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Tribuna VIENTO SUR
Euskal Herria tras el 24M: cambios importantes y nuevos retos para la izquierda
01/06/2015 | Petxo Idoiaga

Era una especie de acuerdo común de casi todos los análisis previos al 24M, el resultado de las elecciones en Euskal Herria debía leerse en relación a cinco ejes del escenario político y de sus perspectivas de futuro:

a) el espacio de la derecha española;

b) la fortaleza o debilidad del bloque constitucionalista en su conjunto;

c) el alcance de la irrupción de Podemos en el mapa de la izquierda vasca en la que la izquierda abertzale era hegemónica;

d) lo que sucediera en Gipuzkoa, vinculado a la lucha por la hegemonía en el nacionalismo vasco y, sobre todo, a la valoración de una experiencia única en la que tanto el gobierno provincial (la diputación) como grandísima parte de los gobiernos municipales habían estado durante los últimos cuatro años dirigidos desde la izquierda por EHBildu;

e) saber si se hacía posible un cambio de gobierno en la Comunidad Foral Navarra (CFN) que acabase con la estrategia de tensión y confrontación contra cualquier forma de expresión de lo vasco y contra cualquier relación política, social o cultural con la Comunidad Autónoma Vasca (CAV).

En la CAV las elecciones autonómicas tienen calendario propio y no se han celebrado en esta fecha; pero además de las municipales se han dado las elecciones a las Juntas Generales provinciales donde se eligen después las diputaciones, órganos de un gran poder económico e influencia política (en ellas recae la política fiscal y parte significativa de las de recursos sociales, infraestructuras, etc.). En la CFN se han celebrado tanto elecciones autonómicas a su parlamento foral (donde se elegirá el gobierno) como municipales.

1. La derecha española está en la marginalidad. El PP sólo obtiene un 9,47 % en las juntas generales, no gobernará en ninguna de las diputaciones y salvo en Araba (22,35 %) sus resultados son desastrosos (8,33 % en Bizkaia y 5,50 % en Gipuzkoa). En lo municipal le va aún peor ya que ha obtenido 79 electos de los 2628 posibles y no tendrá alcaldía en ninguna localidad de Bizkaia o Gipuzkoa; la excepción es Vitoria-Gasteiz donde ha sido la candidatura más votada (desgraciadamente, tras una campaña marcada por la xenofobia). En Nafarroa los resultados del partido gobernante, UPN, bajan del 34,48 % al 27,30 % y ni el tradicional sostén que le ha dado el partido socialista (PSN) le garantiza ahora mayoría. Además Ciudadanos, con un 2,08 % en el conjunto de las tres juntas generales de la CAV y un 2,94 % en el parlamento de la CFN no existe. Buena noticia actual y en perspectiva

2. El bloque constitucionalista está en quiebra. El PSOE completa, junto a la derecha española, dicho bloque. Desde que en el referéndum de la Constitución ésta obtuvo en la CAV resultados negativos, la posición sobre ella ha sido y es tema de confrontación política; y el “socialismo vasco”, de la mano del español, ha sido y es un partido constitucionalista muy activo, responsable de numerosas intervenciones represivas con el anticonstitucionalismo y de un institucionalismo de Estado brutal en casos como el gobierno Zapatero contra el “Plan Ibarretxe”. En el conjunto de las elecciones provinciales el PSE-PSOE pasa de un 17,18 % a un 13,82 % y pierde diversos municipios, entre ellos Barakaldo el más emblemático fuera de los de las tres capitales; sólo los resultados de Gipuzkoa, 0,80 % de pérdida en las elecciones a juntas generales, segundo puesto en Donostia y recuperación de dos municipios, le lava un poco la cara. La oferta del PNV de integrarle en acuerdos y pactos le puede dar algunos recursos de poder, pero, como correveidile de aquel eso será un poco de pan para hoy y mucha hambre para mañana. Buena noticia, también, que el conjunto del constitucionalismo español esté en quiebra.

3. Podemos entra con fuerza, modifica el mapa de la izquierda vasca y debe obligar a replantear las relaciones internas de ésta y su proyección política. En la CAV y en Bizkaia se ha convertido en la tercera opción más votada tras PNV y EHBildu. En Araba y Gipuzkoa es la cuarta tras ambas y el PSOE. Es la cuarta, también, en la CFN por delante del PSN y tras UPN, Geroa Bai y EHBildu.

