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África del Sur
Xenofobia, masculinismo, ¡mismo combate!
18/05/2015 | Joelle Palmieri

En África del Sur, la actualidad de los horrores xenófobos provoca comentarios rebuscados sobre la contradicción entre la Nación Arcoiris [término acuñado por Desmond Tutú para describir la diversidad de un país en el que conviven multitud de razas, idiomas, culturas y religiones) y su realidad. Las declaraciones de los dignatarios sudafricanos me obligan a recordar que se inscriben en un contexto de, al menos, una gran impronta colonial con su carga de violencia endógena y, sobre todo, tradicionalista y masculinista. En este país, el masculinismo estructura el Estado, y sus dirigentes, instalados desde hace tiempo en su negación, organizan la jerarquización de las relaciones sociales y estructuran metódicamente el rechazo del Otro.

En la Constitución sudafricana, el artículo 12 reconoce varios jefes tradicionales, entre ellos diez reyes y una reina. Uno de ellos Goodwill Zwelithini kaBhekuzulu, de 66 años, es un poderoso jefe tradicional con indudable autoridad moral. Su jurisdicción se extiende sobre alrededor de 12 millones de Zulús, más de la quinta parte de la población sudafricana y principal etnia del país originario del Este, el KwaZulu-Natal. Su vínculo con el Estado es, ante todo, financiera: recibe 1,3 millones de rands (100 000 euros) del gobierno y el gobierno provincial le da más de 50 millones de rands (4 millones de euros). Posee siete palacios, mantiene seis esposas y veintiocho hijos. El rey goza de hecho de una cierta fidelidad por parte del poder central pues es considerado como factor de estabilidad/1: debido a enfrentamientos que tuvieron lugar en esta provincia antes de las primeras elecciones democráticas de 1994 entre el partido zulú Inkatha (cercano al colonizador) y la ANC (Congreso Nacional Africano), el partido en el poder juega con el monarca la carta de herramienta pacificadora. Dicho de otra forma, desde el final del Apartheid, existe un modus vivendi entre el ANC en el poder y el jefe zulú (reconocido, sin embargo, como reaccionario), con el objetivo de asegurar una paz social a nivel nacional. Más en general, esta legitimación de los jefes tradicionales es una herencia directa del pasado colonial y segregacionista del país/2, “reconociéndose” en ellos los autóctonos, y jugando los colonizadores con la división social que produce.

A finales de marzo de 2015, Goodwill Zwelithini llamó a que “los extranjeros hicieran sus maletas y se largaran”. Este llamamiento generó después una ola de manifestaciones xenófobas en todo el país y provocó siete muertos entre los demandantes de asilo y refugiados mozambiqueños, malawitas, somalíes, zimbabweanos, etc., mayoritariamente africanos y, en su mayor parte, comerciantes/3. El rey considera a los zulús como sus súbditos y se disculpa sobre este tema de todos los incidentes violentos ocurridos pues dice no haberles ordenado jamás atacar a los extranjeros: “Si hubiera dicho eso, ¡no quedaría ni uno!”. De ese modo ha reforzado todo su poder sin condenar los crímenes. Además de este racismo asumido, recordemos otras de sus pasadas: Goodwill Zwelithini asoció públicamente a los homosexuales con “pudredumbre”.

Edward Zuma: la demostración de la negación

Dos semanas después de las declaraciones del rey, Gwede Mantashe, secretario general del ANC, animaba al gobierno a “endurecer la aplicación de las leyes sobre la inmigración”, es decir a reforzar las medidas tomadas el año precedente. Propuso el establecimiento de campos de refugiados para mejor controlar a los “extranjeros ilegales”, abundando en el sentido del monarca, que no ha desautorizado sus afirmaciones.

