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País Valencià
No todos los males vienen de Almansa. Por un independentismo útil
21/05/2015 | Enric Gil i Muñoz

Reivindicad siempre el derecho a cambiar de opinión: es lo primero que os negarán vuestros enemigos.

Joan Fuster, Consejos, proverbios e insolencias

El desconcierto “nacional” de los valencianos no es ningún secreto para nadie. Y sería pueril querer explicarlo con la media docena de tópicos que son de rigor en tales casos. Sobre todo, sería ridículo transferir todas las responsabilidades –si es que “responsabilidades” es la palabra adecuada- al otro. Nada más sencillo ni más confortable, para un pueblo como para un individuo, que considerarse “víctima” y atribuir el origen de sus desgracias o de sus errores a una dolorosa interferencia ajena.

Joan Fuster, Nosotros, los valencianos

Ahora que el Régimen del 78 se encuentra inmerso en plena “operación Gattopardo” (tal y como nos explicaba, en un excelente artículo, el sociólogo valenciano Gil-Manuel Hernández /1) es más necesario que nunca reflexionar sobre las verdaderas alternativas a un sistema político y económico pensado para enriquecer a una minoría a expensas del empobrecimiento de la mayoría. Desde una óptica específicamente valenciana, tiene razón Antoni Infante cuando dice que tenemos que ir más allá de la (necesaria) denuncia de la corrupción, y hablar en plata sobre qué proyectos políticos concretos defenderemos una vez que hayamos derrotado electoralmente al PP /2.

En este sentido, muy bien podríamos decir que el horizonte de una España plural, respetuosa con el derecho a decidir y con la diversidad lingüística y cultural de los pueblos que la integran, continúa siendo, a día de hoy, aquello que siempre ha sido: un imposible metafísico, una contradicción en sus términos. No habría mejor prueba de esto que el hecho que Podemos, la gran esperanza del regeneracionismo español, ha sido incapaz de romper con el secular españolismo uniformista /3. Muchos catalanes ya hace tiempo que han llegado a la conclusión que España es irreformable, y por eso quieren marcharse. Bien haríamos los valencianos de tomar nota y empezar a hablar de independencia sin complejos, con la voluntad de convertir el discurso independentista en hegemónico. ¿Cómo conseguirlo? En esta tarea, libros como No todos los males vienen de Almansa, de Antoni Rico (Ediciones El Junco, Lleida, 2013), nos ofrecen una ayuda inestimable.

En su ensayo, Rico se plantea el objetivo de estimular el debate a propósito del proyecto político que representan los Països Catalans partiendo de una crítica a la forma habitual como este proyecto se ha entendido. Para decirlo de una manera foucaultiana, se trataría de "penser autrement" los Països Catalans. ¿Cómo? El núcleo duro del razonamiento de Rico partiría de una crítica a la concepción esencialista de las naciones, con el objetivo de sustituirla por un planteamiento que podríamos calificar de pragmático o voluntarista. Las naciones no son, sino que se hacen: las hacemos. El esencialismo que exuda el paradigma etnolingüístico, según el cual todos los catalanoparlantes de los Países Catalanes serían catalanes, quieran o no, sean conscientes o no de ello (y esto en virtud de la lengua que hablan), se ha mostrado muy poco efectivo. Tal y cómo afirma Jordi Muñoz en la introducción, repetir insistentemente consignas del tipo “Somos Països Catalans” o dibujar su mapa de cuando en cuando, no sirve de mucho si queremos ir más allá de una política ritualista de autoconsumo, destinada a los (pocos) ya convencidos. La motivación para construir los Països Catalans (porque los Països Catalans no son, sino que se han de/los tenemos que construir) no vendrá del hecho de repetirle continuamente a la gente que es catalana, tanto si quiere como si no, sino de vincular este proyecto de construcción nacional a una mejora de las condiciones de vida material de las mayorías (tal y cómo señala Rico siguiendo el planteamiento marxista de Miroslav Hroch), así como a un proyecto social radicalmente democrático.

