Grabar en formato PDF
Palestina
Hacer respetar el derecho a la autodeterminación
02/05/2015 | Bashir Abu Manneh

En junio de 2015 la ocupación israelí de Cisjordania y de la banda de Gaza entrará en su año 48. Es la ocupación militar más larga de la época moderna. Durante casi toda su existencia como Estado, Israel ha reinado sobre millones de Palestinos, privándoles de derechos civiles, políticos y humanos.

Pero se puede remontar en la historia de la conquista aún más lejos -a 1948- lo que nos da un período aún más largo que no solo abarca la expulsión y la desposesión de la mayor parte de la población local, sino también la sujeción de la pequeña parte de la población que -por un azar histórico- permaneció en el país (e incluso ha peleado por obtener la ciudadanía en Israel) y se enfrentó a 19 años de administración militar entre 1948 y 1966.

Incluso si quisiéramos mostrarnos muy generosos en lo que concierne a la naturaleza del Estado israelí, dejando de lado su definición etno-nacional intolerante y el período violento al comienzo de la colonización antes de 1948, deberíamos admitir que el único período durante el cual Israel no ha reinado sobre la población palestina negándole los derechos humanos y políticos, fue el de 1966 a 1967. En este breve período, entre el 8 de noviembre de 1966 y el 5 de junio de 1967, para ser precisos, tras el fin de la administración militar de los ciudadanos palestinos y antes de que Cisjordania y la Banda de Gaza fueran ocupadas. Por tanto, no se puede hablar de Israel sin hablar de ocupación.

Como esas prácticas coloniales prosiguen aún, la cuestión clave para quienes apoyan los derechos del pueblo palestino es saber cómo pueden ayudarle a obtener justicia. En el contexto actual, en el que el pueblo palestino no tiene una estrategia clara para su liberación, para organizar la lucha de masas política en Palestina, elegir prioridades nacionales e inspirar (más que controlar) la solidaridad externa, no es fácil responder a esta cuestión.

En parte para llenar este vacío las organizaciones de la sociedad civil palestina lanzaron en Ramala el llamamiento Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS) el 9 de julio de 2005. Su principal objetivo es forzar al Estado de Israel a “respetar el derecho internacional y los principios universales de los derechos humanos”. Esta declaración está haciéndose cada vez más popular en los campus universitarios, entre algunos sindicatos y otras organizaciones en Europa y los Estados Unidos. Actualmente el boicot académico también está propagándose.

¿Es esta una buena señal para el movimiento a favor de la justicia en Palestina?

Para evaluar el BDS como táctica, es importante insistir en tres puntos sobre el conflicto palestino-israelí: la naturaleza político/estatal del sionismo, la de la resistencia palestina y el papel de la ley internacional.

En primer lugar, para comprender el comportamiento de Israel como Estado respecto a los palestinos, es importante comprender que Israel es un proyecto de ocupación colonial, en línea directa con la colonización de finales del siglo XIX. Se distingue por el hecho de que quiere expulsar más que explotar a la población indígena. Contrariamente a África del Sur, por ejemplo, en donde el trabajo de los negros era crucial para la construcción del Estado, el elemento clave en la formación del Estado israelí es la expulsión de la población indígena: los palestinos están considerados, fundamentalmente, como inútiles.

El “trabajo judío” y la “tierra judía” son los pilares claves del proyecto sionista en Palestina. Igual que los Estados Unidos ponen por delante su “manifest Destiny” (destino evidente), el sionismo político justifica la conquista de Palestina utilizando nociones que remiten a una historia-bíblica. En resumen, el sionismo pretende que los judíos no hacen más que volver a recuperar las tierras y las propiedades que ya les pertenecían. La población no judía que vive actualmente en el país representa un obstáculo en esta vía. Por tanto, tiene que irse. Y si no quieren irse, se les obligará por la fuerza, ahogándoles política y económicamente, mediante los diferentes medios de que dispone, ya que el resto del mundo lo tolerará o preferirá ignorar.

