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Debate
Resituando Podemos
10/05/2015 | Raúl Camargo, Isabel Serra

El tiempo político se ha acelerado en nuestro país. Hace un año nadie podía imaginar el mapa político que está configurándose. Hace unos meses, en pleno ascenso de Podemos, nadie habría considerado verosímiles los resultados que ahora le otorgan las encuestas en los próximos comicios autonómicos. Que nos sepan a poco es señal de las expectativas y del entusiasmo generado. Pero también de la responsabilidad que tenemos entre manos, especialmente con muchas de aquellas personas que han visto en Podemos una herramienta útil para el cambio que necesitamos y que, sin embargo, ahora existe el riesgo de que comiencen a no tenerlo tan claro.

Ni las campañas mediáticas carnívoras ni los cortafuegos “Ciudadanos” lanzados por el Régimen deberían servirnos de excusa (aunque sí de elementos a incluir en el análisis) para esquivar un debate necesario y al que cada vez se suman más voces. Aunque solo sea por el siempre bienvenido balance de seguimiento, urge repensar modos, objetivos, estructuras y mensajes y, sobre todo, abrir un interrogante mayúsculo: qué hipótesis y qué estrategia para qué orientación.

Muestra inequívoca de este debate cada vez más público y plural es el reciente artículo de Pablo Iglesias en el que plantea abiertamente una reorientación de Podemos: “Llegamos hasta aquí llamando a las cosas por su nombre; debemos seguir haciéndolo”. Porque resulta evidente que la ambigüedad en algunos mensajes de Podemos, su apuesta por “no dar miedo” (¿a quién? cabría preguntarse) o la insistencia en transmitir capacidad de gestión por encima de todas las cosas puede terminar por desvincular el proyecto de su espacio inicial: el de la defensa de los derechos sociales de las mayorías sociales y de los sectores más golpeados por la crisis. La aparición de C’s no hace más que reforzar ese necesario retorno a los orígenes con el fin de armar un proyecto de “alianzas entre segmentos sociales heterogéneos y poco conectados” que funcione como herramienta de cambio como apuntaba Emmanuel Rodríguez, y no de recambio.

La tarea de construir una herramienta útil para las mayorías sociales sigue siendo nuestra prioridad. Y en ese reto no sobra nadie. Por eso vamos a poner todo nuestro empeño en las próximas elecciones municipales y autonómicas. Sin embargo el debate no se agota en cómo abordar los próximos comicios y tiene mayor calado que el de las diferencias o desavenencias en el seno de un órgano de dirección, perímetro al que pretenden reducirlo algunos medios de comunicación. El debate y la pluralidad es constitutivo de cualquier organización que pretenda ser democrática.

Y en medio de este replanteamiento no podemos dejar de mirar a nuestros vecinos griegos: la hipótesis Syriza es, con todas las diferencias que pueden derivarse de contextos tan dispares, un ejemplo del que aprender. En menos de ocho años ha pasado de nacer a gobernar, erigiéndose progresivamente como un proyecto capaz, primero, de disputarle a los grandes partidos un espectro importante del electorado griego y, poco después, de disputarles el grueso del tablero, con todas las dificultades para gobernar que se están demostrando.

Syriza es un proyecto en el que lo social y lo político no son elementos separados, sino que lo político se expresa a través de lo social, del poder popular y de la auto-organización, mientras que lo social y el movimiento real encuentran un canal de expresión y acción a través del proyecto electoral. Por eso la victoria de Syriza no se debe únicamente a esta articulación, ni siquiera a su comprobada capacidad en abstracto de ser reflejo de las demandas de las mayorías sociales y de conseguir colocarlas en el centro del debate político. Nada de esto habría sido posible sin el arraigo territorial construido durante todos estos años y que la entrada en el gobierno no ha interrumpido.

Un arraigo que va desde la inserción honesta y decidida en las luchas sociales hasta en el impulso de redes vecinales de apoyo mutuo que proporcionan agua y luz a barrios enteros. Generando en la práctica cotidiana alternativas a las insuficiencias derivadas de las políticas de la Troika y convirtiéndose en una herramienta útil, no solo en el plano electoral, para una población sometida a una situación de emergencia social.

Entre otras muchas cosas, el 15M supuso una vuelta de la política a las plazas, lo cual no dejaba de ser un símbolo precisamente del regreso de la política de lo cotidiano, de los problemas más fervientes que afectan a las mayorías sociales. Podemos nació como herramienta electoral para convertir en cambio político y meter en las instituciones aquella indignación social, aquellas ganas de democracia real, de hacer política aquí y ahora, para las y los de abajo. Aquello no se expresó únicamente en el discurso, sino que se acompañó y vehiculó por la reapropiación que hicieron decenas de miles de personas de una herramienta que consideraron colectiva. El estallido de espontaneidad y auto-organización que, en torno a los Círculos, vivimos durante la campaña de las europeas y la exigencia de democracia -dentro y fuera- fue nuestra primera victoria y sigue constituyendo nuestra mayor potencia.

Obviamente Syriza tiene grandes diferencias con Podemos, algunas de las cuales son virtudes y otras fuente de dificultades. Pero ambos compartieron esa combinación de la impugnación hacia arriba del poder constituido y la construcción por debajo de poder popular y constituyente. Esto último, tan lejos de las burocracias, peleas internas y jerarquías propias de los demás partidos, fue lo que convirtió a Podemos en un partido distinto y, por lo tanto, útil y atractivo a la vista de millones de personas: un proyecto en el que una inmensa mayoría conocía a alguien de Podemos, se sentía de Podemos o simplemente apoyaba a Podemos porque lo consideraba en parte propio. Un partido diferente, poroso y abierto a la sociedad.

Así pues, cualquier resituación, deberá pasar por colocar a los Círculos como eje fundamental de Podemos, motor de su vida interna, fuente y vehículo de propuestas, decisiones y del protagonismo de los de abajo en el cambio que buscamos. Ya sea para asaltar el cielo institucional, para vincularnos a las luchas y a los movimientos sociales, o para apoyar a las numerosas candidaturas municipales de unidad popular con las que compartimos horizonte, Podemos debe echar raíces y llenarse de gentes diversas. Hemos demostrado que sí se puede, que podemos ganar si nos organizamos y no renunciamos a lo que quisimos ser. Estas elecciones son el primer paso para recuperar la iniciativa.

10/05/2015

Raul Camargo, Técnico de la comunidad de Madrid
Isabel Serra, Estudiante postgrado economía internacional

http://blogs.publico.es/otrasmiradas/4583/resituando-podemos/



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