En la misma semana, Edward Zuma, hijo del presidente en ejercicio, él también zulú, declaró estar de acuerdo con el monarca en “deportar a los extranjeros fuera de África del Sur”. El político no retrocede ante ninguna amalgama y asocia “todos los extranjeros” a hombres -seres del sexo masculino- malhechores: traficantes de droga, ladrones de empleo, intrínsecamente criminales, pues son antiguos soldados, clandestinos… A propósito de las supuestas armas que estos extranjeros portarían ostensiblemente consigo, debido a su pasado militar, Zuma Junior argumenta: “En África del Sur, tienes que tener un permiso de armas para poder llevar un arma de fuego. ¿Dónde están sus permisos? No podemos excluir la posibilidad de un futuro golpe. El gobierno debe desembarazarse de quienquiera que resida ilegalmente en el país. Tienen que irse!”. Fustiga igualmente a los “extranjeros” en tanto que traficantes de drogas: “Son la razón por la cual hay tanta droga en el país. Proveen y venden droga a las comunidades en nuestro país. Por ejemplo, mirad a Radovan Krejcir [un fugitivo checo acusado, junto a otros tres, del asesinato de un libanés]: ha venido al país porque sabía que podría cometer un crimen y salir libremente”. Y en torno al nivel de la seguridad: “No hablo solo de los extranjeros provenientes de los países africanos, hablo también de los asiáticos y europeos. Representan una amenaza real para la seguridad en este país, y la policía no puede atraparles porque no los pueden encontrar, porque algunos de ellos no poseen los papeles requeridos”.

Globalmente, Edwuard Zuma asocia la presencia de los “extranjeros”, como grupo uniforme, a una amenaza contra el país. Refuerza la tesis de la victimización de África del Sur: “La razón por la que digo esto es que ciertos extranjeros trabajan para empresas privadas de seguridad en las que han sido empleados con salarios bajos. Estas empresas están adulterando la aplicación de la legislación laboral sudafricana”. Además de ser potenciales asesinos, los “extranjeros” son los vectores de una adulteración de la ley sudafricana.

La idea que persigue Edward Zuma es rechazar los problemas socio-económicos y políticos que conoce el país desde hace muchos años (paro endémico, pauperización de población, pandemia del sida, crisis política de la ANC…) /4, que incluso se agravan, descargándolos sobre una categoría social: los “extranjeros”; en su mayor parte refugiados económicos y políticos, hombres y mujeres, en algunos casos víctimas de masacres, de violaciones, etc. Y de esa manera, revalorizar a los nativos y, en particular, a los miembros de la etnia zulú, mayoritaria y dominante. Esta revalorización pasa por su victimización, es decir por poner de relieve su potencial amenaza/puesta en peligro por un grupo social que les es extraño. Nos encontramos aquí con la dialéctica masculinista que rechaza a las mujeres como grupo, llama a su represión con el objetivo de devolver a los hombres negros zulús su fuerza viril, amenazada a la vez por Occidente y las feministas. El ejemplo de la posesión de armas de fuego y de sus consecuencias es instructivo, pues los hombres sudafricanos no han esperado a los refugiados para matar masivamente a sus esposas, hermanas, sobrinas…. Recordemos que África del Sur conoce la mayor tasa de feminicidio del mundo/5, en particular, porque el uso de las armas de fuego es algo corriente. Solo este ejemplo demuestra, en el discurso de Edward Zuma, una forma de negación de la violencia endógena del país, producida por sus propios dirigentes. La xenofobia viene aquí a calcarse sobre el masculinismo. Se casa con sus formas.

