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Elecciones municipales en el Estado español
Barcelona en Comú, la escala de los mapas y el nuevo bloque histórico.
25/05/2015 | Marc Casanovas

Es sabido que los espacios vividos y los espacios de representación política y o mediática ni coinciden ni son la misma cosa. Pero si algo ha caracterizado a este nivel la nueva fase de acumulación por desposesión (de derechos sociales, laborales, políticos…) del capitalismo senil en este nuevo milenio, ha sido el brutal desquiciamiento de estos espacios. Entre la desintegración urbana y social que hoy configuran el marco de experiencia de millones de personas y los marcos de mediación que solían dar legitimación o explicación a los mismos se ha abierto un abismo que la imaginación social y política de las luchas de los últimos años, con especial atención al salto cuántico del 15M, ha sabido ir llenando con sus propias mediaciones y marcos de evaluación. Después de una campaña marcada por asambleas ciudadanas, visibilidad de las luchas (como la de los autónomos de Telefónica) o la movilización masiva del voto en los barrios populares, no cabe duda de que la candidatura ciudadana y de confluencia (Procés Constituent, Podem e ICV-EA) Barcelona en Comú, con sus límites y contradicciones, es una expresión y una mediación más de ese nuevo ciclo de luchas que abrió, ahora hace 4 años, el 15M.

Desde este punto de vista, han resultado algo más que paradigmáticos algunos detalles que han marcado la cobertura de la noche electoral en la cadena nacional catalana de TV3. En una de las múltiples conexiones, el periodista que cubría las elecciones en la sede de Barcelona en Comú se mostraba estupefacto ante el entusiasmo que habían mostrado los activistas concentrados en la sede, primero por la noticia de la alcaldía conseguida por la CUP en la capital del Berguedà y, luego, por la espectacular irrupción de Manuela Carmena con Ahora Madrid. Seguidamente, otro periodista de la misma cadena que estaba en la sede de CiU comentaba cómo los militantes y simpatizantes del alcalde saliente, Xavier Trías, habían mostrado su enfado y desprecio porque en la sede de Barcelona en Comú se gritaba “sí se puede” en castellano (sic.). Poco después, la más que probable futura alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, anunciaba que se abriría una consulta por el “dret a decidir” en la ciudad de Barcelona. El cortocircuito cognitivo aquí ya tomaba proporciones épicas…

Para entender esto puede ser ilustrativo releer a Manuel Vázquez Montalbán cuando (desde el hastío por la ciudad post-olímpica y la Catalunya del pujolismo) escribía hace algunos años en la Literatura en la construcción de la ciudad democrática lo siguiente:

“el Gran Hermano ya no es el Gran Hermano de la utopía de Orwell de 1984, sino ese variable tanto por ciento de población emergente de la ciudad, el que escribe, el que lee, el que tiene conciencia de lo que ocurre y dispone de pautas e instrumentos para imponer su conducta y para sobrevivir, prescindiendo impunemente de saberes opiniones, necesidades de mayorías disgregadas, invertebradas, sin posibilidad de ser un nuevo sujeto histórico de cambio que pusiera de nuevo artes y letras al servicio del conocimiento de lo que nos pasa y de lo que no nos pasa.”

Y es que, entre otras muchas cosas, si algo ha significado la irrupción de Barcelona en Comú es una nueva forma de “conocimiento”, una auténtica “bofetada epistemológica” al “Gran hermano”; a esos espacios de representación política, mediática y cultural, que han marcado la hegemonía “bienpensante” de las últimas décadas. Ya sea porque mucha de esa gente antes “emergente” se ha empobrecido y precarizado a marchas forzadas durante los últimos años de la crisis, incorporándose así como intelectuales orgánicos al bando de las “mayorías invertebradas”, ya sea, porque estas mayorías han ido reconstruyendo desde sus propias luchas, como la PAH y tantas otras, sus propios espacios de conocimiento, representación y organización...

Movilización histórica de los barrios populares, pues, (distritos de Sant Andreu, Nou Barris, Horta-Guinardó…). Después de años de apatía y atomización, esta vez se han movilizado “los nadie”, las “mayorías invertebradas” con las papeletas apretadas entre los dientes para poner a Barcelona en Comú, con 11 regidores, al frente de la alcaldía de Barcelona. Lejos de la mayoría absoluta (21 regidores) ésta será una mayoría difícil de administrar. Franqueada por los partidos del régimen (CiU 10, Ciutadans 5, PP 3…) que harán lo imposible por volver a enterrar durante otras tantas décadas todo lo que representa la victoria de Barcelona en Comú en la capital de Catalunya. También las Cup de Capgirem Barcelona (con una luchadora histórica contra las privatizaciones en sanidad al frente) han entrado con fuerza y serán un aliado natural en todas aquellas políticas que tengan que ver con medidas contra las políticas austeritarias, en favor de la profundización democrática o que vayan abriendo el camino de un proceso constituyente en Catalunya. Pero su apoyo (o el eventual apoyo de otras fuerzas) será insuficiente para hacer avanzar estas políticas...

