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Nigeria
Nueva situación
28/04/2015 | Paul Martial

El resultado de las elecciones de Nigeria muestra la voluntad de cambio de la población. Por su historia y su programa político, el recién elegido (Muhammadu Buhari) tiene pocas posibilidades de responder favorablemente.

Un sol tórrido, las largas horas de espera y las amenazas de muerte de Boko Haram no mermaron la determinación por votar de los nigerianos. Aunque el proceso electoral haya conocido numerosos incidentes técnicos -intentos de fraude, fundamentalmente por parte del partido dirigente, Peoples Democratic Party (Partido Democrático Popular, PDP)- todo el mundo lo ha sido considerado como sincero y fiable.

El resultado no tiene discusión. El candidato de la oposición ha conseguido cerca del 54% de los votos, es decir una ventaja de más de 2 millones de votos sobre su rival y presidente saliente, el mal llamado Goodluck Jonathan.

Esta situación es histórica por dos razones. Inaugura una alternancia democrática poniendo fin al poder del PDP desde 1999 e ilustra la casi ausencia de incidentes violentos, que desgraciadamente eran habituales en las campañas electorales precedentes.

Royalties sobre la gasolina y el gasoil

Innegablemente el sentido de estas elecciones es el rechazo al balance del gobierno de Goodluck. En efecto, se trata de un balance catastrófico para las clases populares. Sobre todo, a nivel económico, ya que los diez años de crecimiento económico (superior al 6%) no han beneficiado en absoluto a la gran mayoría de la población, sino a una pequeña camarilla de corruptos que no ha dejado de desviar en para su beneficio el dinero de la renta petrolera. Nigeria puede presumir de ser el país africano en el que hay más millonarios. Puede presumir también de haber sido un buen alumno del FMI aceptando las políticas y los dictados de la organización de Bretton Wood, sobre todo cuando se trata de atentar contra el nivel de vida de la población.

Es por eso que el gobierno intentó suprimir las subvenciones a la energía argumentando que resultaba demasiado cara para el presupuesto de la nación. En efecto, Nigeria, uno de los mayores productores de petróleo, no tiene casi ninguna refinería y debe importar los productos refinados. Una situación que desafía toda lógica pero que se explica fácilmente: la camarilla en el poder cobraba royalties sobre la gasolina y el gasoil importados y creaba situaciones de escasez artificiales para aumentar los precios.

El 40% del presupuesto nacional va al ejército

Por supuesto, la situación de seguridad ha sido también muy preocupante para el país, pero también para la región. El retroceso de Boko Haram y la reconquista de las ciudades tomadas por sus matones se debió fundamentalmente a la intervención de las tropas extranjeras, en particular chadianas, auxiliadas por las nigerianas. El ejército nigeriano, que dispone del 40% del presupuesto nacional, ha resultado incapaz de contener los avances de los islamistas. Déby, el presidente de Chad se ha extrañado públicamente de la incapacidad del ejército nigeriano para combatir a los militantes de Boko Haram.

En ese ámbito también se ha denunciado la corrupción. Los oficiales superiores están mucho más ocupados en hacer que aumente el dinero que han desviado del ejército que de dirigir la guerra contra los yihadistas. Además, en muchas ocasiones, el ejército no ha hecho más que añadir violencia aterrorizando a la víctimas de la secta islámica. Amnistía Internacional estima que el ejército ha provocado tantas víctimas como los yihadistas.

Con toda legitimidad, la población se escandalizó cuando Goodluck mostró su indignación por el atentado de Charlie Hebdo después de haber guardado silencio ante el ataque más criminal llevado a cabo por las milicias de Shekau (dirigente de las milicias yihadistas) en la región de Baga que provocó centenares de víctimas. Algunos, como Amnistía Internacional, hablan de 2000 muertos.

Buhari: una desilusión que puede ser rápida y profunda

Paradójicamente, es el pasado muy criticable de Muhammadu Buhari el que ha jugado en su favor. Salido de una familia numerosa, entró en el ejército a los 19 años y ha recorrido todo el escalafón. Ha gozado de una formación en Gran Bretaña. Pero, ante todo, su ascensión está ligada a su participación en el primer golpe de estado de 1966 llevado a cabo por Murtala Muhammed. En diciembre de 1983 se hizo con el poder tras un segundo golpe de estado y puso fin a la república, instaurando una dictadura.

Reprimió ferozmente al movimiento musulmán integrista de Maitatsine presentado como el precursor de Boko Haram, pero también a las organizaciones de masas y democráticas, bajo la cobertura de la ley “War against indiscipline” [Guerra a la indisciplina]. Con el “Decree 4” [Decreto 4] asfixió a la prensa, el “Decree 2” le permitió encerrar sin juicio a las personas consideradas como enemigas del Estado. Es lo que le ocurrió a Fela Kuti, el genial inventor de la música afro-beat y activista de los derechos humanos. Por el contrario, cerró los ojos ante la fuga de capitales de los dignatarios.

Proclamado triunfalmente máximo dirigente del All Progressives Congress (Congreso de todos los Progresistas- APD), coalición de los tres principales partidos de la oposición y de una fracción del PDP, Buhari ha utilizado con profusión su imagen de hombre autoritario capaz de restaurar el orden. Ha basado su campaña en tres temas: lucha contra la corrupción, erradicación de Boko Haram y disminución del paro, plaga endémica en este país.

Si en el Norte, muy mayoritariamente musulmán, de donde es originario Buhari, ha gozado de un fuerte apoyo popular (en particular entre los pobres y los talakawas, los campesinos sin tierra), también ha logrado hacerse aceptar en el Sur mayoritariamente cristiano.

La desilusión puede ser rápida y profunda. En efecto, el mal profundo que sufre Nigeria tiene que ver sobre todo con la cuestión de reparto de las riquezas; la miseria, que castiga de forma dura y en particular en el Norte, constituye un formidable caldo de cultivo para los movimientos islamistas. Si hoy Boko Haram está perdiendo sus plazas fuertes, es porque el ejército chadiano le da golpes decisivos pero también debido a que porque esta organización pierde su base de masas en su locura criminal, cambiando progresivamente de carácter al transformarse en una organización violenta y nihilista a imagen del Ejército del Señor (LRA) de Kony.

Desde hace décadas, el Norte de Nigeria ha conocido sectas islamistas más o menos violentas, más o menos retrógradas. La represión y la opción militar no arreglan nada si no van acompañadas de un cambio económico que permita a la población vivir decentemente.

Es altamente improbable que el APC se oriente hacia ese tipo de cambio. De 36 Estados, 12 no han pagado los salarios de sus funcionarios, a veces desde hace cinco meses. Y entre esos Estados, algunos son gestionados por gobernadores del APC. Una de las eminencias grises de esta organización no es otro que el alcalde de Lagos, la capital económica del país, que es considerado como el nigeriano más rico.

La alternativa se encuentra del lado de las fuerzas progresistas. Si bien, a nivel político, las organizaciones tienen dificultades para emerger en la escena política, la fuerza de las organizaciones sindicales sigue siendo una baza muy importante. Han jugado un papel determinante en la caída de la dictadura militar y la llegada de la democracia.

El resultado de las elecciones puede ser considerado como un punto positivo que permite la expulsión del poder de una camarilla corrupta que ha dejado hacer a los matones de Boko Haram. Se abre pues una nueva situación política y podría ser propicia a la emergencia de una fuerza política progresista.

27/04/215

http://www.npa2009.org/idees/nigeria-nouvelle-situation

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR



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