Grabar en formato PDF
Medicina
Tener consulta privada no es ético
26/05/2015 | John Dean

Preguntemos a cualquier fumador: la última persona con la que quisiera estar al encenderse un cigarrillo es alguien que acaba de dejar de fumar. Yo me siento igualmente incómodo entre algunos de mis colegas ahora que acabo de cerrar mi consulta médica privada. Como un católico que ha dejado de practicar y es rechazado por el clero: me he convertido en un apóstata.

Siempre he tenido una postura ambivalente con respecto a la consulta privada y con el tiempo me he sentido cada vez más incómodo con mi propia implicación. Me di cuenta de que, en conciencia, no podía seguir así. Al margen de lo alto que me coloque yo el listón moral y ético, no podía eludir el hecho de que estaba participando en un negocio en el que la conducta de algunos era tan venal que bordeaba el delito: los glotones alimentándose a costa de los hambrientos.

El negocio de la medicina y la práctica de la medicina no se llevan bien. La medicina privada lleva a los médicos a tomar decisiones mirando más al beneficio que a la necesidad. Ante la opción entre dos vías terapéuticas equiparables –una de las cuales no reporta ningún ingreso al médico, mientras que la otra conlleva una cuantiosa minuta de honorarios–, el conflicto es arduo. No puedo decir, con el corazón en la mano, que nunca he optado por la segunda.

El dinero está en la raíz de todo esto

¿Por qué lo hice? Para empezar, pensé que necesitaba dinero para renovar la casa, educar a los hijos, etcétera. Y estaba seguro de que podría mantener separado mi trabajo privado de mi empleo en el NHS (National Health Service, Servicio Nacional de Salud). Visitaba a mis pacientes fuera del horario de trabajo y concertaba intervenciones en mi tiempo libre. Sin embargo, cada vez me resultaba más difícil mantener tapada la olla privada a medida que crecía el contenido, de modo que hubo algunas fugas inevitables.

No estaba ganándome la vida tanto como ganándome un ingreso. Por supuesto, la retribución de la consulta privada no era en su totalidad de naturaleza económica; me permitía dedicar más tiempo a los pacientes, conocí a varios personajes interesantes y trabé buenas amistades, cosa que no habría ocurrido si me hubiera dedicado en exclusiva a mi labor en el NHS. Pero el hecho innegable es que el dinero estaba en la raíz de todo. Es extraño, porque yo nunca ansié tener un Maserati o una mansión en los Alpes suizos. Tampoco me atrae la promesa de una “buena comida”, soy más de comer pollo al curry.

El trabajo privado también tiene diversos efectos adversos para el NHS. Un especialista no puede estar en dos sitios a la vez, de modo que el tiempo que dedica al sector privado priva al NHS de un valioso recurso. La consulta privada es un lugar aislado, donde uno no cuenta con el apoyo de un equipo como el que tiene en el NHS. También resulta difícil comentar problemas con los colegas; después de todo, los problemas son de uno, y a ese uno le pagan para que los resuelva. En el sector privado, los colegas del NHS suelen ser competidores.

Además, digámoslo sin ambages: todo este asunto es en gran parte una estafa. Los pacientes creen que pagando se les sirve una medicina de mayor calidad, pero –como ocurre cuando se paga más por un champú con vitaminas añadidas– la promesa es mucho mayor que la realidad. Los ricos y famosos pueden acudir a centros privados para escapar de las miradas del público, pero para la mayoría de pacientes privados “normales”, la principal ventaja no es otra que evitar la cola del NHS. Los hospitales privados son como los hoteles de cinco estrellas, pero mayormente no son un lugar idóneo para alguien que esté realmente enfermo.

Disonancia cognitiva

El aspecto más pernicioso de la medicina privada, sin embargo, es el efecto indirecto que tiene en la consulta de un especialista en el NHS. Es difícil justificar que se someta a pacientes privados a pruebas y tratamientos innecesarios si se evita hacerlo con los pacientes del NHS. Así, para aliviar las tensiones de esta disonancia cognitiva, uno tiene que aplicar el mismo sistema en las dos vertientes de su trabajo. Además, la consulta privada genera un estímulo perverso para incrementar las listas de espera en el NHS; al fin y al cabo, cuanto más largas sean, tanto más rendirá la consulta privada. De ahí que las especialidades con cortas listas de espera, como la oncología, no sean objeto de mucha actividad privada. La envidia por los ingresos privados es una importante fuente de conflictos entre especialistas en muchos hospitales.

Sé qué estarán pensando algunos: ¿qué tiene de malo trabajar en tu propio tiempo libre? Si me hubiera dedicado a repartir prensa o asumido un empleo de sábados, ¿acaso no habría sido lo mismo? Bueno, es posible que el trabajo me hubiera agotado, pero aparte de esto no habría ningún otro conflicto con mi actividad principal.

No echo de menos la consulta privada. Quitarse un peso de encima crea una sensación liberadora. Y creo que el tiempo que he ganado es mucho más valioso que el dinero que ganaba. Sin embargo, ¿es hipócrita estar sentado encima del montón de dinero que he ganado y pretender dar lecciones de moralidad? Puede, pero preferiría no haberlo hecho. Tal vez habría sido más fácil si no me lo hubieran permitido. Es posible que quienes regulan la sanidad pública debieran trazar una línea roja entre la medicina pública y la privada y decir a los médicos que han de escoger, es decir, que no pueden trabajar a ambos lados de la divisoria.

05/05/2015

BMJ 2015;350:h2299

http://www.bmj.com/content/350/bmj.h2299

John Dean es cardiólogo del Royal Devon and Exeter NHS Foundation Trust Hospital, Exeter, Reino Unido.

Traducción: VIENTO SUR



Facebook Twitter RSS

vientosur.info | Diseño y desarrollo en Spip por Freepress S. Coop. Mad.
 
Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual Los contenidos de texto, audio e imagen de esta web están bajo una licencia de Creative Commons