Todo ello no significa que la lengua no sea importante. Lo que pasa es que este tema se tiene que encarar, también, de otro modo. La lengua catalana tendría que ser tratada, más que como la depositaria de las esencias patrias, como un vehículo para la cohesión social de todos los habitantes de los Països Catalans. Porque aquí lo que está en juego no es la pugna entre dos identidades esenciales irreconciliables, vinculadas a diferentes lenguas (la identidad/lengua castellana/española frente a la identidad/lengua catalana), sino la confrontación entre dos modelos diferentes de sociedad: uno, el que ha representado históricamente y todavía en la actualidad el Estado español (a pesar de Podemos), tendente a la supremacía y/o exclusividad del castellano respecto de las otras lenguas; y el otro, el que tendrían que hacer suyo estos Països Catalans para construir, basado en el respeto a la diversidad de lenguas y a los derechos lingüísticos y culturales de todos sus ciudadanos. Porque el esquema habitual 1 lengua = 1 nación = 1 estado, además de ser problemático porque implica acabar con las lenguas minoritarias que puedan haber en un determinado país, es también de muy difícil aplicación en un territorio como el valenciano, donde hay zonas predominantemente castellanoparlantes (las comarcas del interior, las tierras del Vinalopó, y del Baix Segura) y donde (añadiríamos nosotros) en las zonas históricamente catalanohablantes, los efectos de la globalización, el fenómeno migratorio y los ataques sistemáticos de las instituciones españolas y valencianas han hecho que el catalán pierda posiciones. En definitiva, la lengua y la cultura catalana son muy importantes, pero: 1) no son el único factor a tener en cuenta; 2) se tienen que encarar de otro modo, superando la visión negativa del multilingüismo típica del esencialismo catalanista.

Más allá de la lengua, vincular un proyecto de construcción nacional a la mejora material de las condiciones de vida de las clases populares es fundamental para su éxito. En este sentido, el contexto de crisis económica donde nos encontramos tendría que constituir un acicate para la creación de los Països Catalans. Porque, si bien es cierto que, como el resto del Estado español y de los países del sur de Europa, somos también víctimas de las políticas austericidas impuestas por la Troika, no lo es menos que los habitantes de los Països Catalans sufrimos una situación de expolio fiscal y de carencia de inversiones que provoca que las agresiones a nuestros derechos sociales y económicos sean todavía más violentas. Cataluña sufre un expolio fiscal equivalente a un 8,7 % de su PIB; el de las Islas, equivale a un 14,20 %; y, el del País Valencià, a un 6,32 % (el caso valenciano es especialmente sangrante, puesto que somos la única comunidad autónoma más pobre que la media que, aún así, paga más del que recibe de las arcas estatales). Esta es la “especificidad nacional catalana” de la crisis económica. En Cataluña, muchas personas castellanoparlantes, de origen español, se han concienciado de esta injusticia y se han sumado al proyecte independentista por motivos básicamente económicos, más allá de los tópicos etnicistas. Pero la construcción de un nuevo estado o estados catalanes tendría que estar al servicio no sólo de la superación del imperialismo español, sino también de la liberación respecto de la dictadura del capital global (los mercados, las transnacionales, la Troika, la UE…). En este punto, añadimos nosotros, la izquierda independentista no tendría que olvidar un tema crucial para la izquierda europea en la actualidad: las servidumbres que implican la pertenencia a la UE y a la zona euro. En resumen, el proyecto de unos Països Catalans independientes se justificaría, desde un punto de vista económico, por la necesidad de construir una vía postneoliberal específicamente catalana, que aborde no únicamente los problemas comunes a todos aquellos territorios que se encuentran bajo el yugo del totalitarismo invertido, que diría el filósofo norteamericano Sheldon Wolin/4, sino también aquellos derivados del hecho de ser una colonia tributaria española.

