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Turquía. Huelga en el metal
Tormenta en el paraíso
01/06/2015 | Metin Feyyaz

[Ultima hora. Tras dos semanas en huelga, la dirección de Renault en Bursa y sus empleados turcos han llegado a un acuerdo y la plantilla volvió al trabajo el miércoles día 27. La dirección ofreció una prima de 1400€ y una prima de productividad de 210€, así como el estudio de una posible revalorización de los salarios, cuyo resultado se verá en un mes. Tampoco habrá sanciones por la huelga y se reconoce la libertad sindical.

También se ha llegado a un acuerdo en la FIAT, pero el conflicto sigue pendiente en la FORD y en CNH-]

R. T. Erdogan, ex Primer Ministro de Turquía y nuevo presidente, hablaba de su sueño de convertir a Turquía en la futura "China de Europa". En abril pasado, cuando el ministro de Economía, Zafer Çağlayan se reunió con inversores extranjeros en Londres, declaró con orgullo que "el coste laboral en Turquía es aún más bajo que en China". Mucho antes, nos llegó una declaración similar del responsable de la Cámara de Comercio de Berlín, Eric Schweitzer. El año 2010, en una reunión con el empresariado de Turquía, Eric Schweitzer afirmó que "las exportaciones de Turquía a Alemania se triplicaron en los últimos 20 años y Turquía puede ser la China de Europa." Estas declaraciones no eran sólo para satisfacer a la audiencia.

El "éxito" de la industria turca

En Turquía, la industria ha venido creciendo de forma constante incluso cuando el resto de Europa sufre los efectos de la crisis y de sus falsas soluciones (las políticas de austeridad). El incremento de las inversiones europeas hacia Turquía, sobre todo en la industria manufacturera, es un hecho evidente. Turquía es el octavo mayor productor de acero en el mundo. En 2011 y 2012, el crecimiento de su producción estuvo a la cabeza los 10 primeros países productores de acero del mundo. Casi todas las empresas importantes del automóvil cuentan con plantas de producción en Turquía y, poco a poco, están trasladando la producción de toda Europa hacia Turquía. Entre 2009 y 2014, el empleo en el sector del montaje de automóviles en Turquía creció un 350 %. En los primeros siete meses de 2014, las plantas de Renault, Hyundai y Toyota en Turquía exportaron el 80 % de su producción; Ford exportó el 75 % y MAN el 85 %. El mercado exterior más grande de estos productos sigue siendo el mercado europeo, aunque la demanda se haya reducido un poco debido a la crisis. La Fiat, que cierra unidades de producción en Italia, acaba de declarar de aquí al 2021 exportará, sólo a Estados Unidos, 175 000 unidades del modelo Fiat Doblo producidos en Turquía. Podíamos dar muchos más ejemplos como éste.

Pero este ambiente rentable para los negocios capitalistas tiene sus costes para las y los trabajadores. El salario mínimo en Turquía se sitúa alrededor de 330 euros y el salario mínimo no es una excepción entre la gente asalariada en Turquía: constituye el salario común incluso para empleos cualificados. Según una investigación reciente, más de 5 millones de personas trabajan con un salario mínimo. Turquía tiene el mayor índice de mortalidad en accidentes de trabajo de toda Europa y ocupa el tercer lugar en el mundo entero. Según las estadísticas oficiales, cada año más de 1000 personas mueren en el trabajo. Se trata de las cifras oficiales. Ahora bien, mucha gente trabaja sin estar legalmente registrada, por lo que no hay manera de saber la cifra real. La investigación de una ONG cifró en 1886 las personas que murieron en accidentes de trabajo sólo en 2014. Y en los últimos años, se ha implantado un nuevo sistema de "subcontratación", que ha extendido ampliamente una nueva forma de trabajo precario, haciendo que en una misma fábrica se contrate a trabajadores con menos derechos. En una empresa se puede encontrar 5 o 6 subcontratas que emplean a sus trabajadores para hacer exactamente el mismo trabajo que los fijos de la empresa, pero con diferentes condiciones de trabajo.

