Grabar en formato PDF
Historia
La guerra civil europea y el “Espíritu del 45”
16/05/2015 | Jesús Rodríguez Barrio

La historia tradicional siempre ha presentado la segunda guerra mundial como una consecuencia, básicamente, de los nacionalismos exacerbados y violentos que fueron creciendo en Europa después de la primera guerra mundial (es decir: como una guerra entre naciones, representadas por sus estados). Pero cada vez gana más adeptos entre los historiadores/1 el punto de vista que sostiene que no es posible entender esta guerra sin analizarla, también, como una guerra civil a gran escala, que sacudió todo el continente europeo y que, en algunos casos, tuvo antecedentes y consecuentes fuera de la propia guerra mundial/2.

La guerra civil española fue el primero de una serie de conflictos encadenados en los cuales las fuerzas antifascistas (comunistas, socialistas, anarquistas y nacionalistas de izquierda) se enfrentaron a las fuerzas de la derecha europea lideradas por movimientos, organizaciones y estados de ideología nazi y fascista. En esta guerra civil europea (que puede ser calificada como una “guerra de clases”) se movilizaron no solo ejércitos sino también partidos políticos y organizaciones sociales de todo tipo (entre ellas, los sindicatos). Ningún país quedó al margen de esta guerra civil. Los estados estaban alineados (salvo raras excepciones) en uno de los dos bandos, pero en la práctica totalidad de los estados contendientes hubo partidarios de los dos bandos, que mantuvieron un enfrentamiento permanente durante toda la guerra.

En algunos casos, la resistencia antifascista se canalizó a través de movimientos guerrilleros que llegaron a estar fuertemente organizados. Eso sucedió en Francia, Italia, Grecia, Yugoslavia, Ucrania, Bielorrusia, Noruega, Polonia y España. Países que, en algunos casos, también movilizaron fuerzas de voluntarios integradas en el ejército nazi/3.

Y en otros, el enfrentamiento tuvo un carácter político y social y no se limitó al periodo del conflicto armado. En la Inglaterra de los años 30 se había desarrollado un activo movimiento de corte fascista y es sabido que una buena parte de la aristocracia inglesa (incluida la familia real) mostraba evidentes simpatías por el nazismo alemán. Pero, al mismo tiempo, en el seno de la clase trabajadora inglesa se había desarrollado un importante movimiento antifascista que cristalizó en el apoyo a la República Española a través de las Brigadas Internacionales.

Y hasta en Alemania e Italia las clases trabajadoras enviaron voluntarios en apoyo de la República Española y desarrollaron un importante movimiento antifascista antes de ser aplastadas.

Incluso los países beligerantes no europeos que, como Estados Unidos, no sufrieron militarmente la guerra en su territorio, se vieron también afectados por el conflicto civil interior. Las fuerzas progresistas norteamericanas también habían enviado voluntarios (la “Brigada Abraham Lincoln”) en apoyo de la República Española. Y, antes de 1941, ya se había desarrollado un movimiento fascista dentro de Estados Unidos, que enlazaba con el viejo movimiento aislacionista y antieuropeo y propugnaba la no intervención en la guerra europea. Uno de los personajes públicos que participaba en este movimiento fue Charles Lindberg (premiado por el mismo Hitler con la máxima condecoración civil nazi) quien tuvo la osadía de concurrir a las elecciones presidenciales contra Rooselvet.

Una vez iniciada la guerra, en la misma Alemania, hubo casos (si bien aislados) de resistencia sabotaje y espionaje, siempre a través de las redes y organizaciones comunistas/4. La excepción a todo esto parece haber sido Japón, país en el que no ha quedado registrado prácticamente ningún acto de resistencia interior frente al gobierno militarista japonés de aquellos años.

En los países ocupados militarmente la guerra de clases fue esencialmente una guerra armada de resistencia y sabotaje contra el nazismo, en la cual los comunistas (esencialmente pro-soviéticos) tuvieron un papel fundamental.

Pero dentro de los países no ocupados que luchaban contra el nazismo y el fascismo la guerra de clases se manifestó también a través de la movilización social que impulsaron las fuerzas progresistas en apoyo de los soldados que combatían en el frente. Y en esta movilización el papel de los trabajadores de las industrias de guerra resultó decisivo.

Los trabajadores que construían los “Liberty Ships” (“barcos de la libertad”), de los cuales los astilleros navales norteamericanos producían uno al día, tenían la conciencia de estar realizando una aportación imprescindible a la derrota del nazismo. Y otro tanto podríamos decir de los que producían los motores Rolls Royce para la industria aeronáutica británica.