Por último, pero no por eso menos importante, el proyecto de construir los Països Catalans tiene también un valor político en si mismo, en el sentido que implica la posibilidad de crear una nueva institucionalidad. Una nueva institucionalidad que constituiria una alternativa al pútrido Régimen del 78 y a sus instituciones, carcomidas de corrupción y edificadas en su momento para instaurar una democracia “controlada” que no inquietara a las élites provenientes del franquismo. Crear los Països Catalans comporta comenzar un proceso constituyente que tendría que tener como finalidad instaurar un nuevo régimen político más cercano a una “democracia real” o radical que no a la democracia burguesa que estamos padeciendo desde la muerte del dictador. O mejor dicho: se trataría de comenzar varios procesos constituyentes según los diferentes territorios, porque el ideal de los Països Catalans tiene que abandonar también, además del esencialismo lingüístico y el ideal monolingüe, la concepción centralista y jerárquica de la organización política. Los Països Catalans, si quieren ser un proyecto verdaderamente democrático, se tienen que construir desde abajo hacia arriba, respetando las peculiaridades y ritmos de cada territorio, teniendo como horizonte un modelo de convivencia de tipo federal/confederal, donde el autogobierno de cada estado se complementaría con un gobierno común a todos los estados catalanes. En este punto, Rico, además de reconocer la influencia de autores como el subcomandante Marcos o Naomi Klein, se declara deudor del pensamiento anarquista, federalista y republicano, como no podía ser de otra manera, en un proyecto que tiene en la radicalidad democrática su razón de ser.

Esencialismo lingüístico, ideal monolingüe, centralismo jerárquico: es curioso comprobar hasta qué punto el catalanismo ha copiado rasgos de los estados-nación de los cuales se ha querido liberar, el español y el francés. Si seguimos el planteamiento de Rico, el ideal de los Països Catalans no puede reducirse a ofrecer más de lo mismo pero a la catalana. Hace falta, en primer lugar, deconstruir mentalmente el modelo de los estados-nación liberales de los siglos XIX y XX para poder, después, construir un/os estado/s nuevos, pero nuevos en todos los sentidos: en cuanto al respeto a la pluralidad de sus territorios y de sus habitantes, en cuanto al bienestar material y a la justicia social de qué puedan disfrutar sus ciudadanos, y en cuanto a la calidad de su democracia. El libro de Rico nos propone una interesante alternativa tanto al catalanismo monolítico como a las terceras vías. Situar la batalla en el terreno del esencialismo, frente a un nacionalismo mucho más poderoso que el nuestro cómo es el español, no nos ha hecho avanzar mucho. Tampoco están del todo claro las ventajas del valencianismo “acatalanista” que representan las terceras vías (seguramente en breve tendremos ocasión de comprobar su eficacia, si el PP pierde las próximas elecciones autonómicas y acceden al poder partidos progresistas que representan de alguna manera esta opción). Frente a estos planteamientos, la vía del independentismo útil puede representar una alternativa muy seria. ¿Utópica? Sí, pero ya nos enseñó Eduardo Galeano que las utopías servían para hacernos andar. Además, tal y como nos ha recordado Josep Fontana, las revueltas que hacen cambiar la historia suelen producirse cuando menos se las espera y dónde menos se las espera. ¿Por qué no en el País Valenciano, por ejemplo? /5

Enric Gil Muñoz, miembro de la Plataforma pel Dret a Decidir del País Valencià

13/5/2015

Traducción: VIENTO SUR

http://opinions.laveupv.com/opinio/blog/5323/no-tots-els-mals-venen-dalmansa-per-un-independentisme-util-tambe-al-pv

Notas

1/ http://opinions.laveupv.com/gil-manuel-hernandez-i-marti/blog/5247/operacio-gattopardo

2/ http://www.elpuntavui.cat/noticia/article/3-politica/17-politica/850122-a-mes-de-fer-fora-el-pp-ens-cal-un-full-de-ruta.html

3/ http://www.vilaweb.cat/noticia/4283475/20150505/podem-inclou-dret-decidir-programa-electoral.html

4/ Wolin, Sheldon, Democracia S. A. La democracia dirigida y el fantasma del totalitarismo invertido, Katz Editores, 2009, Argentina.

5/ Fontana, Josep, El futuro es un país extraño, Pasado & Presente, 2013, Barcelona, pàg. 153.



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