Como historiador del movimiento sionista, Zeev Sternhell argumenta en su libro The Founding Myth of Israel (Princeton University Press, 1997): “En principio, no hay ningún límite a su extremismo nacionalista; los límites han sido fijados por condiciones dadas en una época determinada, por el poder y por el Yishuv [comunidad residente judía en Palestina antes de la creación del Etsado, luego el término ha tomado una connotación de “pre-Estado”]”. A propósito del Primer Ministro fundador David Ben Gurion, Sternhell concluye: “Ben Gurion no era en absoluto simplemente un pragmático. En absoluto. Era un fundamentalista que sabía como elegir los medios apropiados de acción en un momento y en un contexto particular, pero su adhesión a una ideología rígidamente nacionalista no se debilitó jamás”.

Fundado y alimentado por este extremismo nacionalista, Israel continúa queriendo apropiarse de tanta tierra palestina como pueda, con el menor número de palestinos posibles. Esta configuración permanece en la base de las prácticas cotidianas de Israel y permite comprender muchos aspectos del conflicto palestino-israelí: 1948, las ocupaciones de 1967, la anexión de Jerusalén Este y de los Altos del Golán, los Acuerdos de Oslo, las políticas de cercamiento, el muro de separación, el asedio y las guerras contra la Banda de Gaza, etc.

Todos esos episodios derivan de la política de colonización y de expulsión. Incluso las recientes elecciones israelíes y la victoria de Benjamín Netanyahu pueden ser explicados por el recurso a la frontera colonial de Israel. Es su flagrante racismo hacia las y los ciudadanos palestinos de Israel y la negación de sus derechos y de un Estado para los palestinos ocupados lo que han permitido a Netanyahu ganar las elecciones.

El editor del diario Haaretz, Aluf Benn, ha comprendido muy bien lo que dijo Netanyahu cuando ponía en guardia sobre los árabes “que iban a votar por hordas”. En un meditado artículo, al día siguiente de las elecciones, Benn resumió así los resultados: “Netanyahu tenía razón. El conflicto árabe-israelí era y sigue siendo el punto principal en la agenda de Israel. No es el precio de la vivienda, ni los gastos bancarios, ni siquiera el programa nuclear de Irán. Todo el mundo querría vivienda más barata, bancos amables y un Irán amigable. Pero el elector israelí no define su identidad y su lugar en el abanico político según si actitud hacia Rakefet-Aminoach, el Director General del Banco Leumi o el Ayatolá Ali Jamenei; la define en relación a los palestinos, a la minoría árabe en Israel y a las colonias. Está ahí, la línea que divide a la izquierda de la derecha, los “liberales” de los conservadores y en gran parte los judíos askenazis y mazrahi y los laicos de los judíos tradicionales y religiosos”.

Solo en una sociedad de poblamiento colonial las actitudes hacia los colonizados pueden jugar un papel tan importante en la política nacional. Para la élite israelí es fácil movilizar el temor y el odio hacia las y los palestinos para mantener su dominación y sus prioridades nacionales. El colonialismo no es por tanto solo un elemento constitutivo de la formación del Estado y de la construcción de la nación, también continúa determinando el reparto actual del poder, de los derechos y de los privilegios en Israel.

Para los palestinos, su significado es claro: el Estado de Israel les niega la seguridad y el derecho a un Estado, les corta de sus territorios con un muro y con un régimen de segregación, controla sus entradas y sus existencias en sus ciudades y sus pueblos, les encierra para separarles entre si y para cortarles del resto del mundo; les deja oprimidos -pero no explotados como mano de obra barata- dominados y sin embargo desechables.

Por tanto no es extraño que los palestinos levanten pancartas en las que se puede leer: “No somos indios pieles rojas”. Porque es eso exactamente lo que Israel quiere que sean: devastados, dispersados y privados de estructuras económicas y políticas significativas.