Pero parece que este trabajo no fijo, ni organizado, "el paraíso de la mano de obra barata", aún no es suficiente para el gran capital. El Gobierno publicó un documento denominado "Estrategia Nacional de Empleo", en el que se afirma que "los costes laborales no salariales son demasiado altos en Turquía; con el fin de incrementar el empleo es necesario revisar a la baja las "cargas empresariales" para lo que son necesarias nuevas reformas". Y en ese documento se explicaban con detalle las nuevas reformas, algunas de las cuales están recogidas en varias leyes a la espera de ser promulgadas. Se trata de lo siguiente: introducción de un salario mínimo regional (lo que para algunas regiones del país significa reducir el salario mínimo), reducir a la mitad la indemnización por despido, e impulsar empresas de trabajo temporal, junto con otras medidas sobre flexibilidad.

La herencia sindical de la dictadura

A nivel global, gran mayoría de la clase obrera no está organizada y la negociación colectiva sólo cubre alrededor del 5 % de la misma. Se trata del índice de sindicalización más bajo entre los países de la OCDE. Y la mayoría de los sindicatos de empresa en Turquía son "sindicatos amarillos", no elegidos por las plantillas, sino impuestos a las mismas.

De vez en cuando, se han dado revueltas contra este sistema de "sindicalismo amarillo". Tras la enorme masacre en la mina Soma, donde 301 trabajadores mineros perdieron sus vidas el año pasado, los responsables del sindicato en la mina ni siquiera pudieron entrar durante un tiempo en la región debido a las reacciones de las familias de los trabajadores. En una entrevista concedida por uno de los trabajadores de la mina de Soma a Al Jazeera, dice que "no elegimos esta sindicato, lo eligió la empresa, ahora el empresario se encuentra en la cárcel a causa de las muertes, el sindicato también debe estar allí."

El año 2012, durante las negociaciones del convenio colectivo y con el fin de protestar contra el sindicato al que se vieron obligados a afiliarse, 1500 trabajadores de la empresa Renault decidieron parar la producción en su turno y ocupar la fábrica. Con el fin de evitar que estos trabajadores se reunieran con los trabajadores del siguiente turno, la dirección de Renault canceló el turno. Al día siguiente, la empresa despidió a 35 trabajadores con el fin de quebrar la movilización. El sindicalismo amarillo está muy extendido en el sector del metal. Según las estadísticas oficiales, 1 400 000 trabajadores trabajan en el sector del metal, 170 000 de los cuales pertenecen al Turk Metal que se implantó durante los años de la junta militar en Turquía en la década de 1980. Un detalle: en 1978, este sindicato tenía 12 000 miembros y Maden İş (afiliado al DISK) tenía alrededor de 200 000. En 1983, justo después del golpe militar, Turk Metal alcanzó 130 000 miembros y Maden İş (afiliado a la Confederación de Sindicatos progresistas DISK) fue prohibido. La totalidad de sus miembros, incluso en centros de trabajo como Renault, Bosch etc. fueron forzados a afiliarse a Turk Metal.

El origen del conflicto

Es en este contexto en el que se inició la negociación colectiva del metal para los años 2014-2016/2017. A diferencia de otros países, Turquía sólo tiene un marco de negociación colectiva, el de la empresa, por lo que no existe negociación colectiva a nivel del sector o del país. La negociación colectiva se da entre las empresas agrupadas en la Organización de Empleadores del Metal y el sindicato que existe en la misma. Así que en cada centro de trabajo son tres sindicatos quienes negocian por separada con la Unión de Empleadores del Metal. Este acuerdo abarca alrededor de 120 000 trabajadores en el sector del metal; esto es, una pequeña parte del total de trabajadores, sólo el 8,5 % de los trabajadores del metal en el país. Y alrededor de 100 000 de estos trabajadores están "representados" por Türk Metal, y una minoría, alrededor de 12 000 trabajadores por Birlesik Metal İş. Es por eso que la fuerza principal en este "proceso de negociación colectiva" es siempre el sindicato amarillo, mayoritario en el país y que cada año Birlesik Metal Is organiza manifestaciones, acciones, etc., durante el proceso de negociación a fin de influenciar sobre el acuerdo que será firmado por los otros dos sindicatos. Porque al final, ese acuerdo se les impondrá a ellos ya que la asociación de empresarios del metal nunca firmará un acuerdo diferente para los 12 000 trabajadores que representan, una vez firmado el acuerdo para 100 000 trabajadores.