Más allá de la geometría variable que se pueda conformar en medidas puntuales con los 5 regidores d’ERC, los 4 de PSC y los 3 de las CUP, lo cierto es que la única salida realista pasa por trabajar para hacer palpables desde ya las palabras que han acompañado la histórica campaña de movilización ciudadana de Barcelona en Comú:”mandar obedeciendo”.

No es momento para quedarse empantanado en políticas de gestión “realista” de la miseria, de capitalismo “con rostro humano”… El peligro de institucionalización de las energías populares y sus luchas es real y de sobras conocido. Pero Barcelona es un “fortín” fundamental en la guerra de posiciones contra el régimen del 78 y contra el capital global. Y no está sola. La revolución democrática ha irrumpido con fuerza: desde las propias CUP que pasan de 101 regidores a 372 en toda Catalunya hasta las candidaturas de confluencia rupturistas conformadas de forma variable por Procés Constituent, PODEM, CUP o ICV-EUA y activistas sociales independientes, éstas han tomado posiciones importantes en muchas ciudades del área metropolitana como Ripollet, Badalona, SantaColoma… o en muchos pueblos y capitales de comarca como Amposta, Terrasa, Sant Cugat… Finalmente, en el resto del Estado, las candidaturas de unidad popular han tomado de forma espectacular posición en lugares como Madrid y Cadíz. La Europa anti-austeridad no solo nos mira con esperanza sino con posibilidades de solidaridad real, desde la fuerza popular e institucional ganados en el Sur de Europa.

Hay que ajustar, pues, bien la escala de los mapas y pensar los movimientos. No en función de la geometría variable de la representación institucional en el ayuntamiento, sino en vistas de un proceso de largo aliento que pasa por subvertir y utilizar las palancas institucionales para apoyar la autoorganización popular en los barrios o los centros de trabajo, por la configuración de alianzas entre municipios anti-austeridad y por la remunicipalización en Catalunya y el resto del Estado y por la solidaridad activa entre los grandes centros de lucha contra el capital gobal como Grecia… solo así, las esperanzas en este largo ciclo de luchas que empezó ahora hace 4 años (pero que viene de muy lejos) podrán convertirse en fuerza material, en dignidad y poder para los de abajo.

Con la experiencia de Barcelona en Comú se abre una gran oportunidad también a escala Catalana. Por decirlo con una metáfora artística, si algo ha caracterizado históricamente los movimientos populares, las luchas plebeyas de los de abajo por su emancipación, ha sido el principio “constructivo” del “montaje” y no el de la “fusión” de la “obra orgánica”: una lógica de articulación y combinatoria donde los elementos heterogéneos mantienen su autonomía y su capacidad de iniciativa dentro de una misma lógica constructiva. En la obra orgánica, por lo contrario, las partes se ven necesariamente sometidas a ser epifenómenos de una “totalidad expresiva” que les da su sentido último: las costuras y las juntas que mantienen unidas las piezas en su especificidad son borradas, las huellas que señalan el carácter construido de la obra y, por tanto, la posibilidad de su variación o transformación, son negadas, de modo que cada parte aparece como subordinada y subyugada al todo.

En este sentido Barcelona en Comú apunta a la posibilidad real y “constructivista” de fundación de un nuevo bloque histórico a escala nacional; de refundación de un catalanismo obrero, popular y hegemónico que eche fuera a la derecha y articule en una misma lógica constructiva las inmensas energías populares desatadas por el proceso soberanista y el 15 M para abrir un proceso constituyente unilateral y desde abajo en Catalunya. Combinado con otros procesos en el resto del Estado y en el Sur de Europa. Hoy es más posible que nunca romper la agenda de la derecha nacionalista y su “obra orgánica” de frente patriótico donde las piezas populares van perdiendo cada vez más su capacidad de autonomía (aunque ganen votos) y articular una alternativa de ruptura democrática con el régimen del 78. Las piezas están aquí, las experiencias fundadoras están sobre la mesa y empiezan a caminar, de nosotros depende pasar de una municipalismo constituyente a un bloque histórico constituyente que tenga su próxima parada en las próximas elecciones a la Generalitat de Catalunya.

25/05/2015



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