Ahora bien, también es importante poner el acento sobre la resistencia palestina. Los palestinos han hecho casi todo lo que podían para detener, invertir o ralentizar la colonización de su territorio y su desposesión. Históricamente su resistencia se ha expresado tanto a través de la resistencia armada violenta como de la resistencia de masas popular no violenta (por ejemplo la primera Intifada), igual que por la lucha política y la diplomacia.

Y puesto que los israelíes repiten sin parar la cuestión del reconocimiento de Israel y su seguridad, es importante recordar que los palestinos han reconocido ya ese Estado. En efecto, con la esperanza de obtener con ello un Estado palestino independiente en los territorios palestinos ocupados en 1967, la dirección palestina reconoció el Estado de Israel en 1988 y renunció públicamente a la violencia.

Pero ahora se exige a Hamas que haga lo que la Organización de Liberación de Palestina (OLP) hizo en 1988: “Reconoced a Israel y negociaremos con vosotros”. El problema es que lo único que la OLP había recibido a cambio del reconocimiento de Israel fue la intensificación de la ocupación y exigencias aún más extremas. Ahora sería necesario que los palestinos reconocieran, además, la naturaleza específicamente judía del Estado de Israel. Sin embargo, el derecho de los palestinos a un Estado y a la autodeterminación no ha sido reconocido.

Cuando los palestinos de los territorios ocupados fueron libres para elegir a sus representantes y eligieron a Hamas, Israel se negó a aceptar el resultado, simplemente porque estimaba que esta respuesta no le convenía. Es así como Israel ha boicoteado al gobierno -y ha animado a todo el mundo a seguirle en esta vía- y, a fin de cuentas, ha asediado e invadido en numerosas ocasiones la banda de Gaza.

Para Israel, la democracia palestina no es un derecho del que puedan gozar los palestinos: constituye el privilegio que el amo colonial podría consentir a la población que coloniza. Puesto que los resultados de las elecciones son inciertos, ¿porqué correr el riesgo de concederlas?

De la larga serie de concesiones diplomáticas que los palestinos han tenido que hacer a Israel, los Acuerdos de Oslo han sido las peores. De hecho, esos acuerdos descartaron la única baza que tenían los palestinos: el hecho de que las leyes y tratados internacionales declaren que la ocupación permanente y la adquisición de territorios por la fuerza son ilegales y reconozcan el derecho de los palestinos a la autodeterminación y a un Estado en Cisjordania y en la Banda de Gaza.

En realidad, los acuerdos de Oslo contravenían la ley internacional: en ellos, el término de “ocupación” no aparece nunca, no se prohíben las colonias, y estos acuerdos han transformado un conflicto sobre la ocupación de la tierra en una disputa entre partes simétricas con derechos y obligaciones. Según los acuerdos de Oslo, el principal derecho que debe ser salvaguardado es el de Israel y el de los israelíes a vivir en seguridad, y la principal obligación de los palestinos es proporcionar eso. Oslo no es un tratado de paz sino un tratado de seguridad que ha reforzado lo que tendría que haber sido suprimido: la ocupación israelí.

Esto plantea la cuestión del derecho internacional: la Convención de Ginebra estipula que todo lo que hace Israel en los territorios de 1967 es ilegal: la construcción de colonias y muros, la transferencia a ellas de su propia población y la modificación de sus caracteres demográficos y geográficos. Las prácticas de la ocupación israelí violan las leyes internacionales y son regularmente condenadas. La Asamblea General de las Naciones Unidas renueva cada año la demanda de un Estado palestino y sostiene el derecho al retorno de los refugiados palestinos.

Por tanto, es evidente que la ley internacional es una baza para la lucha de los palestinos, y que puede proteger a los palestinos de las actuaciones del Estado de Israel.