Este año todo el mundo esperaba que el proceso de negociación colectiva seguirá el mismo curso que en años anteriores. En un primer momento, los sindicatos plantearon sus tablas reivindicativas; el Birlesik Metal Is exigió incrementar los salarios de los trabajadores más jóvenes, porque en general, hay una enorme brecha entre los salarios de los trabajadores de más edad y los jóvenes trabajadores. En algunos casos, un trabajador joven, que hace el mismo trabajo que su colega mayor, obtiene casi la mitad de su salario y, puesto que la patronal del metal siempre quiere introducir incrementos porcentuales (que amplían la brecha), Birlesik Metal Is planteó un aumento salarial diferente para los distintos grupos salariales. También planteó algunas demandas políticas que normalmente no se incluyen en los convenios colectivos en Turquía, tales como la reducción de la jornada laboral de 48 a 37,5 horas semanales, y que el incremento que originaba el aumento salarial en el IRPF fuera a cargo de la empresa. El objetivo de estas dos últimas reivindicaciones no era tanto obtenerlas a través de la negociación colectiva, sino abrir un debate público sobre las mismas.

Durante las negociaciones, la patronal presentó su plataforma: introducir nuevas medidas de flexibilidad, extender la duración del convenio de 2 a 3 años…, y ninguna mejora para los trabajadores con salarios bajos. Tras algunas reuniones, el sindicato más grande Türk Metal y otro muy pequeño firmaron el acuerdo de negociación colectiva, después de que la patronal introdujera pequeñas modificaciones.

La patronal dio marcha atrás en sus demandas de una mayor flexibilidad, pero insistió en que la duración del acuerdo debía ser de 3 años en lugar de 2, como era habitual hasta ese momento. Para facilitar la introducción de los 3 años, ofrecieron un incremento del 9,78 % en los salarios durante los primeros 6 meses, lo que puede ser considerado bueno para los trabajadores de más edad, pero para los jóvenes trabajadores de bajos salarios (que representa casi el 60 a 70 % del total de trabajadores en los centros de trabajo), este incremento no tiene ningún sentido.

El sindicato Türk Metal firmó el acuerdo de inmediato, si bien sus miembros no fueron totalmente conscientes del tema de los 3 años o de otros detalles del acuerdo, ya que sólo se dio a conocer el acuerdo sobre el incremento para los 6 primeros meses. Una vez firmado el acuerdo, intentaron evitar cualquier discusión relacionada con el mismo. Pero este acuerdo creó un enorme descontento entre la afiliación del Birlesik Metal Is, cuya objeción principal se centraba en la duración del mismo. Turquía tiene altas tasas de inflación y una situación macroeconómica bastante inestable; para la mayoría de los trabajadores, 3 años es demasiado tiempo. Un convenio a 3 años significa que al cabo de seis años, los trabajadores han perdido la posibilidad de ajustar los salarios en un convenio [se firmarían dos convenios en lugar de tres]. Aunque el descontento más visible fue la duración del convenio, la razón más importante del descontento residía en que no se obtenía una mejora real para los trabajadores con salarios bajos.

En la mayor parte de la industria manufacturera en Turquía, pero sobre todo en el sector del metal, hay una enorme diferencia de retribución entre los trabajadores más jóvenes y los trabajadores mayores. En algunos casos, un trabajador contratado a partir de 2005 podría llegar a tener un salario 50 % inferior al de uno comenzó antes del año 2000. Esta situación crea una gran tensión entre la plantilla más joven. Sus salarios son tan bajos, que no ven un futuro para ellos. Como esos salarios apenas les dan para vivir, les importa poco si pierden sus puestos de trabajo. Ellos no tienen nada que temer y nada que perder. Esto hace de este sector la fracción más combativa de la clase obrera.