Obviamente a Podemos le han llegado votos de antiguos abstencionistas o nuevos votantes, pero estos representan siempre porcentajes pequeños. Esos resultados sólo pueden explicarse considerando que el grueso de los mismos proviene del desplazamiento de votos desde otras de las opciones electorales existentes. Como no cabe contar tal desplazamiento desde el PP o el PNV, hay que comparar sus resultados con las pérdidas de IU (candidatura Irabazi junto con Equo etc. en la CAV e Izquierda-Ezkerra en la CFN), PSOE y EHBildu.

Si se mira el conjunto de la CAV, es evidente que hay un desplazamiento de votos para Podemos de quienes en 2011 votaron EHBildu (también del PSOE). La pérdida IU+PSOE+EHBildu ha sido del 11,01 % (0,90+3,36+6,75 % respectivamente) y Podemos ha obtenido el 13,93 %. Por su importancia, porque era donde la coalición abertzale tenía mayoría en las instituciones y, también, una implantación social mayor, vale la pena detenerse en los resultados de Gipuzkoa; en esta provincia la pérdida electoral de IU, PSOE y EHBildu ha sido del 13,36 % (1,25+0,80+11,31 %) y Podemos ha obtenido el 12,24 %. El desplazamiento de votos de EHBildu a Podemos constituye, como se ve, la base electoral de éste.

Esos votos fueron en 2011, y son ahora, votos de rechazo al sistema social y a la escasa calidad democrática de este régimen. Pero han podido ver en Podemos –en su discurso al menos- una presencia más fuerte de lo social que en EHBildu, cuyo discurso político dominante mantiene una escora excesiva sobre la cuestión nacional, mientras que ha colocado el discurso anticapitalista en un lugar secundario. Incluso como alternativa principal frente a la crisis, la coalición abertzale ha subrayado la constitución de la nación vasca y de la competencia nacional vasca sobre los recursos económicos. Y han podido ver, además, que Podemos es, en gran parte, resultado y continuidad de movimientos como el 15M o las Mareas –origen de la crisis del régimen constitucional- mientras que desde EHBildu y la izquierda abertzale en su conjunto se mantuvo una distancia absoluta con dichos movimientos. Posiblemente eso ha pesado más que la valoración sobre los silencios o las contradicciones de Podemos no sólo con el derecho a decidir, sino con la política penitenciaria y la incesante represión contra la libre expresión política de la juventud abertzale; e incluso con el hecho de que en Eukal Herria sea, todavía al menos, más la sombra de su imagen electoral en el Estado español que una realidad organizativa y no tenga ni comparación con su papel en el impulso de amplios movimientos populares activos como en Madrid, Barcelona, Andalucía, Aragón o Galicia.

En la CAV, la suma de votos de EHBildu y Podemos es 390 490 (a añadir los 29 092 de IU), mientras que los votos de EHBildu en 2011 fueron 310 515; en Gipuzkoa esa suma da 146 237, frente a los 136 330 de entonces. Y es, precisamente, la suma de todo ello lo que constituye ahora la expresión electoral de la izquierda vasca. Entender esto (que todavía no se acepta ni de una parte ni de la otra) es fundamental, así como es urgente la necesidad de poner esa constitución en común y articularla (al margen de que se utilice o no la expresión izquierda).

Cada cual, tiene su personalidad y su historia y es lógico que se mantengan distancias y desarrollos propios, incluso competitivos, en más de un campo. Pero hay que hacerlo en relación abierta, fluida y pública. Sobre todo, deberían articular sus relaciones en la perspectiva de favorecer un movimiento popular autónomo (no supeditado a la suma de siglas partidarias o al control partidario) sobre tres ejes:

a) soberanismo, defensa del derecho a decidir, desarrollo de un proceso constituyente de la nación vasca (ahí está Gure Esku Dago);

b) izquierda social con sus propios rasgos, afirmado, también, frente a la derecha nacionalista incluso en el proceso constituyente nacional;

c) coordinación con todos los movimientos populares y dinámicas que, en el resto del Estado español, se confrontan al régimen de la transición y a las políticas antisociales.

4. El PNV impone su hegemonía en la CAV, incluido en Gipuzkoa donde se ha vivido la experiencia de cuatro años de mayoría institucional de la izquierda abertzale. El PNV ha obtenido en la CAV unos resultados espectaculares. Suyo será el control de las tres diputaciones, arrebatando Araba al PP y Gipuzkoa a EHBildu. Ha obtenido un poder municipal muy amplio. Y lo que es particularmente significativo, en Gipuzkoa ha arrebatado a EHBildu la diputación provincial, el gobierno del ayuntamiento de Donostia y unas veinte alcaldías de municipios muy importantes de la provincia (Arrasate, Bergara, Zarautz, Tolosa o Legazpia…).