Pero fue sin duda en la URSS donde la movilización de la clase trabajadora en las industrias de guerra alcanzó unas proporciones nunca vistas hasta entonces en la economía de ningún país.

Esta movilización fue forzada y voluntaria al mismo tiempo. Es evidente que en un sistema tan coercitivo como el estalinismo resultaba imposible para los trabajadores eludir esta militarización laboral a gran escala. Pero todos los autores coinciden en que el motor principal de la movilización no fue el terror sino la conciencia de estar apoyando una lucha justa e imprescindible en contra de una agresión terriblemente violenta y criminal que pretendía esclavizar a todo el país/5.

“Todo para el frente” fue el lema que recorrió de un extremo a otro toda la sociedad soviética. En ciudades industriales como Cheliabinsk, conocida popularmente con el nombre de “Tankogrado” (“la ciudad de los tanques”) ejércitos de mujeres trabajadoras, “combatientes en mono”, como las llamó John Erickson/6 dejaron todas sus energías (y, a veces, la vida misma) en las inmensas líneas de producción de aquellas fábricas, trabajando y viviendo en unas condiciones que muchas veces eran incluso peores que las que soportaban los soldados combatientes/7.

Aquellas mujeres, que muchas veces eran madres, esposas, hijas o hermanas de los soldados que luchaban en el frente, creían apasionadamente en el sacrificio que hacían, como parte de la movilización colectiva de todala sociedad y escribieron una de las más hermosas y calladas páginas de sacrificio dentro de aquella guerra/8 que para los rusos fue, muy especialmente, la guerra de todo un pueblo: una guerra total.

La segunda guerra mundial no fue solo una guerra entre estados, desarrollada por medios militares, sino también (y por encima de todo) una guerra social (una “guerra de clases”) desarrollada a una escala sin precedentes y en la cual los frentes de lucha se manifestaron de muy distintas formas, atravesando las sociedades y dividiéndolas en dos bandos irreconciliables.

En 1945, las clases trabajadoras del mundo entero entendieron correctamente que lo que se había ganado no era solo una guerra entre naciones sino también una guerra contra la barbarie capitalista en su grado extremo (que eso y no otra cosa significaron el nazismo y el fascismo). El “Espíritu del 45”/9 que recorrió toda Europa y los Estados Unidos, recogió precisamente este sentimiento generalizado de que el enorme sacrificio de los trabajadores y los pueblos que habían ganado aquella guerra tenía que dar lugar a una sociedad nueva/10.

La URSS también tuvo su particular “Espíritu del 45”. Vasili Grossman, el mejor cronista de la IIª guerra mundial, captó perfectamente que la enorme movilización de aquella sociedad no se alimentaba únicamente del odio al invasor y de los profundos sentimientos patrióticos del pueblo ruso sino también de la fuerza liberadora de una revolución en la que todavía creían millones de ciudadanos soviéticos. Grossman pensaba, como todos ellos, que un pueblo que había sido capaz de tan inmensos sacrificios “por una causa justa”/11 no podía volver a caer bajo el terror, las humillaciones y la miseria moral del sistema estalinista. Se equivocó, como el mismo reconoció con amargura al final de su vida/12 pero su testimonio, lleno de humanidad, forma parte del mejor legado de aquellos años terribles.

El “Espíritu del 45” se fue diluyendo dentro de la “Guerra Fría” y en los años 80 sufrió el ataque de la contrarrevolución conservadora, que pretendió terminar con todas las conquistas sociales que había traído la ola de progreso económico y social de la postguerra.

Muchos piensan que, tras la desaparición de la URSS, el neoliberalismo consiguió enterrar definitivamente las expectativas y los deseos de cambio social que despertaron las revoluciones y las guerras del siglo XX.

Pero tal vez el sentimiento de rebeldía que alimentó aquella “guerra social" contra el poder abusivo y destructor de la barbarie nazi y que cristalizó en el “Espíritu del 45” sea el mismo que hoy alimenta la resistencia de los movimientos sociales, dentro y fuera de Europa, frente al poder absoluto del sistema capitalista global.

Ese mismo “espíritu” que, hace 70 años, llevó a los trabajadores del mundo entero a sentir que todos habían luchado por la misma causa y a pensar que, después de aquella barbarie, tenía que ser posible un mundo mejor.