Otro ejemplo del consenso internacional legal que existe sobre la ocupación es la decisión del Tribunal Penal Internacional de 2004 sobre el muro de separación. La decisión exigía el desmantelamiento del Muro y de las colonias ilegales así como poner término a la ocupación: “Todos los Estados están sometidos a la obligación de no reconocer la situación ilegal provocada por la construcción del muro en los Territorios palestinos ocupados… [y] velar para que se ponga término a toda traba que provoque la construcción del muro para el ejercicio del pueblo palestino a ejercer su derecho de autodeterminación”. El Tribunal Penal Internacional recomendó igualmente que “se tomen acciones complementarias para poner término a la situación ilegal derivada de la construcción del muro y del régimen que le está asociado”. Un único juez manifestó su desacuerdo con esta opinión, el juez estadounidense, pero incluso él estaba de acuerdo en que las colonias eran ilegales.

Se puede considerar que el BDS forma parte de las “acciones complementarias” necesarias. La innovación del BDS es poner en evidencia el espectro de una acción global contra este Estado que viola de forma tan clara y persistente la ley internacional con su ocupación de larga duración.

Un embargo militar contra Israel, por ejemplo, podría cambiar la situación. Numerosas resoluciones de las Naciones Unidas demandan “que todos los Estados dejen de dar armas y otras formas de ayuda o de asistencia a Israel que pudieran permitirle consolidar su ocupación o explotar los recursos naturales de los territorios ocupados”.

Pero más que un embargo de armas, lo que se produce es lo contrario: se continúa armando a Israel hasta los dientes [y el Estado de Israel exporta su tecnología militar]. ¿Por qué? Por decirlo de forma sencialla, a causa de Estados Unidos. Sin el paraguas diplomático estadounidense, Israel se volvería un Estado paria. Igual que Israel, Estados Unidos rechaza el consenso legal internacional sobre Israel-Palestina. De ese modo, Estados Unidos permiten a Israel maltratar a los palestinos, pisoteando las resoluciones de las Naciones Unidas que no han conseguido bloquear.

Estados Unidos tienen sus propias razones para apoyar a Israel. Es el Estado en el que más se pueden fiar de todos los países de la región (incluyendo los aliados de la OTAN como Turquía) para obedecer a las demandas estadounidenses. En efecto, contrariamente a Turquía cuando la guerra de Irak en 2003, Israel no está condicionado por una opinión pública negativa o presiones políticas populares.

Israel ayuda a Estados Unidos a combatir el nacionalismo (como el de Nasser) y formas de fundamentalismo islamista en la región, percibidas como una amenaza para Estados Unidos. Israel representa igualmente una baza potencial contra Irán y está aliado con las dictaduras del Golfo contra la democracia y las movilizaciones populares de la región. Estados Unidos tiene, en efecto, necesidad de gestionar y estabilizar esta región para facilitar su control sobre el petróleo, fabuloso recurso global. Israel y las dictaduras del Golfo arábico son igualmente grandes importadores de armamento de Estados Unidos, lo que alimenta el complejo militar-industrial en los Estados Unidos [que colabora con el de Israel].

¿Dónde se sitúan los palestinos en esta red de alianzas? Puesto que los palestinos no tienen actualmente importancia a nivel regional, Estados Unidos se contenta con dejar a Israel gestionar su propia frontera colonial sin intervenir demasiado (lo único que piden es conservar la ilusión del proceso de paz de Oslo que patrocinaron). ¿Por qué contrariar a su poderoso y tenaz aliado estratégico por una cuestión que no les interesa más que muy poco? Es así como Estados Unidos deja a Israel humillar y maltratar al pueblo palestino sin intentar poner ninguna pega.

La cuestión palestina también está ligada al papel de Israel en la región porque la ocupación y la colonización dan a Israel buenas y sólidas razones para seguir siendo una sociedad militarizada y continuar estimulando su tecnología militar. Aunque los intereses estadounidenses en la región no tengan necesidad de la ocupación militar como tal, es claro que Estados Unidos desea un Israel militarizado.