En comparación con las elecciones a juntas generales de 2011, EHBildu pierde en el conjunto de la CAV 68 371 votos y baja del 29,48 % al 22,73 % de los mismos. De esa pérdida 33 229 pertenecen a Gipuzkoa, donde baja del 40,56 % al 29,25 % de representación, aunque tiene, también, una pérdida significativa en Bizkaia (de un 24,28 % a un 19,16 % de representación); en ambos casos se mantiene como la segunda fuerza más votada. En Araba la pérdida es menor, de un 3,60 %.

El PNV ha obtenido una subida del 7,99 % respecto a 2011. Pero al menos un 3,27 % le corresponden a la pérdida del PP (que ha perdido el 4,76 % y Ciudadanos –suponiendo que todos sus votos provienen del PP- sólo ha obtenido un 1,49 %). Tampoco hay que olvidar que si EHBildu ha perdido un 11,31 % de votos, Podemos ha entrado con un 12,24 % lo que la convierte en la captadora principal de la pérdida electoral de la coalición abertzale. Debe relativizarse la propaganda machacona del PNV (y de los medios de comunicación) identificando todo su crecimiento con la pérdida de EHBildu. Pero hay, sin duda, un desplazamiento de votos de esa coalición hacia el PNV.

EHBildu era, en Gipuzkoa, una prueba experimental de gran importancia. Controlaba la diputación y la gran mayoría de ayuntamientos en una provincia de enorme tradición de lucha y resistencias obreras, sociales y nacionales. ¿Qué ha pasado? Varias razones parecen combinarse.

En las elecciones del 2011 EHBildu tenía a su favor el reciente viento de la conquista de su legalidad y eso se tradujo en votos. Ahora la situación era distinta, se trataba de ver los efectos electoras de cuatro años de su gestión institucional.

La coalición abertzale ha practicado, desde las instituciones de gobierno de Gipuzkoa, la política social y fiscal más progresista que pueda encontrarse en provincia alguna del Estado español. Pero los límites legales del sistema dificultan la visibilidad de sus diferencias con otras, y socialmente la gestión de Gipuzkoa no ha aparecido como alternativa a la de otras provincias. Gestionar políticas fiscales y sociales no sólo un poco mejores sino alternativas a las existentes, no es viable si no descansa en una movilización social, que no ha sido promovida. Ha habido, es cierto, un proyecto político de participación ciudadana, pero su dinámica ha sido muy limitada. Y, sobre todo, se ha tratado sólo de participación bajo iniciativa y dirección puramente institucional. El propio modelo directivo de EHBildu, acuerdo interpartidos por arriba (Sortu, EA, Aralar y Alternativa) sin estructuras de base capaces de estructurarse como movimiento político popular autónomo, ha sometido toda la política social al bastón de mando de las iniciativas institucionales.

Ha habido, además, errores de gestión que han sido aprovechados por la oposición para organizar durísimas campañas (mediáticamente bien apoyadas) de propaganda y hasta de movilización. El caso más claro ha sido, en algunos municipios, el del sistema de “recogida puerta a puerta” de las basuras (cada piso tiene asignado, frente a su casa, un punto, identificado con ese piso, donde deposita cada día en un cubo el tipo de basura que corresponda). EHBildu tenía toda la razón del mundo al paralizar el proyecto de incineradora de la anterior diputación y defender que el objetivo era “basura cero”. La prueba ha sido que donde ha funcionado el “puerta a puerta”, el reciclaje ha sido más del doble que el de los modelos tradicionales. Pero un sistema como éste, que descansa tanto en el compromiso ciudadano como en el control de facto de sus actuaciones, precisaba de un previo debate participativo e integrador que evitase, como ha ocurrido, la polarización entre los “pro” y los “contra” y evitase, en particular, la activa movilización ciudadana de esos “contra” (basuras colgadas en los balcones, “referendumes”…) utilizada políticamente contra EHBildu. El efecto electoral ha sido evidente en bastantes importantes municipios.

En un contexto de gran estabilidad social y política como el de Gipuzkoa, de gran mayoría nacionalista, el PNV aparece como una continuidad tranquila, sin perder en el horizonte una ampliación de competencias propias, de distancia con la mala calidad de la democracia constitucional y de desarrollo identitario nacional, pero sin confrontaciones con el régimen ni internas. El discurso peneuvista del “nuevo estatus” de relaciones con España obtenido mediante negociación con Madrid cuadra bien en el clima dominante de estabilidad.

