelle intégration économique et sociale pour les pays entrants?”, Chronique Internationale de l’IRES, n° 88, mayo 2004.

26/ Math Antoine, “Protection sociale et inégalités: les débats européens”, en : Réduire les inégalités. Quel rôle pour la protection sociale ? Paris : Drees-Mire, 2000 : 59-70 .

27/ Ver para Francia nuestros propios trabajos, Alain Bihr et Roland Pfefferkorn, Déchiffrer les inégalités, op. cit.

28/ Ver Roland Pfefferkorn, Inégalités et rapports sociaux. Rapports de classe, rapports de sexe, Paris, la Dispute, 2007.

29/ Ver las dos entradas “Conditions de travail” d’Annie Thébaud-Mony, en Dictionnaire des inégalités, bajo la dirección de Alain Bihr et Roland Pfefferkorn, Paris, Armand Colin, 2014.

30/ Pero las desigualdades medioambientales refuerzan también las desigualdades de clase en los países ricos. Ver Razmig Keucheyan, La nature est un champ de bataille, Editions Zones-La découverte, 2014.

31/ Ver la entrada “Ville/campagne” de Julian Mischi et Nicolas Renahy, en Dictionnaire des inégalités, bajo la dirección d’Alain Bihr et Roland Pfefferkorn, Paris, Armand Colin, 2014.

32/ Manuel Vals, entrevista en L’Obs, 23/10/2014.

33/ Libération, 11/12/2014.

34/ Emmanuel Macron, entrevista en Les Echos, 7/01/2015.

35/ Esta argumentación está desarrollada en particular por Tony Andréani et Marc Feray, Discours sur l’égalité parmi les hommes, Paris, L’Harmattan, 1993, capítulos 1 y 3; se puede encontrar una síntesis en Alain Bihr et Roland Pfefferkorn, Déchiffrer les inégalités, Paris, Syros, nouvelle édition 1999, pp. 14-17.



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