Jacob Zuma: el matiz que refuerza la jerarquización social

Después de tres semanas de disturbios, el 16 de abril, el gobierno tomó la palabra. Jacob Zuma hizo un llamamiento en el parlamento a “frenar la violencia”. Declaró que “ningún grado de frustración o de cólera puede justificar ataques contra ciudadanos extranjeros o el robo de sus tiendas”. El 18, anuló un viaje oficial a Indonesia y declaró en un campo de refugiados en Durban, ciudad portuaria en la que comenzaron los ataques contra los “extranjeros”: “No son todos los sudafricanos los que dicen que tenéis que iros sino solo una pequeña minoría. […]. No puede haber justificación a los ataques contra los extranjeros”. El 21, el presidente en ejercicio optó por una nueva posición: los ataques de los sudafricanos contra los extranjeros son debidos al Apartheid y a la ignorancia. Recordó a la prensa las grandes tesis sobre la violencia como único sistema de socialización heredado del régimen segregacionista/6. Declaró que “el error es no haberles enseñado que el Apartheid forma parte ya del pasado y que no hay ya necesidad de recurrir a la violencia frente al otro”. Esta posición no es nueva. Más que designar a los autores de las agresiones y asesinatos como criminales, los coloca como víctimas. Refuerza el lugar subalterno del sudafricano negro pobre, incapaz de pensar por sí mismo, de tomar la palabra, que demandaría ser educado, ya que está dominado por una herencia colonial segregacionista que le impide vivir “normalmente”. Confirma la división del poder entre la élite -que está instalada, toma las decisiones, hace las leyes- y la “base”, desprovista de todo. Reproduce las relaciones de poder tal como estaban establecidas en la época colonial. Además, excluye el carácter sexuado, y en general más expandido, de los actos. ¿quienes son los autores? ¿Hombres, mujeres? ¿Negros, mestizos, blancos? ¿pobres o ricos? ¿jóvenes, menos jóvenes? ¿Heterosexuales, LGTB? En ese terreno, el objetivo del presidente, de forma más matizada que su hijo, es hacer del joven, inactivo y heterosexual pobre hombre negro de los townships sudafricanos un individuo social masculino a proteger, una víctima más que un actor de su sociedad. Y, de rebote, a la vez que hace el mea culpa del poder, la restringe a la debilidad de las políticas de educación, porción ridícula de la responsabilidad sociopolítica de los acontecimientos que reside en opción por el neoliberalismo/7, la corrupción, el deterioro de las políticas de salud, etc. Disculpa al partido en el poder, guarda así su hegemonía y reafirma la jerarquización de las relaciones sociales que atraviesan la sociedad sudafricana: el uso del “les” permite la distancia necesaria entre los dominantes y los dominados.

En relación con esta condescendencia/desprecio hacia los presuntos autores de los crímenes, recordemos que Jacob Zuma se define como un “tribuno zulú”, fuertemente unido a su provincia de origen, el KwaZulu-Natal, y reivindica concepciones y prácticas muy tradicionales como el test de virginidad o la poligamia, tolerada en la ley tradicional y constitucionalmente ilegal/8. Ha organizado sus múltiples matrimonios de forma pública y oficial. Esta decisión forma parte de un arsenal discursivo elaborado que alimenta, por su intermedio y el de sus partidarios, un discurso renovado de intolerancia y de rechazo del Otro, cargado de tradicionalismo y de masculinismo. Por ejemplo, durante las elecciones presidenciales de 2009, el actual presidente colocó las cuestiones de género y de sexualidad en el centro del discurso, situándose personalmente en posición de “víctima” de un sistema legislativo opresivo (en referencia a todas las denuncias judiciales de las que había sido objeto)/9. La maniobra política apuntaba a la autoidentificación del hombre sudafricano de “base”, pobre, negro, de los townships, maltratado por la ola feminista local por su expresión “normal” de la sexualidad/10. Organizó la campaña 100% Zulu Boy/11 en la que manifestó abiertamente su defensa de una vuelta a los valores tradicionales africanos/12; es decir, los favorables a la manifestación del poder del hombre sobre la mujer. Julius Malema, entonces dirigente de la Liga de la Juventud del ANC, demandaba el “exilio de las jóvenes embarazadas”, en referencia a la hipotética hipersexualidad de las adolescentes alegada por los abogados de la defensa de Zuma en su proceso/13. Malema ha hecho también declaraciones sobre la forma en que las víctimas de violación “deberían” comportarse, en el sentido en que no son, en su opinión, víctimas sino provocadoras. En concreto, declaró que la acusadora del Presidente Zuma había “pasado un buen rato”/14.

Como subraya Lisa Lindsay, estos discursos abiertamente misóginos/15 han alimentado el sentimiento de “castración”/16 de ciertos sudafricanos, sentimiento reforzado por el de no ser ya capaces de cumplir su papel socialmente asignado de proveer de lo necesario a la familia puesto que en este país el paro se eleva al 39%. El hombre sudafricano no sería ya un “verdadero” hombre. Hay que señalar que este discurso prevalecía ya en la época colonial, en la que los colones europeos en África, consideraban culturalmente al hombre como el único sostén de la familia cuando la realidad era completamente diferente; siempre fueron las mujeres quienes ocuparon el sector remunerado del comercio/17. Este discurso no es por tanto algo nuevo y es reutilizado por los hombres en el poder a fin de justificar las violencias, en concreto las perpetradas hacia mujeres, así como su subordinación. Con ello, perpetúa lo que se puede calificar de masculinismo colonial, y esto al más alto nivel del ejercicio del poder.