¿Sería el Estado de Israel tan útil a Estados Unidos si perdiera sus características espartanas? Mientras la ocupación israelí no contradiga o no perturbe seriamente los intereses regionales estadounidenses, Estados Unidos e Israel pueden continuar trabajando juntos para frustrar la paz y bloquear la aplicación del derecho internacional y de las resoluciones de las Naciones Unidas.

Es en este contexto en el que hay que comprender el BDS. La cuestión pragmática que deben plantear los militantes favorables a la autodeterminación de los palestinos es: ¿por qué no utilizar y movilizar la ley internacional cuando su aplicación en el caso de Palestina podría contribuir a poner término a los sufrimientos de un pueblo oprimido desde hace tanto tiempo? BDS es una táctica eficaz que atrae la atención de forma no violenta sobre la política colonial israelí que está en la raíz del conflicto en Israel-Palestina. BDS es también un movimiento amplio que está ganando impulso, sobre todo en los países occidentales.

Como estipula el Llamamiento de 2005, el objetivo de BDS es que Israel respete las leyes y las resoluciones internacionales. Para hacerlo, Israel debe:

- Poner fin a la ocupación y a la colonización de todas las tierras árabes y desmantelar el Muro;

- Reconocer los derechos fundamentales de los ciudadanos arabe-palestinos de Israel con igualdad completa;

- Proteger, respetar y promover el derecho de los refugiados palestinos a volver a sus hogares y a sus propiedades, como está estipulado en la Resolución 194 de las Naciones Unidas.

Esta lista comprende el conjunto de los derechos de los palestinos: no a la ocupación, no a la negación del derecho al retorno y no a la discriminación institucional hacia los palestinos en Israel. El Llamamiento es un intento importante de detallar todos los daños históricos hechos a los palestinos y de movilizar a las y los activistas para apoyar a los palestinos en su lucha por la libertad. El pueblo palestino ha combatido a lo largo de toda su historia por esos derechos, que cuentan con el apoyo de las y los palestinos, yo incluido.

Algunos de estos derechos son claramente irrealistas en el contexto político actual, y es la razón por la que estas demandas no deberían convertirse en una lista para medir la solidaridad. La causa palestina es un combate democrático que necesita un amplio apoyo popular. La cuestión clave que hay que plantear es como llevar al mayor número posible de personas a apoyar al pueblo palestino y como contribuir a profundizar el compromiso de los activistas y de los organizadores de campus universitarios con esta causa justa. Para apoyar a los palestinos y manifestarles la solidaridad, basta una cosa: apoyar su derecho a la autodeterminación. No se trata de hacer aceptar a potenciales militantes una lista de reivindicaciones, sino de considerar a los palestinos como actores de su propia emancipación, capaces de cálculos políticos racionales y de autodeterminación democrática.

Corresponde a los palestinos decidir colectiva y democráticamente qué derechos pueden realizar y sostener en el contexto actual y como pretenden llevar a cabo su combate. Y corresponde al movimiento de solidaridad proteger su derecho a hacerlo. Pretender que las organizaciones no elegidas de la sociedad civil y las ONGs encarnen o agoten la democracia palestina resulta asumir demasiado.

Esto significa que no debería haber ninguna precondición para el trabajo de solidaridad que no sea esta condición elemental que consiste en apoyar el derecho a la autodeterminación de un pueblo oprimido. Esto significa también que mientras el movimiento de solidaridad responde a este criterio, debería ser libre para decidir cual le parece la mejor forma de conseguir ese objetivo político. Los militantes locales enraizados en sus propias tradiciones de lucha saben como conviene organizar y como ser más eficaces para ayudar a los palestinos a realizar su derecho a la autodeterminación.

En resumen, de lo que el pueblo palestino tiene necesidad es de un movimiento de solidaridad autoorganizado, democrático, libre de todo sectarismo, de todo veto ideológico y de toda práctica antidemocrática.