Todo eso deberá tenerse en cuenta para el nuevo periodo. El debate sobre mantener EHBildu como plataforma entre partidos o transformarlo en un movimiento sociopolítico autónomo con estructuras de base propias y abiertas (lo que considero más acertado) parece urgente. Pero, en todo caso, la izquierda abertzale no sólo es la segunda fuerza electoral de la provincia y mantiene importante presencia en las juntas generales y mayoría en bastantes, sino que, además, tiene detrás un sólido movimiento sindical, antirrepresivo, feminista, juvenil, cultural… Existen bases para alentar un giro social y político soberanista y anticapitalista. Más si se contribuye a ello desde la articulación con otras izquierdas.

5. En Nafarroa sí es posible, por fin un completo giro político. En todo Euskal Herria, donde más en serio se juega que la política de alianzas determine la pérdida de control del gobierno por la derecha (de UPN) es en Nafarroa. Se trata de un cambio de gobierno que atañe a las futuras relaciones y acuerdos entre la CFN y la CAV. Además, el cambio no depende para nada de lo que vaya a hacer el PSN, sino del acuerdo entre fuerzas vasquistas que en su conjunto suman mayoría parlamentaria: UPN 15 escaños, GeroBai 9, EHBildu 8, Podemos 7, PSN 7, PP 2, Izquierda-Ezkerra 2.

En resumen, quienes han practicado hasta el límite la consideración de la CFN como “una cuestión de Estado” (tanto para evitar relaciones de cualquier tipo: políticas, sociales, culturales y hasta de acceso a la señal de la televisión pública vasca, con la CAV, como para impedir “contaminaciones” internas: políticas destructoras del euskera, represión fuerte contra la ikurriña y toda simbología vasca y sistemática propaganda presentando “lo vasco” como peligro para “lo navarro”), tienen 24 escaños. Frente a ellos, ahora existen 26 escaños comprometidos con un cambio radical en ese modelo.

La primera cuestión, y básica, es si esos 26 llegarán a un acuerdo que descabalgue, por fin, a UPN del gobierno y cree uno alternativo que requiere el acuerdo de las cuatro fuerzas. Con la fórmula que sea, este es un paso posible e imprescindible.

Como alma en pena, el PSN se ha puesto a tratar de enredar, postulándose para el pacto pero condicionándolo a que no se integre a EHBildu. El PSN ha sido tan baluarte de la derecha que además de gobernar con ella, siguió bailándole el agua incluso después de que la presidenta Barcina les expulsara del gobierno. Para más inri cuando todos los demás grupos de oposición expresaron su acuerdo en votar a favor de una moción de censura que desalojara a UPD del gobierno y lo sustituyera por el propio PSN, una orden de Madrid lo impidió. El juego actual del PSN sólo puede entenderse en la presión a Podemos por una política común de alianzas en todo el Estado, incluido Nafarroa. Que Podemos cargue con la responsabilidad de que tampoco esta vez se dé el cambio en Nafarroa, sería una barbaridad indefendible que, estoy seguro, no ocurrirá.

La Disposición Transitoria Cuarta de la Constitución establece que “a efectos de su incorporación (la de la CFN ) al régimen autonómico vasco” se requiere mayoría en el parlamento foral y ratificación en referéndum. Sin perder de vista esa legal perspectiva, parece que ahora mismo no tendría mucho sentido poner en el centro de las cuestiones esa dinámica de referéndum. Previamente debe normalizarse todo el contexto de relaciones con lo vasco tanto dentro de la CFN como con la CAV y eso exigirá políticas activas que vayan desmontando las murallas institucionales creadas y, al mismo tiempo, favorezcan la comunicación y el flujo bajo iniciativa social.

Un tema a no olvidar. Desde sectores del nacionalismo vasco –creo que, en particular desde la CAV- parece considerarse este tema como el único relacionado con el cambio de gobierno foral. Un error. En el cambio deben tener lugar inmediato, visible y eficaz las políticas sociales, el corte con políticas financieras que han tenido desastrosos resultados como el hundimiento de Caja Navarra, la modificación de medidas medioambientales, la regeneración democrática en las instituciones y en la sociedad, el esclarecimiento y responsabilización de la interminable lista de corrupciones que se han producido… Todo ello ha de estar en el centro del cambio de gobierno en la CFN o éste carecerá de solidez.

31/05/2015

Petxo Idoiaga es miembro del consejo editor de la web VIENTO SUR



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