Una Africa del Sur hegemónica y colonialista

Cuando el 19 de abril Malusi Gigaba, Ministro del Interior, declaró que “lanzamos una seria advertencia a quienes participan en actos de violencia pública. Os encontraremos y tendréis que hacer frente a la ley en todo su rigor”, refuerza esta idea de distancia entre la élite y la masa subeducada cuando ninguna de las dos personas -Zuma y Gigaba- denunció las declaraciones del rey y aún menos las del hijo del presidente.

La ambigüedad está de moda. Por otra parte, reafirma la opción legislativa del gobierno. A propósito de esto, recordemos que en materia de inmigración las leyes se han endurecido estos últimos años. En la práctica, y como recuerda Achille Mbembe, los permisos de trabajo no se renuevan, los visados se niegan a miembros de una familia, “los niños se encuentran en los limbos de las escuelas”. “Una situación kafkiana”, añade el filósofo camerunés, que se extiende a los estudiantes “extranjeros” que han entrado legalmente en el país, con sus visados renovados, pero que ahora se encuentran en la inseguridad jurídica, incapaces de matricularse y de acceder a las becas a las que tienen derecho y que les había sido asignadas por las fundaciones. Se trata claramente de nuevas medidas antiinmigración, por las cuales el gobierno pretende transformar a los inmigrantes legales en clandestinos. Achille Mbembe habla de verdadero pogromo, de deuda de África del Sur a África, cuyas realidades ignoran los dirigentes.

Esta ignorancia es el producto de una violencia elaborada. Es verdad que heredada del pasado colonial del país, pero mantenida por el ANC desde su llegada al poder. El juego de competencia entre Estados, de Occidente y del “Sur”, pero también del “Sur” entre sí, ha mantenido en este país la necesidad de crear un “modelo”, superior, hoy hegemónico en África y en el interior del país. La colonialidad en marcha funciona, ajustando cada relación de dominación -de clase, de raza, de género- al milímetro de esta ambición nacionalista y chauvinista, añadida a una visión capitalista liberal feroz. Se señala a los inmigrantes o “extranjeros”, al igual que a las mujeres pobres negras de “base”, espinas en el engranaje de una máquina para jerarquizar las relaciones sociales.

Julius Malema, dominar por omisión

Presidente del partido Economic Freedom Fighters (EFF) desde 2013, Julius Malema arregla sus cuentas con su antiguo aliado, Jacob Zuma. El 16 de abril, declaraba que “el Estado siendo el primogénito del conjunto de la sociedad, se convierte en responsable de toda la violencia infligida contra nuestros ciudadanos extranjeros”. Añadía durante los pocos minutos en que tuvo la palabra: “A través del Estado se ha dicho a nuestro pueblo que la resolución de las diferencias debía pasar por la violencia. Bajo vuestra dirección, cuando no estuvisteis de acuerdo con la gente de Marikana, la matasteis porque no jamás creísteis en la resolución pacífica de las diferencias”. Ha precisado que cuando, el año pasado, el EFF se mostró en desacuerdo con el partido en el poder en el Parlamento, éste aplicó igualmente la violencia. El dirigente político disidente pretende así cargar la responsabilidad política de los acontecimientos y en el ámbito de la violencia sobre el partido en el poder, el ANC.. Él también oculta las declaraciones del monarca y del hijo del presidente, y se sirve del concepto de la violencia, como su enemigo Zuma, para explicar el disfuncionamiento de una sociedad en transición. No evoca las políticas económicas, ni de inmigración y de alianza con las diferentes etnias para asegurar la paz social. Menos aún la exacerbación del sentimiento de superioridad sudafricana cuya propagación, en gran medida, facilitó cuando formaba parte de los allegados del actual presidente. Omite recordar en qué contribuyó él a reforzar el sentimiento de castración de los hombres negros de la “base”, una violencia como tal, al menos explicada así, cuyo único objetivo era reforzar un partido en decadencia, el ANC. El gato que se muerde la cola.

24/04/2015

https://joellepalmieri.wordpress.com/2015/04/24/xenophobie-masculinisme-meme-combat/

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR

Notas

1/ FRIEDMAN, Steven 2002, “Democracy, Inequality, and the Reconsitution of Politics” in Tulchin Joseph S. & Brown Amelia 2002, Democratic Governance and Social Inequality, Lynne Rienner Publishers, 205 p., p. 13-27.