Esta generación de trabajadores representa casi el 60 por ciento de la fuerza laboral. Un porcentaje que puede ser aún mayor entre los miembros del Türk Metal en las grandes que fábricas, que son también las que sufren una rotación laboral mayor. Esta nueva generación nunca aceptaría un acuerdo que no contemple reducir esa brecha salarial. Por ello, aunque no estuviera en los cálculos de la dirección del Birleşik Metal İş, la base del sindicato hizo tanta presión durante las asambleas, que la dirección se ve obligada convocar huelga durante la negociación del convenio.

Pero una huelga durante la negociación del convenio con la Asociación de Empresarios del Metal (MESS) es muy diferente a una huelga a nivel de empresa. Si el MESS se niega a firmar un acuerdo diferente con el sindicato Birleşik Metal İş, en ese caso las empresas tienen que desafiliarse del MESS y firmar acuerdos a nivel de empresa con el sindicato. Esto genera otro problema: algunas grandes empresas podrían desafiliarse sin problemas del MESS, pero las más pequeñas no desearían hacerlo y, en ese caso, en la siguiente negociación colectiva, cada empresa queda a su aire y el sindicato apenas tiene influencia.

Historia de la huelga

La huelga comenzó con bastante éxito en 29 de enero. Afectó a cerca 15 000 trabajadores en unas 50 fábricas en todo el país. Incluso en el primer día de huelga, las empresas más grandes comenzaron a desafiliarse de la MESS y a firmar acuerdos bilaterales con el sindicato. Se trataba de multinacionales como Alstom, Schneider, Bekaert etc. Al día siguiente intervino el Gobierno publicando un Decreto por el que prohibía la huelga por razones de "seguridad nacional". Inmediatamente después de la publicación del Decreto, la patronal declaró dos días festivos para todo el mundo, con el fin de calmar la ira. Pero esto no fue suficiente para calmar a la gente en las empresas. Cuando se vieron obligados -por la prohibición de la huelga- a volver a sus centros de trabajo, no trabajaron, lo que derivó en acuerdos a nivel de empresa que iban más allá del firmado con el MESS.

Pero en la mayoría del sector, que está organizada por el Turk Metal, el problema de bajos salarios no se trató y el malestar de la gente estaba en plena ebullición. A finales de abril, los trabajadores de Renault comenzaron a manifestarse al término y al inicio de cada turno. Poco después estas manifestaciones se extendieron a casi todas las empresas de la automoción en la región de Bursa. El punto de explosión principal de estas manifestaciones fue que Türk Metal firmó un acuerdo mucho mejor en la empresa Robert Bosch que en el resto.

El convenio de Robert Bosch fue mejor porque hace tres años los trabajadores de Bosch abandonaron el Türk Metal para adherirse a otro sindicado antes de verse forzados por la patronal, que despidió a alguna gente y ejerció fuertes presiones, a volver a Türk Metal. Así pues, a fin de evitar cualquier descontento y cualquier posible nuevo cambio de sindicado, la empresa y el Türk Metal firmaron un acuerdo que mejoraba en mucho el general. Pero lo que no calcularon es el enorme descontento que generaría esto en el resto de las empresas.

El 18 de abril, los trabajadores comenzaron a manifestarse al final del turno cantando "no queremos un sindicato de vendidos". Y después de eso, al término y al inicio de cada turno se organizaron manifestaciones contra el sindicato Türk Metal. A pesar de que en estas manifestaciones participaba más de la mitad de las plantillas, cuando los trabajadores se reunieron con el presidente del sindicato local y le dijeron "nos vendiste", éste respondió "si yo os vendí, eso significa que soy un buen chulo". Después de este intercambio, la plantilla entera comenzó a unirse a la manifestación.