15/05/2015

Notas:

1/ Beevor, Anthony: “La Segunda Guerra Mundial”. Ed. Pasado y Presente, Barcelona, 2012, p. 10.

2/ Tal vez, el ejemplo más paradigmático de todo esto (pero probablemente no el único) sea el caso de Ucrania, país que parece haber vivido en una permanente guerra civil (más o menos larvada o activa) desde el año 1918 y que actualmente vuelve a ser escenario de una nueva guerra, en la cual los actores muestran evidentes paralelismos con los que participaron en las guerras anteriores.

3/ Estos voluntarios figuraron en algunos casos (como la División Nordland o la División Carlomagno) entre los más fanáticos combatientes nazis. España ocupó un lugar particular dentro de esta Guerra Civil Europea que los españoles vieron, desde el principio, como una continuación de la Guerra de España. Los fascistas españoles movilizaron un cuerpo de voluntarios (La División Azul) plenamente integrado dentro del ejército nazi y que colaboró activamente en el cerco de Leningrado (un crimen de guerra que ocasionó la muerte de millón y medio de civiles). Y, paralelamente, los republicanos españoles fueron combatientes antifascistas tanto en fuerzas guerrilleras (como los FrancTireurs et Partisans franceses) como en ejércitos regulares como el Ejército Rojo o las Fuerzas de la Francia Libre que liberaron París. Dentro de España también creció, durante la guerra y la inmediata postguerra, un movimiento guerrillero antifranquista, alimentado por la expectativa de una intervención de las fuerzas antifascistas internacionales para derribar a Franco. Esta expectativa quedó definitivamente archivada por decisión de los aliados occidentales (Inglaterra y Estados Unidos) en la Conferencia de Postdam, en julio de 1945.

4/ Perrault, Gilles: “La Orquesta Roja”. Ed. Txalaparta. Abril, 2013.

5/ Ver a ese respecto las referencias en: Overy, Richard: “¿Por qué ganaron los aliados?” Tusquets Editores. Barcelona, abril de 2005, p. 142 y pp. 254 y 255. Y, asimismo, en: Beevor, Anthony: “Stalingrado”. Ed. Crítica. Barcelona, 2005, p. 294.

6/ Erickson,John: “Soviet Women at War” en J. y C. Garrard eds., “World War II and the Soviet People”, pp. 50-56.

7/ Erickson, John: “The Road to Stalingrad”, Londres, 1975. Para hacernos una idea de lo que significó aquel sacrificio, basta decir que durante el año 1942, privada de sus más importantes regiones industriales y mineras, la URSS produjo mensualmente como promedio una cantidad de tanques que era más de cuatro veces superior (2.200 frente a 500) respecto a lo que producía toda la economía de guerra nazi con sus ejércitos de trabajadores esclavos.

8/ Ehrenburg, Ilia: “Men Years-Life: The war years 1941-1945”. Londres, 1964, p.123.Ehrenburg llamó a este sentimiento, “discreto heroísmo cotidiano”.

9/ Es totalmente recomendable (para aquellos que aún no la hayan visto) ver la magnífica película-documental de Ken Loach con este mismo título (“El Espíritu del 45”).

10/ Es particularmente llamativo que uno de los colectivos entre los que resultó más arrolladora la victoria laborista en las elecciones de 1945 fue precisamente el de las fuerzas armadas británicas. Véase a este respecto lo que recoge AnthonyBeevor, en la p. 1073 de su obra ya citada(“La Segunda Guerra Mundial”).

11/ Título de una de las tres novelas que escribió Vasili Grossman dentro de su famosa trilogía sobre la guerra y la vida en la URSS de aquellos años. La obra, escrita en 1943, es un relato sobre la vida de un grupo de personajes representativos de la sociedad soviética de la época, inserto dentro de un fresco literario sobre la batalla de Stalingrado. Existe traducción al castellano en Galaxia Gutenberg, marzo de 2011.

12/ En su obra maestra (“Vida y Destino”) y especialmente en su última novela (“Todo Fluye”). Existe versión castellana de ambas obras en Galaxia Gutenberg, 2007 y 2008.

Jesús Rodríguez Barrio es Doctor en Economía y miembro de la Asociación LA COMUNA, de Presos y Represaliados por la Dictadura Franquista.



Facebook Twitter RSS

vientosur.info | Diseño y desarrollo en Spip por Freepress S. Coop. Mad.
 
Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual Los contenidos de texto, audio e imagen de esta web están bajo una licencia de Creative Commons