2/ FIKENI Somadoda 2008, Conflict and Accommodation : The Politics of Rural Local Government in the Post-apartheid South Africa, ProQuest, 329 p.

3/ África del Sur cuenta aproximadamente con cinco millones de inmmigrantes (el 10% de la población) originarios en su mayor parte del África austral, del cuerno de África y del subcontinente indio.

4/ Ver en particular : DANIEL John, HABIT Adam & SOUTHALL Roger, State of the nation : South Africa, 2003-2004, Human Sciences Research Council. Democracy and Governance Research Programme, Le Cap, HSRC Press, 2003, 416 p. ; BHORAT Harron, VAN DER WESTHUIZEN Carlene & JACOBS Toughedah, Income and Non-Income Inequality in Post-Apartheid South Africa : What are the Drivers and Possible Policy Interventions ?, documento de trabajo para el Development Policy Research Unit (DPRU), 09/138 agosto 2009, DPRU, p. 8, , consultado el 11/01/2013 ; BUHLUNGU Sakhela & alii (dir.), The State of the Nation : South Africa 2005-2006, Human Sciences Research Council’s (HSRC), 2005-06, 568 p., , consultado el 11/01/2013.

5/ JEWKES Rachel & alii, Understanding men’s health and use of violence : interface of rape and HIV in South Africa, Gender & Health Research Unit, Medical Research Council, 2009, consultado el 27/03/2008.

6/ BROGDEN Mike, La criminalité en Afrique du Sud, Au risque des espaces publics. Paris, Annales de la recherche urbaine, n° 83/84, 1999, p. 239 ; DE COSTER Michel, BAWIN-LEGROS Bernadette & PONCELET Marc, Introduction à la sociologie, 6e édition, Broché, Paris, De Boeck, Collection Ouvertures Sociologiques, 2005, p. 119 ; KYNOCH Gary, Urban violence in colonial Africa : A case for South African exceptionalism, contribution présentée au Wits Institute for Social and Economic Research, le 15 mai 2006, publiée dans Journal of Southern African Studies, XXXIV (3), septembre 2008, Londres, Routledge,

7/ Los gobiernos que se han sucedido desde el fin del apartheid en África del Sur han optado por poner en pie políticas neoliberales en el sentido de que están basadas en una economía y una ideología que valorizan las libertades económicas (libre-cambio, libertad de empresa, libre opción de consumo, de trabajo, etc.), la libre competencia entre las empresas privadas en detrimento de la intervención del Estado y la globalización de los intercambios de servicios, de bienes y de factores de la producción correspondientes (capital, trabajo, conocimientos…) que forman mercados mundiales.

8/ Ver en particular “Afrique du Sud : Jacob Zuma sur les traces de Thabo Mbeki ?”, Afrik.com, 19 décembre 2007, consultado el 13/01/2010.

9/ Ver ROBINS Steven, “Sexual Politics and the Zuma Rape Trial”, Journal of Southern African Studies, XXXIV (2), junio 2008, p. 411-427.

10/ VAN DER WESTHUIZEN Christi, “100% Zulu Boy” : Jacob Zuma And The Use Of Gender In The Run-up To South Africa’s 2009 Election, Women’s Net, 2009, , consultado el 28/03/2010.

11/ Christi Van der Westhuizen, op. cit.

12/ Tambiénconsultado el 30/04/2010.

13/ Ibidem.

14/ Ver PINO Angelica, Equality Court Agrees, Speech Can Be Deadly Weapon, SANGONeT, 2010, consultado el 30/04/2010.

15/ MUELLER-HIRTH Natascha, After the rainbow nation : Jacob Zuma, charismatic leadership and national identities in Post-Polokwane South Africa, Department of Sociology Goldsmiths, Université de Londres, 2010, 16 p., consultado el 28/03/2008.

16/ LINDSAY Lisa A., “Working with Gender : The Emergence of the “Male Breadwinner” in Colonial Southwestern Nigeria”, in COLE Catherine, MANUH Takyiwaa & MIESCHER Stephan F. (dir.), Africa After Gender ?, Indiana University Press, 2007, 344 p., p. 241-252.

17/ Ibidem.



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