Renault de Bursa emplea alrededor de 4800 trabajadores en talleres. Como es una gran fábrica, la mayor parte de la gente ni siquiera se conocen entre sí y no hay ningún canal de comunicación adecuada entre la gente de los diferentes departamentos. Es por eso que Internet, especialmente Facebook, jugó un papel importante en la organización de estas manifestaciones.

Con el uso de Facebook, otros trabajadores en la región de Bursa también organizaron manifestaciones en sus centros de trabajo. El 5 de mayo, los trabajadores de Renault decidieron reunirse frente a la mezquita de la zona industrial para desafiliarse colectivamente del Türk Metal. Y aquí se dio el segundo punto de inflexión de las manifestaciones: matones del Türk Metal atacaron a los trabajadores cuando se reunieron para desafiliarse del sindicato. Un trabajador fue hospitalizado.

Después de este ataque, la determinación de los trabajadores de Renault se hizo más fuerte al mismo tiempo que trabajadores de otros centros de trabajo organizados en el Türk Metal se cabrearon contra el sindicato. Los trabajadores de Tofaş, filial de FIAT en Turquía, organizaron una manifestación masiva durante su turno en contra de los delegados de Türk metal que fueron a la fábrica de Renault a golpear a los trabajadores de Renault. Durante las manifestaciones, los trabajadores cantaban "venid aquí y golpeadnos también." Después de eso, estos delegados no fueron capaces de volver a las plantas.

Pero estas manifestaciones perturbaban cada vez más a la patronal que empezó a pensar en iniciativas para ponerles fin.

Al principio, trataron de amenazar a los trabajadores y en Renault la dirección de la empresa distribuyó una carta a la plantilla, diciendo que "las manifestaciones perturban el ambiente de la empresa, constituyen un delito y si continúan así, serán despedidos". Estas amenazas provocaron alguna inquietud entre los trabajadores de Renault, sobre todo porque estos trabajadores sabían que en 2012 fueron despedidos 30 trabajadores sólo porque protestaron contra el sindicato amarillo. Tenían miedo al despido, por lo que empezaron a hablar de este tema entre ellos. Finalmente, decidieron que si la tarjeta de un solo trabajador no funcionaba a la hora de entrar en el turno [por lo que se podía considerar despedido], entonces toda la plantilla abandonaba la planta y se reunía a la entrada de la fábrica. Durante varios días, los trabajadores esperaban delante de la fábrica hasta que llegara el último autobús de servicio para entrar todos juntos a la planta.

Finalmente, el 6 de mayo, cuando acudieron los trabajadores del turno de noche (de 0:00 h hasta las 8 de la mañana), las tarjetas de algunos trabajadores no funcionaron ante lo que toda la plantilla abandonó la planta y los trabajadores de otros turnos y de fábricas adyacentes que concluían su turno empezaron a llegar delante de Renault, concentrándose en el patio.

Alrededor de las 4 de la mañana, la dirección de la empresa informó ante alrededor de 2000 trabajadores, que los trabajadores despedidos serían readmitidos, que todo el mundo era libre de adherirse al sindicato que quisiera y que no habrá ningún despido a causa ello. También solicitó 15 días para tomar una decisión sobre el incremento salarial. Después de esta declaración, todos los trabajadores volvieron a la producción. Ahora bien, esta acción les mostró que eran fuertes y la posibilidad de actuar de forma conjunta, lo que les daba más confianza en sí mismos y más coraje.

Por el momento, las manifestaciones continúan casi en todas las empresas organizadas por Türk Metal en la región de Bursa y los trabajadores se desafilian masivamente de este sindicato amarillo en cada fábrica.

El 13 de mayo, la dirección de Renault declaró a toda la plantilla que el 14 de mayo, antes de cada turno, el Gerente General organizaría una reunión con la plantilla y pidió a cada turno que llegara antes para esta reunión. Los trabajadores del primer turno (de 8:00h a 16:00h) acudieron a la reunión. En ella el Gerente General dijo que "No habrá incremento salarial y si hay paros los trabajadores serán despedidos". Los trabajadores se posicionaron en contra y volvieron a su trabajo. Cuando los trabajadores del siguiente turno (16:00h a 24:00h) llegaron a la fábrica, no fueron a reunión y al finalizar su turno no abandonaron la empresa, por lo que el turno siguiente no pudo entrar. Desde entonces, estos trabajadores siguen estando dentro de la planta y la producción está parada.