El pueblo palestino también tienen también necesidad de un movimiento que tenga suficiente impulso como para transformar en práctica el consenso internacional sobre Palestina (para poner término a la ocupación brutal de Israel). Es la primera y la más importante reivindicación de todas las organizaciones políticas palestinas, de la Lista Conjunta de Palestinos en Israel y de Hamas, que durante un decenio ha dicho que su prioridad era obtener un Estado en Cisjordania y en Gaza que tendría en contrapartida un alto el fuego duradero con Israel.

El pueblo palestino, como cualquier otro pueblo merecen vivir en paz y en seguridad, sin ser acosados diariamente, sin invasiones, ocupaciones, guerras, matanzas y castigos colectivos. La tarea más urgente es protegerles del Estado de Israel y reducir sus sufrimientos cotidianos poniendo término a la ocupación. Romper el asedio de la Banda de Gaza y permitir su reconstrucción y el libre acceso al mundo exterior es un paso concreto y crucial.

Es ahí donde el BDS puede ser más eficaz, golpeando a Israel en el plano político justamente allí donde eso hace más daño, a saber, en sus prácticas de ocupación ilegales. Israel sabe que la mejor cosa a hacer sobre esta ocupación es no hablar de ella, distraer de ella la atención insistiendo más en el otro Israel, del que hablan principalmente modelos y autores apoyados por la oficina de Asuntos Exteriores.

En realidad, Israel no tiene nada de un país normal. Por lo que conozco, ninguna otra sociedad colonial se encuentra todas las mañanas con la tarea de reinar por la fuerza sobre millones de otros seres humanos, haciendo como que todo va bien. Por lo que conozco ninguna otra sociedad apoya sistemáticamente las guerras que lleva a cabo su gobierno contra poblaciones ocupadas y desposeídas. ¿Existe otra sociedad en la que el 94% de su población está de acuerdo en todo?

BDS es la mejor forma de alertar a los israelíes sobre el hecho de que su sociedad actual -en la que el racismo y la ocupación son rutinarias- no es normal. Esta campaña dice a los israelíes que sus principales empresas y universidades son cómplices porque apoyan la más larga ocupación de los tiempos modernos. Les dice que el ejército israelí no es un ejército de defensa como su nombre indica, sino una policía colonial agresiva y que sus tropas y sus colonos deberían volver a su casa.

Los 48 años de tentativas infructuosas muestran claramente lo difícil que será poner fin a la ocupación. Pero sigue siendo la tarea más realizable porque es ahí donde los palestinos tienen más apoyo a nivel mundial. Si esto es imposible, entonces no hay nada posible y el statu quo sería permanente: los palestinos estarían destinados a vivir entre muros, desposeídos y dominados para siempre. Ningún ser humano razonable debería aceptar este destino para otro pueblo -esto violaría nuestro sentido moral elemental y nuestro sentido de justicia. Un BDS democrático y eficaz es una de las mejores formas de expresar esto hoy.

El hecho de poner término a la ocupación sigue siendo la mejor vía para alcanzar los derechos que se les ha denegado durante mucho tiempo a los palestinos.

(Agradezco, por sus comentarios, a Gilbert Achcar -autor, entre otras obras, de Los Árabes y la Shoah. La guerra israelo-arabe de los relatos (Sindbad 2009) y a Stephen Rosskamm Shalom, profesor en la William Paterson University, New Jersey)

Traducido de la versión publicada en francés en A l’Encontre; artículo publicado el 23 de abril de 2015 en Jacobin, The reason in revolt. (https://www.jacobinmag.com/2015/04/palestine-israel-bds-self-determination/). Bashir Abu Maneh es enseñante en la Universidad de Kent

29/04/2015

http://alencontre.org/moyenorient/palestine/soutenir-la-liberation-des-palestiniens-nexige-quune-chose-faire-respecter-le-droit-a-lautodetermination.html

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR



Facebook Twitter RSS

vientosur.info | Diseño y desarrollo en Spip por Freepress S. Coop. Mad.
 
Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual Los contenidos de texto, audio e imagen de esta web están bajo una licencia de Creative Commons