Al día siguiente, los trabajadores de Tofaş (FIAT) se sumaron a ellos y también pararon la producción sin salir de la planta. Posteriormente, también se sumaron los trabajadores de la industria auxiliar del automóvil en Bursa de otras empresas como, Mako Magnetti Marelli, Johnson Controls, Coskunoz. En una semana, estas huelgas salvajes contra el sindicato amarillo y a favor de un incremento salarial también comenzaron en las fábricas de automóviles en otras ciudades. Ford y Türk Traktor (Case New Holland) también se unieron.

Estas manifestaciones y huelgas, que se han desarrollado de forma espontánea. La comunicación entre los trabajadores de diferentes fábricas es débil; fundamentalmente, se comunican a través de sus anuncios de Facebook. Esto crea demasiada confusión y el espacio para la manipulación por parte de la patronal. Probablemente, los trabajadores de Renault son los mejor organizados. En cada unidad de producción (UET), que cuenta alrededor de 20 trabajadores existe un representante que combina con el departamento, que cuentas con un representante/portavoz por cada turno, si bien finalmente hay un portavoz por departamento. En total existen 8 departamentos, por lo que son 8 los representantes/portavoces del movimiento. Cuando la empresa se ve obligada a aceptar a estos representantes, empieza a negociar con ellos.

El Gobernador de Bursa se reunió con los representantes y la compañía realizó varias ofertas en distintas ocasiones. En cada una de ellas, estos representantes volvieron a su planta y explicaron la oferta, pidiendo a los trabajadores si se aceptan o no. Mientras tanto, también se han dado amenazas de despido y arrestos.

Las direcciones de Renaut y Tofaş hizo un llamamiento a los fiscales para que intervinieran contra estos delegados, que fueron llevados a la oficina del fiscal para ofrecer sus testimonios. A pesar de esta presión, hasta el momento, los trabajadores no han cedido ante estas amenazas. Debido a la huelga en Renault de Bursa, fábricas de Renault en Flins y Le Mans, Dacia Rumania y España probablemente también se movilizarán.

Esta situación pone a la dirección de Renault en una situación difícil: en estos momentos no pueden producir ningún Renault Clio 4, que es uno de los modelos más vendidos de la empresa. Es por eso que la dirección está dispuesta a conceder a los trabajadores lo que quieran, pero la Asociación de Empresarios del Metal no le permitirá hacerlo porque en ese caso se vería obligada a modificar el convenio colectivo en todos los centros de trabajo.

Mirando al futuro

En 1998 ya se dieron acciones del mismo tipo contra el sindicato fascista Türk Metal, patrocinado por el Estado. En aquel momento las direcciones de las empresas lograron contener la situación con algunas promesas falsas y después con despidos masivos. Esta vez, los trabajadores parecen haber aprendido la lección de sus experiencias pasadas. En un primer momento impidieron que la empresa despidiera a ninguno de sus colegas, y también se las arreglaron para organizar una fuerte huelga ilegal y ocupaciones de fábricas en todo el país.

Por supuesto, las empresas tratan de asegurar la producción, pero al mismo tiempo buscan la forma de contener la situación actual y restablecer el orden en la industria del metal. Saben que ahora tienen que encontrar una solución de compromiso, pero a medio plazo también tratarán de reprimir de nuevo mediante despidos de los dirigentes de este movimiento, e intentando imponer de nuevo el Türk Metal o construir otro sindicato amarillo.

Pero una cosa está clara: a partir de ahora, cualquiera sea el resultado de este movimiento, es evidente que la nueva generación de trabajadores jóvenes "sin futuro" del metal están adquiriendo una experiencia exitosa que hará que nada sea igual en el futuro.

23/5/2015



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